lunes, 26 de abril de 2010
XIII: While strangely holy...
lunes, 12 de abril de 2010
XII: She likes the way he sings.
-¿Estuvieron en el bosque?-la voz monótona de mi abuelo por fin hablo.
-No son vampiros los que matan a los campistas… son lobos jóvenes e inexpertos ¡Son de los nuestros!-mi madre entro por la puerta con rostro preocupado.
-¿Dónde estabas?-sonaba un poco histérica.
-Aquí… yo…-no me dejó terminar de hablar.
-¡Pensé que algo te había pasado!-se acercó a mí y me sostuvo del rostro con ojos preocupados.
-¿Qué? ¿Dónde estabas?-me alejé confundida.
-En el hospital, todo tu colegio está ahí, pensé que te había pasado por que dijeron algo de un ataque en el bosque.
-¿Estuviste en el hospital?-mi rostro y mi tono de voz ahora era como el suyo.
-sí-su voz era suave y temblorosa.
-¿Cómo esta Ernest?-no quería oír la respuesta, por puro miedo.
-Bien, aún respira-sus palabras fueron tristes pero me calmaron.
-Lo voy a ir a ver-no pensaba en nada más que ir a verle, me sentía tan culpable…
-No vas a salir así-se quejó mi madre mirándome con ojos asqueados.
-Cierto-suspiré con el rostro fruncido-Mejor me voy a cambiar-mascullé y subí directo a mi cuarto, saqué ropa limpia y me metí a la ducha. Cuando iba saliendo mire una última vez a la amenazante mirada de mi abuelo, y salí con el sol ya oculto hacia el hospital. No pensaba, solo caminaba con los brazos cruzados. Llegué a la obscura entrada del hospital, y empecé a dudar en si sería bueno entrar, no quería tener que hablar con nadie, rodeé el edificio, tratando de encontrar la habitación de Ernest guiándome por su olor, pero descubrí que estaba en el segundo piso. Hice lo mejor, para poder subir por un árbol que se encontraba a una distancia razonable y salté hasta la ventana, que creía estaba abierta, de su cuarto. Estuve unos minutos forcejeándola mientras trataba de mantener equilibrio y no caerme, hasta que logré entrar en la habitación; estaba vacía pero Ernest estaba ahí, recostado sobre la camilla con un tono pálido y casi muerto. Me senté agotada en una silla cerca de su cama, y observé el vendaje que le habían hecho cubriendo mi salvaje mordedura. No sabía que pensar, no sabía si sentirme culpable. Lo único que quería, era que nadie me viera. Podía oler a Tom y a John por todos lados, habían estado bastante tiempo sentados en esa misma habitación, y los podía escuchar caminando de un lado para otro afuera, creo que sabían que estaba adentro y por eso no querían entrar. No quise molestar más y me levanté para salir por donde había entrado. Me acerqué una última vez a Ernest, le sostuve su débil mano unos segundos, mientras trataba de recordar el día que nos conocimos; reí al recordar su pequeña sonrisa infantil de aquellos días. Tomé impulso y salté por la ventana, caí delicadamente sobre el piso, casi sin hacer ruido alguno, pero no sabía qué hacer… si volvía a casa, mi madre me bombardearía con preguntas que no respondería, quería ir a la casa de Jared, quería mirarlo, quería tenerlo cerca, ignorando los pequeños detalles peligrosos que esto implicaba, lo necesitaba. Caminé al único lugar en el que me sentía segura, el bosque; empecé a caminar, y de pronto me encontraba corriendo, no sabía si algún momento me cansaría, así que decidí ponerme a prueba. Corrí, corrí, corrí hasta el amanecer. No sabía dónde estaba, ni qué hora era pero tampoco me importaba. Era una mañana espectacular desde la cima de una montaña, podía ver Seattle desde ahí, estaba más soleado de lo que jamás se encontraba esa zona, era obvia la razón: el inicio de la primavera en el aire. Estaba bastante lejos de mi casa, y volver se me hacía una estúpida idea, considerando lo que me esperaba en casa… así que solo me acerqué hasta estar en Port Hadlock pero me quedé en el bosque.
Fue automático, casi como si pudiera leer mi mente. Cuando me puse a pensar en cada detalle del rostro de Jared, él aparecía como en un sueño fugaz, de esos que parecen demasiado fantásticos para ser reales, pero aún así se sienten reales. Se acercó a mí a paso humano, cruzó todos los arboles que tenía en frente, sacudió su cabello dorado que se interponía con sus ojos, y se sentó junto a mí en un tronco en el que yo estaba sentada. Su olor acido y venenoso me abrazo con dulzura, mientras que una de sus manos se posó muy cerca de la mía. No dude dos veces en apoyar mi cabeza sobre su hombro, no me importaba ensuciar la camisa color coral que llevaba puesta.
-Pensaba en vos-susurré tratando de que mi voz no fuese tan horrible al romper el silencio.
-Yo pienso en vos todo el tiempo…-su voz sonaba adolorida.
-Tenías razón, era uno de nosotros el que atacaba a los campistas.
-¿Dudaste de mí?-rió gravemente y apoyó su mejilla en mi cabeza.
-No podría…-sentí que le mentía a pesar de que no.
-Todos están enloqueciendo ahí abajo… Todos te buscan.
-No voy a volver-mis palabras sonaban bastante seguras a diferencia de lo que realmente pensaba, luego miré con temor sus ojos distraídos y él solo negó con su cabeza levemente.
-Necesitan una explicación…-me dijo preocupado.
-o de otro podo pensaran que tuviste algo que ver…-admití sintiendo un poco de egoísmo de su parte.
-Ambos sabemos que eso es cierto-sonrió aún negando con la cabeza-pero si vos te quieres ir… tendré que ir contigo-sonreí y demasiados pensamientos bombardearon mi cabeza lo que hizo sacudir esa pequeña sonrisa creciente que tenía en el rostro.
-No…-le dije-…Vos tenés que quedarte con tu familia, y ser vampiro-le dije con las cejas enarcadas mirándole a los ojos.
-Ser vampiro es irrelevante, no necesito eso. Te necesito a vos.
-¿te quedarías conmigo por siempre?-su sonrisa se dibujo picara y sostuvo mi mano.
-Siempre-sus ojos eran sinceros, pero algo me decía que no confiara en ellos.
Unos pequeños rayos de sol cortaron mis pensamientos cuando impactaron en su piel e hicieron que esta brillara, yo reí y el fingió estar avergonzado.
-Me encanta…-le deje saber con una sonrisa, después me le acerqué lo suficiente como para sentir el frío de sus labios, pero no los toqué, me reí y corrí hacia un claro que había cerca. Él me siguió sin pensarlo, solo que no podía alcanzarme. Cuando llegamos al claro me lancé hacia las flores que crecían tímidas sobre el césped, y le vi llegar a él corriendo segundos después con la piel toda brillante y de colores sobre la palidez de su tez, parecía un arcoíris de lejos, tan hermoso y esplendoroso. Se me acercó y me sostuvo firmemente de la cintura, me encantaba tenerle cerca, muy cerca, a pesar de su olor, él era perfecto. Me besó como la primera vez, tal vez con más emoción, porque estábamos completamente seguros de que nadie nos veía, y de que ni yo ni él saldríamos lastimados. Solo estábamos ahí, como si nada más importara, tal vez era así porque nada más importaba, su sonrisa era lo mejor que me había pasado nunca, pero una parte de mí sabía que todo esto era solo por lo que él era, y se suponía que yo tenía que sentirme así por él, lo que me hacía dudar si él sentía algo tan intenso como lo que yo sentía.
-Quisiera saber cómo eras antes de ser vampiro.
-Si lo supieras, no quisieras estar conmigo-rió.
-¿Por qué?-me reí.
-Debe haber una razón por la que no causaba tanta sensación entre las mujeres de aquella época…-se encogió de hombros.
-Mmmh-dejé salir aire-Quisiera saber todo sobre vos-no podía dejar de mirarlo, era tan perfecto que temía no volverle a ver, así que quería recordar cada detalle de su rostro.
-Demasiado por contar y muy poco tiempo-su mirada era suave y sentía como recorría mis pensamientos, con solo mirarme.
-Desde ahora, tenemos todo el tiempo que queramos.
-Entonces, si es así… pregúntame lo que se te ocurra.
-¿Cualquier cosa?-sonreí.
-Sí, pero con una condición
-Mmmh… ¿cuál?
-Déjame preguntarte cosas también.
-Pensé que ya lo sabías todo…
-Puedo predecir algunas cosas… pero no leo tu pasado-me recordó.
-Bueno, yo empiezo-me miró ansioso-¿Con cuantas chicas has estado?-le pregunté curiosa de saber si alguna de sus amigas vampiras habían tomado parte de su vida amorosa.
-Contándote… una-mis ojos se abrieron muchísimo.
-¿En serio?-me sorprendí.
-Tenés que entender que lo que soy ahora… es solo porque soy lo que soy…-yo solo sonreí tratando de imaginármelo fuera de su belleza y su resplandeciente piel de arcoíris-Bien, me toca ¿Cuánto tiempo viven los lobos?-era bastante inteligente la pregunta.
-Según lo que leí… nos estancamos en una misma edad dependiendo en cuantas veces nos transformamos, si yo decido no transformarme más, seguiré mi vida como humana corriente. Pero a tan temprana edad eso es difícil, ¿sabes? Casi no me puedo controlar a veces, por eso es que prefiero estar alejada de gente, no me gustaría estar rodeada de gente cuando me entre un pequeño ataque de rabia… no me gustaría enojarme y lastimarte… por ejemplo-sonreí sabiendo que eso era completamente imposible, por mi propia voluntad.
-No lo harías…-pasó su mano helada por mi hirviente mejilla.
-Probablemente, no-reí-Me toca…-tome aire-Ustedes no duermen nunca, eso significa que te queda muchísimo tiempo para… ¿Qué?
-Si por cuestiones de la vida, te encontrás solo como yo… te sirve para poder estudiar, mucho. Eh leído más libros de los que entran en una biblioteca, eh aprendido a tocar cada instrumento que fue inventado a lo largo de la humanidad, desde los dulces y melódicos sonidos de la lira, hasta los crudos y espesos sonidos de una guitarra eléctrica. Todo.
-¿Lo sabes todo?-sonreí intimidada por la presencia de alguien con tanta sabiduría.
-A veces saberlo todo no es suficiente. A veces sabés todo lo que se necesita saber, pero…hasta ahora, no sabía lo que realmente quería saber…
-¿Y qué es eso?
-Cómo amar-eso era todo lo que tenían que escuchar mis oídos. Probablemente sus palabras no era explicitas pero me acababa de decir que me amaba.
-¿Te gusta?-mi pregunta se acortó por el temblor de mis labios.
-Me encanta-besó mis labios con seguridad y después me abrazó al tiempo que yo me escondía en su firme y brillante pecho bajo el sol.
-Canta…-le pedí-¿podrías?
-Para ti, siempre-tomo aire, y lo que hizo no fue cantar en realidad, apenas murmullaba una pequeña melodía, pequeña y hermosa melodía de cuatro notas intercaladas, su voz grave y musical, era el complemento perfecto para que todo lo que nos rodeaba, era perfecto… sus pequeños murmuros jugueteaban con el viento haciendo que jugara con mi cabello y el suyo, llevando y trayendo una y otra vez su perfecta y hermosa voz, que era hermosa como para poder escucharle cantar por siempre, nunca me cansaría de su impecable voz, solo murmuraba pequeñas vocales de una canción sin letra y a capela, pero aún así, perfecta y hermosa. Tal y como era él.
jueves, 1 de abril de 2010
XI: There is a call.
-Ya basta, gato imbécil-susurré una vez estando en mi forma humana, cerré la puerta y me puse ropa nueva.
No sé en qué rato la noche cayó. Alrededor de las ocho, recibí una llamada a mi celular, no hubiera imaginado que alguien me llamara a mi celular a esas alturas, era Rayley.
-Hola-mi voz sonaba monótona sin querer.
-¿Sammy?-su voz, por otro lado, sonaba muy asustada y confusa.
-Sí
-¿Dónde estás? ¿Por qué ya no vas al colegio? ¿Pasa algo malo?-su voz ahora sonaba más asustada que confusa.
-No, no, estoy bien… no pasa nada-traté de tranquilizarla-es solo que ya no puedo ir al colegio, tengo… tengo que hacer otras cosas-admití.
-¿Jared Applewhite?-preguntó y no respondí, porque pensé que sería mejor que pensaran que era su culpa, a tener que darles una explicación-Sammy, no…-se lamentó-… ¿qué hiciste?-pensó mal.
-¿A qué te referís?-escuché titubear a mi amiga del otro lado del teléfono, pero me distraje cuando vi salir a Jared de su casa dirigiéndose a la mía. En menos de dos segundos, él ya estaba arriba, entrando por mi ventana-Ray, te llamo más tarde, ¿ok?-le susurré casi sin escucharla.
-¡¿EH?! NO SAMANTHA, ¿ESTA ÉL AHÍ?-le colgué antes de seguir escuchando sus quejas y de más.
-Jared…-su nombre salió de mis labios con la misma delicadeza con la que me levanté de mi cama.
-vine a decirte…-susurró, y me sentó junto con él sobre mi cama, de nuevo-Camille y Marion, no están aquí por casualidad-mis cejas se enarcaron sin comprender sus palabras-escucharon de vos, y lo primero que hicieron fue correr aquí. Piensan que vos y tu manada, podrían atacar en cualquier momento y ellas pelearán-mis ojos se humedecieron con pánico.
-Yo…no-mi voz trataba de sacar una buena respuesta, pero mi pánico era más grande que eso.
-No importa…-su mirada parecía triste y desesperanzada-…no sé qué hacer-admitió y se acercó a mí dejando su mano a corta distancia de mi mejilla. Creo que temía tocarme y lastimarme, o yo a él, por eso no lo hacía. Quedamos en un profundo silencio, interrumpido por un pequeño y desesperado maullido por parte de Chris, quien movía su cabeza de lado a lado, mirándole a él y después a mí, una y otra vez a la espera de algo que algo, que no comprendí qué, pasara. Jared dejo salir una risita inocente más abajo que el silencio. Con un suspiro me dejé caer rendida sobre la cama. Él se acercó a la misma velocidad que le cuesta a un jaguar acorralar a su presa.
-Todo lo que necesito en este momento… sos vos-le dije casi sin voz, pero muy segura de que él me escucharía.
-No debería…-susurró con la delicadeza de un antiguo poeta.
-¿Qué significa eso?-mi voz seguía siendo insignificante junto a la suya.
-Por qué ambos sabemos que lo nuestro es por demás imposible, y no lo queremos aceptar por…-sonrió-…por esto-agarró mi mano finalmente, y mi corazón latió descontrolado bajo mi pecho, latía de tal forma que estaba segura de que él lo escuchaba con claridad, y esa era la razón de su sonrisa picara.
-¿Sentís lo mismo?-le pregunté curiosa sabiendo que él sabía lo que sentía.
-Estoy bastante seguro de que si mi corazón latiera, latiría con la misma fuerza que el tuyo… lo cual, debo decir, es adorable-beso mi cuello con delicadeza impropia de un vampiro, después de mirarme con ese hermoso par de ojos profundos, ambos escuchamos como alguien se acercaba a paso lento a mi puerta.
-Deberías…
-Salir…-completó mis palabras.
-Sí-mi mirada se empañó con solo pensar que tal vez sería la última vez que le vería.
-Todo va a estar bien, Sammy-sus palabras salieron con la delicadeza y desapareció para cuando mi madre abrió la puerta.
-Sam, tu abuelo quiere hablar contigo-me dijo en vos delicada y un poco asustada, lo que se había vuelto normal desde que Carl le contó sobre en lo que me había convertido.
-Yo no quiero hablar con él-me quejé escondiendo mi rostro en mi almohada.
-Por favor…-suplicó y accedí a su tono de voz.
Baje con mala gana detrás de mi madre por las escaleras, mi abuelo estaba al final de estas sentado en su silla mirándonos con detalle.
-¿Qué pasó?-le pregunté sin interés, pasando junto a él hacia la cocina.
-Todos sabemos lo que pasa…-dijo en un susurro grave y poderoso.
-No, yo no sé-me encogí de hombros buscando algo de comer.
-John y Tomás están afuera…-me informó, entonces me petrifiqué con el rostro mirando dentro del refrigerador.
-¿Ah sí?-dije tratando de sonar normal-¿Qué quieren?
-Dijeron creer haber visto salir al chico Applewhite de tu habitación.
-Pff…-reí nerviosa-¿No lo hubieran visto ustedes?-les cuestioné tratando de zafarme del tema.
-No si entra y sale por la ventana-se me quedó mirando a la espera de algo.
-No sé de qué hablan-me quejé, caminando hacia la puerta de la casa.
-¿Segura?
-Duh-cerré la puerta detrás de mí. No podía evitar ser mal educada alrededor de Carl, ya me había sacado de quicio y no lo soportaba más-¡John!-le llamé y se volvió hacia mí, sus ojos brillaron por segundos a mi presencia, pero mi ira superaba su mirada y ambos fruncieron el rostro casi al mismo tiempo-Deja de decirle estupideces a mi abuelo, no tiene sentido que lo siguas haciendo.
-No, pero tiene que saber que nos estas traicionando.
-¡¿Qué?!
-Ya no eres parte de esta manada, Sam, ya no más-la voz de Thomas sonaba insignificante junto a la mía.
-¡¿Qué?!-chillé de nuevo-no me pueden botar de esta manada, es MI manada, ustedes me tiene que hacer caso a mí, no yo a ustedes… Eso significa que no me pueden botar de mi propia manada.
-Ya lo hicimos, Sammy-por alguna razón John no podía hablar conmigo, sus ojos solo me miraban con un cólera que no entendía.
-¡NO!-mi gritó fue un poco más fuerte de lo que esperaba que fuera, entonces corrieron hacia el bosque, los dos sin parar ni un segundo. No tenía sentido, así corrí detrás de ellos, casi los perdía de vista cuando comprendí que corriendo a paso humano jamás los iba a alcanzar. Mientras corría entre esos enormes y espesos árboles me saqué todo lo que tenía puesto, lo deje junto a un árbol que me tuve que memorizar en segundos, y corrí ahora a pasos de lobo. Alcanzarlos a este paso fue más fácil de lo que jamás hubiera pensado, llegamos a un claro bastante pequeño, que estaba justo en medio del bosque casi al final de un precipicio al vacio y yo estaba lista para matarlo. Por alguna razón, los sentimientos de ira y frustración se hacían más fuertes cuando se era lobo. Los susurros de la dulce voz de Thomas me pedían no lastimar a John, pero mis impulsos eran más grandes y feroces, además John quería que peleara con él. Ya lo tenía bajo mis fuertes patas, tenía tanta ira acumulada dentro de mí que era difícil controlarme.
-No-la voz de John retumbó en mi cabeza más fuerte de lo que jamás lo había hecho-¿por qué no miras mejor?-su voz era pacifica y tranquila, me asomé unos pasos al precipicio que creía caía al vacio. Estaba un grupo de campistas a unos kilómetros, simplemente armando su campamento, no entendí que era lo que John quería mostrarme, entonces esperé.
-Rastreamos a los asesinos de campistas… y queremos mostrarte lo seguros que estamos de que son tus amigos las sanguijuelas-la débil voz de Thomas me lo explicó todo, traté de ver más allá de los árboles que se sacudían en dirección a los campistas, a la espera del rostro de Camille o Marion, tal y como los pensamientos de Thomas me lo mostraban, pero fue sorpresa para todos encontrarnos con uno de los nuestros, se apareció delante del más anciano de los campistas, quien se quedó paralizado a su enorme tamaño y hermoso pelaje chocolate, hubo silencio completo, nadie decía nada, nadie se movía. Un gruñido se escuchó por debajo de lo bajo por parte del lobo junto a los campistas. Seguido por los ojos de una de las señoras que estaba ahí mirándome en la distancia, le oí susurrar que pensaba que yo también iba a atacar.
Todos los débiles humanos temblaban con pavor, lo que hacía que la boca del lobo debajo de nosotros se aguara con rapidez. Con cada movimiento que el lobo hiciera, yo saltaría a descargar mi ira en él y lo llevaría hasta donde esta John. Nade se movió por mucho tiempo, el lobo abajo nuestro sabía de nuestra presencia y de lo que haríamos, así que tendría que pensar muy bien antes de hacer lo que sea. Aún así casi doce minutos después, se lanzó hacía el viejo que tenía enfrente suyo, casi al mismo tiempo salté yo encima suyo, no temía lastimarle, porque simplemente no pensaba en eso. Le mordí el cuello para paralizarlo unos segundos y poderle separar de los campistas, pero mi mordedura fue más allá y lo lastime casi mortalmente para cuando lo llevé donde estaba John y Thomas. Pudimos ver transformarse en humano al lobo al que pensaba yo había terminado con su vida hace pocos segundos atrás, y vi a un agonizante chico al que le costaba respirar y botaba sangre al toser. Me acerqué aún más y traté de ver de quien se trataba, tuve miedo cuando reconocí sus ojos grises y el cabello chocolate, era Ernest, pero no entendía como podría ser él, justamente él. Me paralicé frente a su presencia, miré confundida a John y Tomas que se acercaron tratando de ayudar a Ernest, pero era muy tarde, su rostro pálido y sus ojos distanciados, se habían ido y ya no temblaba, solo estaba recostado de lado sobre la tierra húmeda dando algunos suspiros pesados. Corrí para el otro lado, hacia donde estaba mi ropa, cuando llegué me senté para poder vestirme. Pero las lágrimas me ganaron, todos eran lobos, todos sabían que yo también lo era… pero yo los estaba traicionando con unas… sanguijuelas.
Podrían revivir a Ernest, si John y Thomas lo llevaban al hospital a tiempo, claro. Pero John estaba equivocado, era uno de nosotros el que estaba matando, un tonto e inexperto lobo… tal y como lo había dicho Jared. Pero ¿Quienes más podrían ser lobos?
Corrí a mi casa si haberme atados los cordones, sin calcetines o cualquier otro tipo de ropa interior, solo mi musculosa, mi short y ese par de zapatillas desgastadas. Alcancé el teléfono con lágrimas aún en los ojos, y llame a emergencias. Les indiqué el lugar donde estaba pero no me sentí lo suficientemente fuerte como para ir con ellos. Esperé a las noticias de Ernest antes de ir al hospital, pero nunca llamaron.
