Todos estaban muy emocionados por la fiesta el viernes, los días eran soleados y eso indicaba que no haría tanto frío, todos hablaban y planeaban emocionados cosas para la fiesta, todos menos yo. Temía tanto enfrentarle, sabiendo que su completo ser era tan irresistible para mí. Cada día hasta el jueves fue soleado, algo muy poco común en Port Hadlock pero muy oportuno a que gracias a eso, no le iba a ver hasta probablemente la fiesta... en la noche. Yo no le veía pero estaba bastante segura que él me miraba desde alguna ventana en su casa a la altura de la ventana de mi cuarto. El jueves llego con una pequeña llovizna, respiré hondo el pesado y húmedo aire matutino. Me aliste lo más lento que pude, la verdad tenía todas las intenciones de llegar tarde y que no me dejaran entrar a clases. Pero no sirvió de nada caminar lento por la calle, decidieron dar tolerancia a todos los que llegaban tarde por la lluvia. Las primeras clases me la pase sin decir nada, a pesar de que mis amigas hablaban y hablaban no me sentía muy bien como para hablar. Además de estar nerviosa, estaba un poco mareada y sentía que iba a vomitar. Todo esto se intensificó cuando llegamos a la puerta de la cafetería.
-¿Sam? ¿Te sentís bien?-me preguntó Ernest que fue el único que tuvo la suficiente delicadeza como para darse cuenta. Yo solo negué con la cabeza, y tragué un poco de saliva, no quería entrar a la cafetería.
-Deberías ir a la enfermería…-me sugirió preocupado.
-O al baño-la voz de Rayley llevaba un poco de repulsión en ella.
-Sí…-dije ladeando la cabeza, dirigiéndome al otro lado. Una vez bastante alejada de la cafetería sentí como mi cara volvía a tener color, no comí nada. Esperé a que el timbre tocara, esperando que antes algo pasara, así no tendríamos que pasar clases, cualquier cosa podría servir, un incendio pequeño, un meteorito en la clase de Literatura, cualquier cosa pero el timbre sonó y nada había cambiado. Camine lento a la clase, y una vez más, no sirvió de nada. Me senté en mi lugar y su mirada ya estaba sobre mí. La profesora no hablaba, solo se quedó sentada en su asiento.
-Hey…-su musical voz sonó bastante cerca a pesar de que no lo estaba.
-Hey…-Mi voz demasiado ronca y asustada que tembló antes de terminar de hablar.
-No almorzaste hoy…-me acusó con un poco de curiosidad.
-No tengo hambre-le dije más cortante de lo que realmente quería.
-No deberías saltarte las comidas-volvió a susurrar pero esta vez no sentía su mirada sobre mí.
-¿Por qué te interesa tanto?-le volví a preguntar cortante.
-No me importa-dijo molesto-Vos no me importas-dijo del mismo modo.
-Vos no me importas tampoco-le dije y era totalmente mentira, su mirada estuvo sobre mí unos segundos más.
-Eso es bastante inteligente de tu parte-Trataba con todas mis fuerzas no mirarle, el miedo era más grande que cualquiera de mis emociones.
-Lo sé-cada que hablaba mi voz se hacía más débil.
-Entonces sabes que soy…
-Te dije que sabía, ¿no te acordás?
-Pero ahora tenés miedo-me descubrió y finalmente le miré.
-No te tengo miedo a vos-mentí descaradamente-Si no a lo que podes llegar a ser-su mirada se fue de mis ojos, y miró sus manos sobre la mesa.
-No te lastimaría, no me dejaría a mí mismo hacerte eso-su voz sonaba débil pero era lo bastante consistente como para que yo le entendiera.
-¿Podrías?-susurre sabiendo que me escuchaba y él asintió con la cabeza.
-Podría, ahora mismo, con todos aquí. Podría. Pero no lo voy a hacer.
-¿Sos un buen vampiro?-reí y él me miró sorprendido, creo que no sabía que yo realmente sabía-No sabía que eso era posible-me reí de nuevo por su expresión.
-Soy…vegetariano-volvió los ojos en blanco y río adorable, hubo un silencio entre nosotros el cual él rompió unos segundos más adelante-¿Seguís con miedo?-me preguntó sonriendo y asentí tímida con la cabeza.
-Pero de todas formas… me gustas-le dije pero escondía mi mirada de la suya.
El timbre tocó mucho antes de lo que esperaba, y la clase resulto no ser tan mala. Fui a gimnasia con pocas ganas, y como la clase anterior me había faltado, me hicieron hacer el doble de cosas que a mis compañeras, pero no había problema porque no me cansaba.
Salimos de clases y volví a mi casa, e inesperadamente Jared se ofreció a acompañarme. No entendía cual era su punto acercándose a mí todo el tiempo, si al final no podíamos ser amigos.
-¿Vas a ir a la fiesta mañana por la noche?-me preguntó esperanzado.
-Tal vez… No sé…
-Sería genial que fueras-me dijo sonriendo al tiempo que casi llegábamos a la acera frente a mi casa. Nos miramos unos segundos eternos, mi mirada tenía tantas preguntas sin respuesta que no sabía que decirle, la suya por otro lado tenía un toque de picardía, casi como si estuviera escuchando mis pensamientos y no quisiera responder ninguna de mis preguntas, pero era tan perfecto en aquella suave obscuridad de aquel día nublado, quería quedarme mirándole por siempre.
-¿Querés entrar?-le ofrecí olvidando por completo a mi abuelo y sus palabras. Jared miró por arriba mío, hacia mi casa y me sonrío.
-No quiero meterte en problemas-Me di vuelta, y mi abuelo estaba sentado en el porche, mirándonos con ojos enojados.
-Claro…-suspiré y luego le sonreí.
-Te voy a visitar en la noche-sonrió.
-En la noche voy a estar dormida-bromeé.
-De todos modos…-sonrió una última vez y caminó hacia su lado de la calle, lo miré hasta que entro a su casa a paso lento y despreocupado. Me di vuelta y Carl se encontraba con expresión enojada.
-Hola-le saludé pasando junto a él.
-te dije que no hables con él-su voz sonaba enojada y sus ojos no me miraban.
-Solo me quiso acompañara para que caminara sola… por lo de los ataques.
-Pero estoy segura de que él sabe más sobre eso que cualquiera…-negó la cabeza con decepción-Tu sabes, y tienes que alejarte de él-su tono era más fuerte de lo que jamás me había hablado.
-somos amigos…-susurré y Carl se exaltó.
-¡¿Amigos?!-ahora gritaba. Y no sabía qué hacer.
-¿Qué pasó?-mi madre salió alarmada al porche.
-Nada-estaba tan enojada, que le di una última mirada a mi abuelo y salí de ahí. Una vez en mi cuarto me puse a hacer tarea hasta que la noche llego junto un poco de brisita, dejé la ventana abierta por qué no se me ocurría otra forma la cual él me visitara. Se estaba haciendo tarde, y mi madre me llamó a comer, no tenía hambre a pesar de que casi no había comido en todo el día. Solo me bañé y cepille los dientes, estando casi lista para dormir. Volví a mi cuarto y él estaba sentado en la silla de mi escritorio, con el cabello dorado opaco todo despeinado y la sonrisa perfecta.
-Pensé que no ibas a venir-le dije sonriendo como él pero menos perfecta.
-Yo también-rió-te puse en un pequeño lío ahora en la tarde-se pasó los dedos por su cabello.
-No te preocupes-me senté al borde de mi cama a la espera de que su voz rompiera el silencio de nuevo, él me inspeccionó de arriba abajo, sonriendo al darse cuenta que llevaba pijamas.
-Me gusta…-dijo sonriendo sin terminar.
-Jah, Jah-le repuse haciendo una mueca disgustada.
-De verdad-sonrió con regocijo.
-¿Por qué mi abuelo te tiene tanta rabia?-le pregunté sin esperar una respuesta.
-Ya habíamos visto a tu abuelo la última vez que vinimos…-miraba como mis dedos jugaban nerviosos.
-¿El sabe…?-no respondió con palabras pero su sonrisa preocupada me lo dijo todo-es el… un ¿lobo?-mi pregunta me sonaba estúpida pero él me la respondió sin muchas vueltas.
-No… por eso vos sí-su respuesta me dejo totalmente tensa, le miré con ojos preocupados y no dije nada en muchos minutos. Dejé salir mucho aire y sentí su helada piel tocando con delicadeza una de mis mejillas, hasta llegar a mi mentón el cual levantó para mirar mis ojos-perdón-se disculpó al ver la reacción que había causado.
-¿Cómo podes estar seguro de eso?-le pregunté con los ojos casi llorosos él se acercó despacio a mi cuello y dejó un beso inesperado, a pesar de lo fríos y duros que eran sus labios, ese insignificante beso me hizo volar.
-No me dan ganas de beber tu sangre… y aún así sos irresistible para mí-sus ojos estaban más cerca de mí de lo que jamás habían estado-tengo una parte de mí que…-su voz se apagó y vaciló un momento-…que quiere matarte, no por tu sangre. Porque somos dos seres que no se supone tienen que vivir juntos, o al menos tan cerca como vos y… yo-volví a tomar aire evitando temblar-Pero ignoro esa parte de mí, y…-sacudió la cabeza alejándose de mí despacio con una sonrisa-…y sos perfecta-sus palabras me hicieron temblar un par de segundos.
-No soy perfecta-reí dejando salir más aire que alegría.
-A mis ojos, sí-sus palabras eran tan confiadas y seguras de sí mismas que no tenía por qué dudar de él. Me recosté sobre mi cama dejando el espacio suficiente para que él se echara si quería, hubo silencio antes de que yo hablara.
-¿Quién te hizo vampiro?-le pregunté-¿Cómo pasó eso?-sonaba menos asustada al hecho de estar preguntando eso de lo que realmente estaba-¿Hace cuanto?-De repente lo sentí sentarse junto a mí, mirándome, desde un lado de la cama a la altura de mi mesa de noche.
-En el año 1616, Londres era…-suspiró-…hermoso, tenía una buena vida. Pero… las epidemias y las muertes eran algo muy normal. Tan normal que mis padres murieron, y unos años antes de que me conviertan, Pauline había muerto también-tragó saliva frustrado-No sabemos quien convirtió a Pauline, pero ella fue la que me convirtió a mí después de que me agarró una enfermedad letal cuyo nombre… no me acuerdo-frunció el seño tratando de recordar, y aún así era hermoso.
-¿Cuántos años tenías?-le pregunté temerosa y sonrió.
-Dieciocho-me sonrió, y comprendí porque estaba en mi clase de Literatura y en ninguna más.
-¿Cuántos años tiene Pauline?-le pregunté encantada por su sonrisa.
-Igual que vos…-sonrió-Dieciséis años por trescientos noventaisiete años-sonreí tímida, y me puse a pensar, mientras él se recostaba junto a mí.
-¿conociste a William Shakespeare?-sonreí haciendo mis cálculos.
-Lo vi un par de veces, sí-río conmigo, hubo un largo silencio en el que me quede viéndole, sus ojos parecían más brillantes, y con la pequeña luz de la luna él era… hermoso-será mejor que te duermas, mañana tenés colegio-me recordó.
-¿vos no?-le pregunté desilusionada.
-Mmmh…-pensó unos segundos mirando a algún lugar en el techo-No…-respondió finalmente-va a ser un día muy soleado-me sonrió mientras yo buscaba la razón de su mirada perdida en el techo.
-¿Cómo sabes?-estaba un poco confundida, pero nuestras voces ya no eran palabras fuertes si no susurros.
-Solo lo sé.
-¿Qué pasa cuando te da el sol?-pregunté curiosa-¿Te quemas o algo por el estilo?-esbozó una sonrisa y dejó salir una grave carajada silenciosa.
-No… ni un poquito-sonrío de nuevo.
-¿Qué pasa?-le pregunté aún más curiosa dejando los susurros de lado.
-Mmmh…-pensó de nuevo con el ceño fruncido-no sé cómo explicarlo.
-¿Me podes mostrar?-le pregunté esperando que dijera que sí.
-Claro-sonrió y pasó una última vez sus fríos dedos por mi piel-Ahora, dormí…-me dijo sonriendo.
-¿Vos no vas a dormir?-le pregunté de nuevo, buscando distracciones para seguir escuchando su voz.
-Yo no duermo-rió un poco.
-¿Nunca?-estaba sorprendida
-Nunca…
-¿No extrañas soñar?-le pregunté impresionada con ojos brillantes.
-A veces-sonaba desilusionado-Ahora dormite, mañana interrógame todo lo que quieras-sonrió.
-¿te vas a quedar conmigo?-tenía muchas esperanzas de que dijera que sí.
-Claro…-me sonrió manteniendo distancia.
-Agg…-me quejé sin sacarle los ojos de encima-Ayer no quería ir al colegio por que ibas a estar… mañana no quiero ir al colegio por qué no vas a estar-sonreí.
-¿Y cuál es la diferencia entre ayer y mañana?-sonrió sin comprender mi razonamiento.
-Hoy.
-¿Sam? ¿Te sentís bien?-me preguntó Ernest que fue el único que tuvo la suficiente delicadeza como para darse cuenta. Yo solo negué con la cabeza, y tragué un poco de saliva, no quería entrar a la cafetería.
-Deberías ir a la enfermería…-me sugirió preocupado.
-O al baño-la voz de Rayley llevaba un poco de repulsión en ella.
-Sí…-dije ladeando la cabeza, dirigiéndome al otro lado. Una vez bastante alejada de la cafetería sentí como mi cara volvía a tener color, no comí nada. Esperé a que el timbre tocara, esperando que antes algo pasara, así no tendríamos que pasar clases, cualquier cosa podría servir, un incendio pequeño, un meteorito en la clase de Literatura, cualquier cosa pero el timbre sonó y nada había cambiado. Camine lento a la clase, y una vez más, no sirvió de nada. Me senté en mi lugar y su mirada ya estaba sobre mí. La profesora no hablaba, solo se quedó sentada en su asiento.
-Hey…-su musical voz sonó bastante cerca a pesar de que no lo estaba.
-Hey…-Mi voz demasiado ronca y asustada que tembló antes de terminar de hablar.
-No almorzaste hoy…-me acusó con un poco de curiosidad.
-No tengo hambre-le dije más cortante de lo que realmente quería.
-No deberías saltarte las comidas-volvió a susurrar pero esta vez no sentía su mirada sobre mí.
-¿Por qué te interesa tanto?-le volví a preguntar cortante.
-No me importa-dijo molesto-Vos no me importas-dijo del mismo modo.
-Vos no me importas tampoco-le dije y era totalmente mentira, su mirada estuvo sobre mí unos segundos más.
-Eso es bastante inteligente de tu parte-Trataba con todas mis fuerzas no mirarle, el miedo era más grande que cualquiera de mis emociones.
-Lo sé-cada que hablaba mi voz se hacía más débil.
-Entonces sabes que soy…
-Te dije que sabía, ¿no te acordás?
-Pero ahora tenés miedo-me descubrió y finalmente le miré.
-No te tengo miedo a vos-mentí descaradamente-Si no a lo que podes llegar a ser-su mirada se fue de mis ojos, y miró sus manos sobre la mesa.
-No te lastimaría, no me dejaría a mí mismo hacerte eso-su voz sonaba débil pero era lo bastante consistente como para que yo le entendiera.
-¿Podrías?-susurre sabiendo que me escuchaba y él asintió con la cabeza.
-Podría, ahora mismo, con todos aquí. Podría. Pero no lo voy a hacer.
-¿Sos un buen vampiro?-reí y él me miró sorprendido, creo que no sabía que yo realmente sabía-No sabía que eso era posible-me reí de nuevo por su expresión.
-Soy…vegetariano-volvió los ojos en blanco y río adorable, hubo un silencio entre nosotros el cual él rompió unos segundos más adelante-¿Seguís con miedo?-me preguntó sonriendo y asentí tímida con la cabeza.
-Pero de todas formas… me gustas-le dije pero escondía mi mirada de la suya.
El timbre tocó mucho antes de lo que esperaba, y la clase resulto no ser tan mala. Fui a gimnasia con pocas ganas, y como la clase anterior me había faltado, me hicieron hacer el doble de cosas que a mis compañeras, pero no había problema porque no me cansaba.
Salimos de clases y volví a mi casa, e inesperadamente Jared se ofreció a acompañarme. No entendía cual era su punto acercándose a mí todo el tiempo, si al final no podíamos ser amigos.
-¿Vas a ir a la fiesta mañana por la noche?-me preguntó esperanzado.
-Tal vez… No sé…
-Sería genial que fueras-me dijo sonriendo al tiempo que casi llegábamos a la acera frente a mi casa. Nos miramos unos segundos eternos, mi mirada tenía tantas preguntas sin respuesta que no sabía que decirle, la suya por otro lado tenía un toque de picardía, casi como si estuviera escuchando mis pensamientos y no quisiera responder ninguna de mis preguntas, pero era tan perfecto en aquella suave obscuridad de aquel día nublado, quería quedarme mirándole por siempre.
-¿Querés entrar?-le ofrecí olvidando por completo a mi abuelo y sus palabras. Jared miró por arriba mío, hacia mi casa y me sonrío.
-No quiero meterte en problemas-Me di vuelta, y mi abuelo estaba sentado en el porche, mirándonos con ojos enojados.
-Claro…-suspiré y luego le sonreí.
-Te voy a visitar en la noche-sonrió.
-En la noche voy a estar dormida-bromeé.
-De todos modos…-sonrió una última vez y caminó hacia su lado de la calle, lo miré hasta que entro a su casa a paso lento y despreocupado. Me di vuelta y Carl se encontraba con expresión enojada.
-Hola-le saludé pasando junto a él.
-te dije que no hables con él-su voz sonaba enojada y sus ojos no me miraban.
-Solo me quiso acompañara para que caminara sola… por lo de los ataques.
-Pero estoy segura de que él sabe más sobre eso que cualquiera…-negó la cabeza con decepción-Tu sabes, y tienes que alejarte de él-su tono era más fuerte de lo que jamás me había hablado.
-somos amigos…-susurré y Carl se exaltó.
-¡¿Amigos?!-ahora gritaba. Y no sabía qué hacer.
-¿Qué pasó?-mi madre salió alarmada al porche.
-Nada-estaba tan enojada, que le di una última mirada a mi abuelo y salí de ahí. Una vez en mi cuarto me puse a hacer tarea hasta que la noche llego junto un poco de brisita, dejé la ventana abierta por qué no se me ocurría otra forma la cual él me visitara. Se estaba haciendo tarde, y mi madre me llamó a comer, no tenía hambre a pesar de que casi no había comido en todo el día. Solo me bañé y cepille los dientes, estando casi lista para dormir. Volví a mi cuarto y él estaba sentado en la silla de mi escritorio, con el cabello dorado opaco todo despeinado y la sonrisa perfecta.
-Pensé que no ibas a venir-le dije sonriendo como él pero menos perfecta.
-Yo también-rió-te puse en un pequeño lío ahora en la tarde-se pasó los dedos por su cabello.
-No te preocupes-me senté al borde de mi cama a la espera de que su voz rompiera el silencio de nuevo, él me inspeccionó de arriba abajo, sonriendo al darse cuenta que llevaba pijamas.
-Me gusta…-dijo sonriendo sin terminar.
-Jah, Jah-le repuse haciendo una mueca disgustada.
-De verdad-sonrió con regocijo.
-¿Por qué mi abuelo te tiene tanta rabia?-le pregunté sin esperar una respuesta.
-Ya habíamos visto a tu abuelo la última vez que vinimos…-miraba como mis dedos jugaban nerviosos.
-¿El sabe…?-no respondió con palabras pero su sonrisa preocupada me lo dijo todo-es el… un ¿lobo?-mi pregunta me sonaba estúpida pero él me la respondió sin muchas vueltas.
-No… por eso vos sí-su respuesta me dejo totalmente tensa, le miré con ojos preocupados y no dije nada en muchos minutos. Dejé salir mucho aire y sentí su helada piel tocando con delicadeza una de mis mejillas, hasta llegar a mi mentón el cual levantó para mirar mis ojos-perdón-se disculpó al ver la reacción que había causado.
-¿Cómo podes estar seguro de eso?-le pregunté con los ojos casi llorosos él se acercó despacio a mi cuello y dejó un beso inesperado, a pesar de lo fríos y duros que eran sus labios, ese insignificante beso me hizo volar.
-No me dan ganas de beber tu sangre… y aún así sos irresistible para mí-sus ojos estaban más cerca de mí de lo que jamás habían estado-tengo una parte de mí que…-su voz se apagó y vaciló un momento-…que quiere matarte, no por tu sangre. Porque somos dos seres que no se supone tienen que vivir juntos, o al menos tan cerca como vos y… yo-volví a tomar aire evitando temblar-Pero ignoro esa parte de mí, y…-sacudió la cabeza alejándose de mí despacio con una sonrisa-…y sos perfecta-sus palabras me hicieron temblar un par de segundos.
-No soy perfecta-reí dejando salir más aire que alegría.
-A mis ojos, sí-sus palabras eran tan confiadas y seguras de sí mismas que no tenía por qué dudar de él. Me recosté sobre mi cama dejando el espacio suficiente para que él se echara si quería, hubo silencio antes de que yo hablara.
-¿Quién te hizo vampiro?-le pregunté-¿Cómo pasó eso?-sonaba menos asustada al hecho de estar preguntando eso de lo que realmente estaba-¿Hace cuanto?-De repente lo sentí sentarse junto a mí, mirándome, desde un lado de la cama a la altura de mi mesa de noche.
-En el año 1616, Londres era…-suspiró-…hermoso, tenía una buena vida. Pero… las epidemias y las muertes eran algo muy normal. Tan normal que mis padres murieron, y unos años antes de que me conviertan, Pauline había muerto también-tragó saliva frustrado-No sabemos quien convirtió a Pauline, pero ella fue la que me convirtió a mí después de que me agarró una enfermedad letal cuyo nombre… no me acuerdo-frunció el seño tratando de recordar, y aún así era hermoso.
-¿Cuántos años tenías?-le pregunté temerosa y sonrió.
-Dieciocho-me sonrió, y comprendí porque estaba en mi clase de Literatura y en ninguna más.
-¿Cuántos años tiene Pauline?-le pregunté encantada por su sonrisa.
-Igual que vos…-sonrió-Dieciséis años por trescientos noventaisiete años-sonreí tímida, y me puse a pensar, mientras él se recostaba junto a mí.
-¿conociste a William Shakespeare?-sonreí haciendo mis cálculos.
-Lo vi un par de veces, sí-río conmigo, hubo un largo silencio en el que me quede viéndole, sus ojos parecían más brillantes, y con la pequeña luz de la luna él era… hermoso-será mejor que te duermas, mañana tenés colegio-me recordó.
-¿vos no?-le pregunté desilusionada.
-Mmmh…-pensó unos segundos mirando a algún lugar en el techo-No…-respondió finalmente-va a ser un día muy soleado-me sonrió mientras yo buscaba la razón de su mirada perdida en el techo.
-¿Cómo sabes?-estaba un poco confundida, pero nuestras voces ya no eran palabras fuertes si no susurros.
-Solo lo sé.
-¿Qué pasa cuando te da el sol?-pregunté curiosa-¿Te quemas o algo por el estilo?-esbozó una sonrisa y dejó salir una grave carajada silenciosa.
-No… ni un poquito-sonrío de nuevo.
-¿Qué pasa?-le pregunté aún más curiosa dejando los susurros de lado.
-Mmmh…-pensó de nuevo con el ceño fruncido-no sé cómo explicarlo.
-¿Me podes mostrar?-le pregunté esperando que dijera que sí.
-Claro-sonrió y pasó una última vez sus fríos dedos por mi piel-Ahora, dormí…-me dijo sonriendo.
-¿Vos no vas a dormir?-le pregunté de nuevo, buscando distracciones para seguir escuchando su voz.
-Yo no duermo-rió un poco.
-¿Nunca?-estaba sorprendida
-Nunca…
-¿No extrañas soñar?-le pregunté impresionada con ojos brillantes.
-A veces-sonaba desilusionado-Ahora dormite, mañana interrógame todo lo que quieras-sonrió.
-¿te vas a quedar conmigo?-tenía muchas esperanzas de que dijera que sí.
-Claro…-me sonrió manteniendo distancia.
-Agg…-me quejé sin sacarle los ojos de encima-Ayer no quería ir al colegio por que ibas a estar… mañana no quiero ir al colegio por qué no vas a estar-sonreí.
-¿Y cuál es la diferencia entre ayer y mañana?-sonrió sin comprender mi razonamiento.
-Hoy.

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