“El infierno está vacío y todos los demonios están aquí” –William Shakespeare, La tempestad.
Había vivido ya casi la mitad de mi vida en aquel pequeño pueblo que les gustaba llamar Port Hadlock. Con 3,476 personas en todo el pueblo, el sueño se convirtió en pesadilla. Pero nada era tan extraño ahí, todos se conocían y casi ningún turista se acercaba a visitarnos. Todo esto cambio la noche que una extraña familia se mudo a una antigua casa al otro lado de la calle, el ruido me despertó de mis sueños más profundos. Salí a ver por mi ventana que era lo que pasaba, al igual que todos los vecinos, pero a diferencia de ellos, a mi no me parecía nada divertido que haya una nueva familia en el pueblo. Este sería solo una escusa para que todos se volvieran locos. Me volví a mi cama la cual ya estaba ocupada por mi peludo amigo felino, Chris. El gato me lo regaló mi abuelo, Carl, un ex-veterano que quedo en silla de ruedas después de pasar la mitad de su vida en la guerra, el primer día que llegué aquí, era algo así como una especie de broma para él, ya que donde vivía antes, no podía tener gatos, pues mi padre era alérgico. Entonces mi abuelo junto a todas sus exentridades, me trajo el gato con la idea de que este llevaba el alma de mi recién difunto padre, y realmente lo creía. Se sentaba horas a hablar con el tonto gato. Pero para mí solo era eso, un tonto gato que nunca me hacía caso. Volví a dormir hasta el día siguiente, cuando un delicioso aroma a panqueques recién hechos me despertara.
-Buenos días-saludé a mi madre y a mi abuelo que descansaba en su silla de ruedas.
-¿Cuantos panqueques quieres?-preguntó mi madre inocente, mientras yo pensaba en lo que había pasado anoche, no estaba completamente si era verdad o si me lo había soñado-¿Sam?-me despertó de mis pensamientos la dulce voz de mi madre.
-¿Eh?-le dije recobrando el sentido.
-¿Cuántos quieres?-volvió a preguntar.
-Tres, por favor…
-Agg, estos nuevos vecinos…-se quejó mi abuelo mirando por la ventana.
-¿Qué pasa con ellos papá?-preguntó mi madre.
-Son unos desubicados, eso pasa-dije yo mientras me metía un panqueque a la boca.
-Eso es lo de último…-Carl susurró con los ojos en la ventana.
-¿Los conoces papá?-volvió a preguntar mi madre sirviendo otros panqueques en un plato sobre la mesa.
-No, pero te aseguro que son los mismos-afirmó. Carl estaba tan viejo que apenas podía distinguir la cena del almuerzo, y por lo general, todo lo que nos decía era alguna locura que se le ocurría ese momento. No le hacíamos mucho caso por eso. El desayuno termino siendo bastante agradable, porque me encantan los panqueques de mi madre.
A pocos días de que las clases empezaran mis amigas querían ir de compras al único mall que había en el pueblo. Era un poco tonta la idea de comprar ropa nueva para el inicio de clases, con el propósito de ellas, nunca había nadie nuevo ni interesante a quien impresionar. Pero yo solo las iba a acompañar.
-Hey, Sammy, ¿te gusta este?-me preguntó Bridghet mostrándome un pantalón que había encontrado debajo de toda una pila de pantalones horrorosos.
-Mmhh…-negué con la cabeza con un poco de repulsión por el pantalón que me mostraba.
-Sí, ya sé….-se quejó-¿Encontraste algo, Rayley?
-¿Te gusta?-sonrío sosteniendo una camisa a cuadros.
-Eeh…-Bridghet ladeó la cabeza y me miró luego.
-No me encanta…-le dije tratando de que los ojos se mantuvieran abiertos.
-... ¿Qué tal tus nuevos vecinos, ya los conociste?-me preguntó Rayley sentándose junto a mí, con una sonrisa muy particular en ella, casi tan grande como su rostro le permitía.
-Nope-bostecé cansada.
-El señor trabaja en la comisaría-nos informó Bridghet.
-Mmhh, policía-susurró Rayley con una pequeña risita picara.
-Y es muy sexy, tenías que verlo cuando llegó a la comisaría esta mañana, era… Oh…-suspiró pesado-perfecto-cayó sentada en el asiento junto a mí.
-¿No es muy viejo?-rió Rayley
-Sí, ya sé, pero… igual, ¡es muy lindo! No vas a entender si no lo ves.
-¿Tiene esposa?-pregunté yo tratando de recordar cuantas personas había visto entrar a la casa la noche anterior.
-Sí, tiene una esposa y un hijo y una hija. Los cuales no conocí todavía. Y él chico sería la razón de mis compras este día-se paró Bridghet hacia los vestidos.
-Eres muy ridícula-me quejé en broma.
-¡Es algo nuevo! Y lo agradecerás después-dijo Bridghet sacudiendo su corta melena rubia y enrulada que caía sobre sus hombros delicadamente como un poco de seda.
-No creo que eso sea posible-refuté entre risas.
Llegué a mi casa con sorpresivamente dos bolsas, en una guardaba la mitad de un frapuccino casi frio, y en la otra estaba una blusa de manga larga que me había comprado para que Rayley se quedara tranquila de que este año comenzaría las clases usando algo nuevo. Era linda, de un color amarillo que contrastaba de buen modo con mi piel ligeramente aurora. Estaba en mi cuarto viendo con que me podría poner esa linda manga larga, estaba entre unos jeans casi negros o unos azules. Estaba bastante concentrada en aquel típico día color perla en Port Hadlock, mirándome en el espejo como nunca lo hacía, y fue ahí cuando vi salir por la ventana disparado a mi tonto gato, corrí para tratar de detenerlo, pero el gato ya estaba cruzando la calle, desesperado persiguiendo a alguna clase de conejo, o algo así. Suspiré y baje las gradas corriendo.
-¿Todo bien Sammy?-me preguntó mi madre con su dulce voz, pero no tuve tiempo de responderle, solo corrí a la puerta de entrada, seguía muy concentrada con la mirada a mi tonto gato, tan concentrada que apenas me di cuenta que crucé toda la calle. Crucé hasta llegar a los pies de un desconocido, un desconocido que mi gato encontró bastante acogedor. Empecé a enderezarme siguiendo mis ojos desde su par de converse hasta su impresionantemente perfecto rostro. Me quedé sin palabras, en una distancia bastante razonable y con los ojos abiertos como platos.
-¿Quién es este amiguito?-dijo con una voz que me dejo aún más sin nada que decir. Su voz era tan melodiosa y perfecta que me apenaba que escuchara la mía y que todo el sonido de su voz que seguía flotando en el aire se despedazara con mi áspera voz-¿Es tuyo?-preguntó una vez más inclinado acariciando a mi peludo amigo. Yo solo asentí con la cabeza sin poder quitarle los ojos de enzima. Tenía ese par de ojos dorados, los cuales podía ver brillar aún si estar mirándome, la sonrisa que tenía ligeramente dibujada en su extremadamente pálido rostro, era simplemente adorable, dejando visible solo un poco de su blanca dentadura. Agarró mi gato en sus brazos, los cuales atreves de la camisa que llevaba puesta se veían bastante trabajados, él solo acariciaba a Chris con sus largos y pálidos dedos, mientras yo le miraba sin poder decir nada-es muy lindo-dijo de nuevo, pero cada que hablaba se me hacía más difícil hablar a mí. Pero esta vez fue peor, porque sus ojos se quedaron en mí.
-Sí, lo es…-mi voz sonaba temblorosa y más débil de lo que realmente había esperado.
-¿Qué raza es?-preguntó de nuevo con un poco de interés y algo adentro mío se derritió involuntariamente.
-Maine Coon-le dije pero esta vez mi voz sonó mucho más fuerte y menos temblorosa.
-Oh…-suspiró y me devolvió el gato, los nervios repentinos me tomaron por sorpresa, no podía hacer nada más que asentir con la cabeza y sonreír nerviosa-¿vas a este colegio?-me preguntó sin quitar los ojos de mí. Yo solo asentí de Nuevo-Entonces creo que nos veremos ahí-esta vez sonrío sin mostrar sus dientes, pero igual de adorable.
-Oh, pero… sos mayor que yo… ¿no?-tartamudeaba involuntariamente-No vamos a tener las mismas clases…-le expliqué tratando de dejar el tartamudeo y de apartar la mirada de él, pero era muy difícil, el enarco las cejas haciendo su confusión lo más hermoso de ese día.
-Pensé que estabas en tercero… ¿me equivoco?-me sorprendió que supiera a que grado iba.
-Claro… claro…-dije mirando ahora yo confundida-¿Estas vos en tercero?-le pregunté y una risa grave, y divertida salió de sus labios.
-No-dijo mirando al piso con las manos en los bolsillos de su jean al parecer un poco avergonzado, pero me costaba mucho comprender la perfección que venía en cada facción de su rostro blanco y con aspecto mucho mayor, pero no en el sentido de ser viejo, si no que parecía ser… maduro, algo muy difícil de encontrar en Port Hadlock-Pero creo que tenemos unas clases juntos.
-Entonces, creo… que nos vemos en el colegio-tartamudeé un poco y después sonreí despidiéndome de él.
-Fue un placer conocerte… Samantha-pronunció mi nombre con tal delicadeza que cualquiera podría jurar que recitaba algún antiguo verso de Shakespeare.
-En realidad es solo Sam-le corregí tratando de no sonar mal educada e ignorando de cómo sabía mi nombre.
-Bueno, Sam-repitió y después sonrío adorable. Camine despacio alejándome de él, pero podía aún sentir su mirada sobre mí. Quise comprobar viendo arriba de mi hombro, pero mi flequillo no me lo dejó. Lo ignorarlo y seguí mi caminata hacia mi casa cruzando la calle. En el porche se encontraba entrecerrando los ojos y mirándome fijamente, mi abuelo. Le sonreí y deje ir a Chris una vez ya en la puerta.
-Chris se escapó-le comenté.
-¿Qué hacías hablando con él chico Applewhite?
-Nada, solo que Chris corrió hacia ese lado de la calle… ni siquiera se su nombre-le dije con toda la sinceridad del mundo.
-Trata de que se quede así, ¿Ok, Sammy?-me hizo prometerle, lo que respondí con una sonrisa pero no comprendía cual era su locura por qué no conociera al increíblemente hermoso vecino de enfrente.

abuelo locooo
ResponderEliminar"dos bolsas, en una guardaba la mitad de un frapuccino casi frio,"
Frapuccino: Bebida fria.