El fin de semana antes de entrar a clases de nuevo, fue largo y aburrido, principalmente porque casi todos mis amigos decidieron ir a la playa todo el fin de semana, pero yo no podía dejar a mi madre y a Carl solos. Además sentía tanta intriga de saber cuál era su nombre, a pesar de que con el pasar de los días encontré su actitud un poco arrogante, hasta totalmente descartarlo de mi lista de intereses, obviamente encabezada y protagonizada por él. La mañana del lunes azotó mi ventana y con él un sueño que me dejo aterrada, pero tan pronto abrí mis ojos, no recordaba por qué. Decidí tomármelo con calma, y vestirme para mi primer día de clases. El sol esa mañana nunca decidió salir, lo que era normal en esa zona. En cualquier momento llovería, eso era seguro así que cuando estuve lista, con el cabello amarrado en un rodete, me dirigí directo a la puerta de entrada con la casaca en el brazo.
-¿No vas a tomar desayuno, Sam?-preguntó mi madre al verme salir disparada.
-No, estoy bien mamá- le aseguré.
-Por lo menos una manzana, ¿Sí?-me volví a la cocina, recogí la manzana, sonreí y me despedí de Carl junto con mi madre, ambos me desearon suerte mientras corría por la puerta. El camino hacia el colegio no era más de dos minutos a pie, pero todos preferían ir en auto. Todos excepto yo tenían uno, lo que no me molestaba en absoluto ya que en ese pequeño pueblo no se necesitaba un auto. Iba caminando tranquila pensando que profesores me tocarían este año, cuando un Nissan Murano pasó a mi lado. Un auto demasiado rápido y grande para este pequeño pueblo. Me quede boquiabierta cuando vi que se dirigía al colegio y supuse que el auto le pertenecía a los Applewhite. Llegué al colegio cuando la campana estaba ya tocando. Entre a la oficina para que me dieran mi horario, la dulce señora que atendía siempre era buena conmigo, pero lamentablemente nunca recordaba su nombre ni ella el mío.
-Samantha Green-le dije removiendo el flequillo de mi rostro.
-Aquí tienes, querida.
-Gracias-le sonreí tratando de ser amable y salí directo a mi primera clase, Física, la cual compartía con Bridghet y como de costumbre nos sentamos juntas, sabía que el primer día sería como todos, cada uno se pararía y diría su nombre… a pesar de que todos nos conocíamos mejor que nadie. Estaba en mi mundo cuando me llegó el momento de presentarme.
-Soy Samantha Green…-mi mente estaba tan fuera del aula que mi voz sonó por demás monótona. Pensaba sin querer en los ojos del chico Applewhite, mientras trataba de ponerle nombre, ningún nombre era lo suficiente para lo que él era.
-¿Entonces, ya lo viste?-me preguntó en un susurro Bridghet.
-¿A quién?
-A tu vecino. Es realmente lindo-me dijo sonriendo-Es una pena que tenga novia… o lo que sea que sea ella.
-¿Quién?-le pregunté casi celosa.
-Pauline-el nombre de la supuesta novia salió de los labios mi amiga con lentitud, lo que me hizo repentinamente imaginarme que tan linda debía ser para que este con él.
-¿Pauline?-repetí.
-NO-me corrigió-se dice “P-O-L-I-N” es francés. Y ella es muy linda, ¿en serio no la viste?
-No-sacudí mi cabeza y me sentí decepcionada, por alguna razón que simplemente no comprendí. Pasaron las horas, y en lo único que pensaba era en por qué me deprimía tanto por un chico que ni siquiera conocía, un chico que ni su nombre sabía. Llegó la hora del almuerzo y yo iba de camino al comedor, la voz de uno de mis amigos me distrajo.
-¡Hey, Sam!-me volteé y vi los ojos grises de Ernest acercarse a mí.
-¡Hey!-me emocionaba tanto verle de nuevo, era muy bueno conmigo y realmente le consideraba un buen amigo después de tantos años juntos.
-¿Almorzamos?-me preguntó sonriente-Tengo muchísimas cosas que contarte…-me sonrío, sacándome las palabras de la boca.
-¡Yo igual!-sonreí mientras le veía alejarse. Entré a la cafetería ya menos preocupada, con mi horario en una mano, y mi bandeja de almuerzo vacía en la otra.
-Hola vecina-su voz me dejo paralizada, esta tan cerca que era difícil procesar todo con tanta rapidez.
-Hola-trataba de no sonar tan interesada por hablar con él, como realmente estaba.
-¿Ese es tu horario?-la segunda vez que hablo se paro juntó a mí para seguir la línea del almuerzo, fue entonces cuando percibí un olor bastante extraño, no era feo, pero era extraño, arrugue mi nariz y le miré descubriendo que se encontraba haciendo exactamente lo mismo pero miraba a todos lados tratando de descubrir que era. Llegué a la conclusión de que ambos habíamos olido lo mismo, alguna comida de aquella cocina rancia frente de nosotros.
-Sí…-respondí finalmente-Mi horario, ¿Por qué?
-Parece que tenemos Literatura a la misma hora-me miró sonriente, y tal vez ojos seductores desde mi perspectiva, pensé un segundo lo que estaba pasando, mientras contemplaba totalmente petrificada su mirada.
-No sé ni siquiera cómo te llamas-le dije negando con la cabeza y la voz de Rayley interrumpió el momento.
-Sam… ¿vas a venir…?-sonaba temerosa, y un poco tímida. Dos de las cosas que Rayley no era.
-Sí, voy detrás de vos-le dije sin quitar los ojos del chico Applewhite, quien con una sonrisa me despidió, y camine detrás de mi amiga. Terminamos de comer entre risas y fue bastante divertido, hasta el momento en el que Bridghet resaltó con una risita.
-Hey, Sammy, tu nuevo vecino no te quita la mirada de enzima-rió despacito, y me volteé para ver a qué se refería. Él estaba sentado en una mesa junto a una muy hermosa rubia de rulos perfectos, desde donde estaba sus ojos eran casi o igual de hermosos que los del chico Applewhite. Ella parecía enojada, molesta por algo, pero él no quitaba la mirada de nuestra mesa. El timbre nos aturdió y nos levantamos para dirigirnos a clases. A ninguno de mis amigos les tocaba la misma clase en ese momento porque yo tomaba Literatura avanzada, lo que me dejaba totalmente sola con él.
Llegué al aula arrastrando mi bolso hasta un asiento al fondo de la clase. Todos empezaron a llegar, y pronto el asiento junto a mí quedó vacío. Una parte de mí quería que el momento en el que el chico Applewhite pasara por la puerta, no dudara en sentarse junto a mí, pero cuando descubrí que eso sería totalmente imposible, me hundí en mis brazos cruzados sobre el pupitre. Escuche llegar a la profesora, y con ella a la persona que se sentó en el lugar, estaba tan segura de que no sería él que ni siquiera me molesté en mirar.
-Hola chicos ¿Qué tal las vacaciones?-preguntó la profesora sentándose en su silla-Oh, pero que tenemos aquí, me equivoco o ¿hay un nuevo alumno?-rió coqueta, y adiviné que hablaba de él-¿Cuál es tu nombre?-preguntó con un tono divertido.
-Jared Applewhite-su voz resonó en mi oído derecho, musical y suave, como una canción de cuna.
-Jared… Jared….-repitió la señora Underwood, dio un suspiro pesado y se dirigió a mí-¿Sammy, pasa algo?-me levanté de golpe, y sonreí sacudiendo la cabeza. Le escuché reír entre dientes junto a mí-Bueno, entonces, Jared, cuéntanos sobre ti… ¿De dónde vienes?-preguntó con un poco de coqueteo en su tono de voz.
-Viajo mucho con mi familia, nos gusta estar en constante movimiento. La última vez estuve justo aquí en Seattle-dijo con mucha naturalidad, la cual hizo suspirar a todas, incluyendo a la profesora y a mí.
-Entonces debes conocer mucha gente-afirmó la señora Underwood, poniendo su cara sobre sus manos en la mesa, dejando al descubierto una sonrisa que revelaba todas sus marcas de edad bien pronunciadas en los bordes de su rostro.
-Sí-dijo un poco avergonzado, a pesar de que su tez perfectamente blanca no se hubiera enrojecido, su tono de voz era tembloroso pero aún musical. La profesora suspiró y empezó a rebuscar entre sus papeles, lo que llevo a la clase a ponerse a conversar. Casi nunca pasábamos clases en esa clase, así que me parecía el momento perfecto para hablar con Jared. Me volví hacía él, sosteniendo con una mano mi cabeza, pero su perfección era intimidante, lo que hacía que se me hicieses difícil hablar con él.
-No viviste siempre aquí, ¿no?-me preguntó tan fuerte como si estuviese hablando conmigo, pero no estaba segura, pues su mirada estaba muy concentrada en algún lugar de la pizarra.
-No-le respondí temerosa de que no me estuviese hablando a mí.
-¿Hacía más calor donde vivías antes?-volvió a preguntar pero esta vez me miró.
-No, al contrario hacía mucho más frío-sonreí un poco tímida, y él rió. Estuvimos un momento en silencio. En silencio bajo toda la bulla de la clase. Él solo me miraba, y sentía que algo le molestaba, no fue hasta que una dulce brisita entro por alguna ventana que me di cuenta que era lo que le molestaba, ese extraño olor estaba ahí de nuevo. Es difícil de describir a que era, no era feo en absoluto, pero llegaba a ser molesto, empalagoso. Arrugué la nariz, y descubrí que él hacía lo mismo, me reí despacio, y empecé a buscar de donde podría venir el olor. Cuando volví mi mirada hacia él, Jared se tapaba la boca y la nariz con una mano y su mirada me hizo pensar que era yo la del olor. Con pequeño disimulo moví mi cabeza dejando caer mi flequillo y lo olí. Era totalmente normal, olía a manzanas, como mí shampoo, de igual modo me sentí mal, y no le miré más. La clase paso muy lenta, y yo me la pase escondida debajo de mi flequillo.
-¿No vas a tomar desayuno, Sam?-preguntó mi madre al verme salir disparada.
-No, estoy bien mamá- le aseguré.
-Por lo menos una manzana, ¿Sí?-me volví a la cocina, recogí la manzana, sonreí y me despedí de Carl junto con mi madre, ambos me desearon suerte mientras corría por la puerta. El camino hacia el colegio no era más de dos minutos a pie, pero todos preferían ir en auto. Todos excepto yo tenían uno, lo que no me molestaba en absoluto ya que en ese pequeño pueblo no se necesitaba un auto. Iba caminando tranquila pensando que profesores me tocarían este año, cuando un Nissan Murano pasó a mi lado. Un auto demasiado rápido y grande para este pequeño pueblo. Me quede boquiabierta cuando vi que se dirigía al colegio y supuse que el auto le pertenecía a los Applewhite. Llegué al colegio cuando la campana estaba ya tocando. Entre a la oficina para que me dieran mi horario, la dulce señora que atendía siempre era buena conmigo, pero lamentablemente nunca recordaba su nombre ni ella el mío.
-Samantha Green-le dije removiendo el flequillo de mi rostro.
-Aquí tienes, querida.
-Gracias-le sonreí tratando de ser amable y salí directo a mi primera clase, Física, la cual compartía con Bridghet y como de costumbre nos sentamos juntas, sabía que el primer día sería como todos, cada uno se pararía y diría su nombre… a pesar de que todos nos conocíamos mejor que nadie. Estaba en mi mundo cuando me llegó el momento de presentarme.
-Soy Samantha Green…-mi mente estaba tan fuera del aula que mi voz sonó por demás monótona. Pensaba sin querer en los ojos del chico Applewhite, mientras trataba de ponerle nombre, ningún nombre era lo suficiente para lo que él era.
-¿Entonces, ya lo viste?-me preguntó en un susurro Bridghet.
-¿A quién?
-A tu vecino. Es realmente lindo-me dijo sonriendo-Es una pena que tenga novia… o lo que sea que sea ella.
-¿Quién?-le pregunté casi celosa.
-Pauline-el nombre de la supuesta novia salió de los labios mi amiga con lentitud, lo que me hizo repentinamente imaginarme que tan linda debía ser para que este con él.
-¿Pauline?-repetí.
-NO-me corrigió-se dice “P-O-L-I-N” es francés. Y ella es muy linda, ¿en serio no la viste?
-No-sacudí mi cabeza y me sentí decepcionada, por alguna razón que simplemente no comprendí. Pasaron las horas, y en lo único que pensaba era en por qué me deprimía tanto por un chico que ni siquiera conocía, un chico que ni su nombre sabía. Llegó la hora del almuerzo y yo iba de camino al comedor, la voz de uno de mis amigos me distrajo.
-¡Hey, Sam!-me volteé y vi los ojos grises de Ernest acercarse a mí.
-¡Hey!-me emocionaba tanto verle de nuevo, era muy bueno conmigo y realmente le consideraba un buen amigo después de tantos años juntos.
-¿Almorzamos?-me preguntó sonriente-Tengo muchísimas cosas que contarte…-me sonrío, sacándome las palabras de la boca.
-¡Yo igual!-sonreí mientras le veía alejarse. Entré a la cafetería ya menos preocupada, con mi horario en una mano, y mi bandeja de almuerzo vacía en la otra.
-Hola vecina-su voz me dejo paralizada, esta tan cerca que era difícil procesar todo con tanta rapidez.
-Hola-trataba de no sonar tan interesada por hablar con él, como realmente estaba.
-¿Ese es tu horario?-la segunda vez que hablo se paro juntó a mí para seguir la línea del almuerzo, fue entonces cuando percibí un olor bastante extraño, no era feo, pero era extraño, arrugue mi nariz y le miré descubriendo que se encontraba haciendo exactamente lo mismo pero miraba a todos lados tratando de descubrir que era. Llegué a la conclusión de que ambos habíamos olido lo mismo, alguna comida de aquella cocina rancia frente de nosotros.
-Sí…-respondí finalmente-Mi horario, ¿Por qué?
-Parece que tenemos Literatura a la misma hora-me miró sonriente, y tal vez ojos seductores desde mi perspectiva, pensé un segundo lo que estaba pasando, mientras contemplaba totalmente petrificada su mirada.
-No sé ni siquiera cómo te llamas-le dije negando con la cabeza y la voz de Rayley interrumpió el momento.
-Sam… ¿vas a venir…?-sonaba temerosa, y un poco tímida. Dos de las cosas que Rayley no era.
-Sí, voy detrás de vos-le dije sin quitar los ojos del chico Applewhite, quien con una sonrisa me despidió, y camine detrás de mi amiga. Terminamos de comer entre risas y fue bastante divertido, hasta el momento en el que Bridghet resaltó con una risita.
-Hey, Sammy, tu nuevo vecino no te quita la mirada de enzima-rió despacito, y me volteé para ver a qué se refería. Él estaba sentado en una mesa junto a una muy hermosa rubia de rulos perfectos, desde donde estaba sus ojos eran casi o igual de hermosos que los del chico Applewhite. Ella parecía enojada, molesta por algo, pero él no quitaba la mirada de nuestra mesa. El timbre nos aturdió y nos levantamos para dirigirnos a clases. A ninguno de mis amigos les tocaba la misma clase en ese momento porque yo tomaba Literatura avanzada, lo que me dejaba totalmente sola con él.
Llegué al aula arrastrando mi bolso hasta un asiento al fondo de la clase. Todos empezaron a llegar, y pronto el asiento junto a mí quedó vacío. Una parte de mí quería que el momento en el que el chico Applewhite pasara por la puerta, no dudara en sentarse junto a mí, pero cuando descubrí que eso sería totalmente imposible, me hundí en mis brazos cruzados sobre el pupitre. Escuche llegar a la profesora, y con ella a la persona que se sentó en el lugar, estaba tan segura de que no sería él que ni siquiera me molesté en mirar.
-Hola chicos ¿Qué tal las vacaciones?-preguntó la profesora sentándose en su silla-Oh, pero que tenemos aquí, me equivoco o ¿hay un nuevo alumno?-rió coqueta, y adiviné que hablaba de él-¿Cuál es tu nombre?-preguntó con un tono divertido.
-Jared Applewhite-su voz resonó en mi oído derecho, musical y suave, como una canción de cuna.
-Jared… Jared….-repitió la señora Underwood, dio un suspiro pesado y se dirigió a mí-¿Sammy, pasa algo?-me levanté de golpe, y sonreí sacudiendo la cabeza. Le escuché reír entre dientes junto a mí-Bueno, entonces, Jared, cuéntanos sobre ti… ¿De dónde vienes?-preguntó con un poco de coqueteo en su tono de voz.
-Viajo mucho con mi familia, nos gusta estar en constante movimiento. La última vez estuve justo aquí en Seattle-dijo con mucha naturalidad, la cual hizo suspirar a todas, incluyendo a la profesora y a mí.
-Entonces debes conocer mucha gente-afirmó la señora Underwood, poniendo su cara sobre sus manos en la mesa, dejando al descubierto una sonrisa que revelaba todas sus marcas de edad bien pronunciadas en los bordes de su rostro.
-Sí-dijo un poco avergonzado, a pesar de que su tez perfectamente blanca no se hubiera enrojecido, su tono de voz era tembloroso pero aún musical. La profesora suspiró y empezó a rebuscar entre sus papeles, lo que llevo a la clase a ponerse a conversar. Casi nunca pasábamos clases en esa clase, así que me parecía el momento perfecto para hablar con Jared. Me volví hacía él, sosteniendo con una mano mi cabeza, pero su perfección era intimidante, lo que hacía que se me hicieses difícil hablar con él.
-No viviste siempre aquí, ¿no?-me preguntó tan fuerte como si estuviese hablando conmigo, pero no estaba segura, pues su mirada estaba muy concentrada en algún lugar de la pizarra.
-No-le respondí temerosa de que no me estuviese hablando a mí.
-¿Hacía más calor donde vivías antes?-volvió a preguntar pero esta vez me miró.
-No, al contrario hacía mucho más frío-sonreí un poco tímida, y él rió. Estuvimos un momento en silencio. En silencio bajo toda la bulla de la clase. Él solo me miraba, y sentía que algo le molestaba, no fue hasta que una dulce brisita entro por alguna ventana que me di cuenta que era lo que le molestaba, ese extraño olor estaba ahí de nuevo. Es difícil de describir a que era, no era feo en absoluto, pero llegaba a ser molesto, empalagoso. Arrugué la nariz, y descubrí que él hacía lo mismo, me reí despacio, y empecé a buscar de donde podría venir el olor. Cuando volví mi mirada hacia él, Jared se tapaba la boca y la nariz con una mano y su mirada me hizo pensar que era yo la del olor. Con pequeño disimulo moví mi cabeza dejando caer mi flequillo y lo olí. Era totalmente normal, olía a manzanas, como mí shampoo, de igual modo me sentí mal, y no le miré más. La clase paso muy lenta, y yo me la pase escondida debajo de mi flequillo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario