lunes, 12 de abril de 2010

XII: She likes the way he sings.

Me pasé toda la tarde junto al teléfono, seguro se les había olvidado llamarme, era lo más seguro pero ya me había pasado todo lo que quedaba del día junto al teléfono, simplemente esperando que sonara, cuando la noche cayó sobre Port Hadlock, mi abuelo sintonizó el noticiero, como siempre lo hacía y el reportaje de los campistas era la noticia que pasaban una y otra vez. “Estaban por atacarnos, pero luego pelearon y se largaron” dijo una de las señoras que no recordaba haber visto jamás. “Eran un par de lobos gigantescos, parecían osos” exclamaba empalidecida la señora que me vio y si recordaba.

-¿Estuvieron en el bosque?-la voz monótona de mi abuelo por fin hablo.

-No son vampiros los que matan a los campistas… son lobos jóvenes e inexpertos ¡Son de los nuestros!-mi madre entro por la puerta con rostro preocupado.

-¿Dónde estabas?-sonaba un poco histérica.

-Aquí… yo…-no me dejó terminar de hablar.

-¡Pensé que algo te había pasado!-se acercó a mí y me sostuvo del rostro con ojos preocupados.

-¿Qué? ¿Dónde estabas?-me alejé confundida.

-En el hospital, todo tu colegio está ahí, pensé que te había pasado por que dijeron algo de un ataque en el bosque.

-¿Estuviste en el hospital?-mi rostro y mi tono de voz ahora era como el suyo.

-sí-su voz era suave y temblorosa.

-¿Cómo esta Ernest?-no quería oír la respuesta, por puro miedo.

-Bien, aún respira-sus palabras fueron tristes pero me calmaron.

-Lo voy a ir a ver-no pensaba en nada más que ir a verle, me sentía tan culpable…

-No vas a salir así-se quejó mi madre mirándome con ojos asqueados.

-Cierto-suspiré con el rostro fruncido-Mejor me voy a cambiar-mascullé y subí directo a mi cuarto, saqué ropa limpia y me metí a la ducha. Cuando iba saliendo mire una última vez a la amenazante mirada de mi abuelo, y salí con el sol ya oculto hacia el hospital. No pensaba, solo caminaba con los brazos cruzados. Llegué a la obscura entrada del hospital, y empecé a dudar en si sería bueno entrar, no quería tener que hablar con nadie, rodeé el edificio, tratando de encontrar la habitación de Ernest guiándome por su olor, pero descubrí que estaba en el segundo piso. Hice lo mejor, para poder subir por un árbol que se encontraba a una distancia razonable y salté hasta la ventana, que creía estaba abierta, de su cuarto. Estuve unos minutos forcejeándola mientras trataba de mantener equilibrio y no caerme, hasta que logré entrar en la habitación; estaba vacía pero Ernest estaba ahí, recostado sobre la camilla con un tono pálido y casi muerto. Me senté agotada en una silla cerca de su cama, y observé el vendaje que le habían hecho cubriendo mi salvaje mordedura. No sabía que pensar, no sabía si sentirme culpable. Lo único que quería, era que nadie me viera. Podía oler a Tom y a John por todos lados, habían estado bastante tiempo sentados en esa misma habitación, y los podía escuchar caminando de un lado para otro afuera, creo que sabían que estaba adentro y por eso no querían entrar. No quise molestar más y me levanté para salir por donde había entrado. Me acerqué una última vez a Ernest, le sostuve su débil mano unos segundos, mientras trataba de recordar el día que nos conocimos; reí al recordar su pequeña sonrisa infantil de aquellos días. Tomé impulso y salté por la ventana, caí delicadamente sobre el piso, casi sin hacer ruido alguno, pero no sabía qué hacer… si volvía a casa, mi madre me bombardearía con preguntas que no respondería, quería ir a la casa de Jared, quería mirarlo, quería tenerlo cerca, ignorando los pequeños detalles peligrosos que esto implicaba, lo necesitaba. Caminé al único lugar en el que me sentía segura, el bosque; empecé a caminar, y de pronto me encontraba corriendo, no sabía si algún momento me cansaría, así que decidí ponerme a prueba. Corrí, corrí, corrí hasta el amanecer. No sabía dónde estaba, ni qué hora era pero tampoco me importaba. Era una mañana espectacular desde la cima de una montaña, podía ver Seattle desde ahí, estaba más soleado de lo que jamás se encontraba esa zona, era obvia la razón: el inicio de la primavera en el aire. Estaba bastante lejos de mi casa, y volver se me hacía una estúpida idea, considerando lo que me esperaba en casa… así que solo me acerqué hasta estar en Port Hadlock pero me quedé en el bosque.

Fue automático, casi como si pudiera leer mi mente. Cuando me puse a pensar en cada detalle del rostro de Jared, él aparecía como en un sueño fugaz, de esos que parecen demasiado fantásticos para ser reales, pero aún así se sienten reales. Se acercó a mí a paso humano, cruzó todos los arboles que tenía en frente, sacudió su cabello dorado que se interponía con sus ojos, y se sentó junto a mí en un tronco en el que yo estaba sentada. Su olor acido y venenoso me abrazo con dulzura, mientras que una de sus manos se posó muy cerca de la mía. No dude dos veces en apoyar mi cabeza sobre su hombro, no me importaba ensuciar la camisa color coral que llevaba puesta.

-Pensaba en vos-susurré tratando de que mi voz no fuese tan horrible al romper el silencio.

-Yo pienso en vos todo el tiempo…-su voz sonaba adolorida.

-Tenías razón, era uno de nosotros el que atacaba a los campistas.

-¿Dudaste de mí?-rió gravemente y apoyó su mejilla en mi cabeza.

-No podría…-sentí que le mentía a pesar de que no.

-Todos están enloqueciendo ahí abajo… Todos te buscan.

-No voy a volver-mis palabras sonaban bastante seguras a diferencia de lo que realmente pensaba, luego miré con temor sus ojos distraídos y él solo negó con su cabeza levemente.

-Necesitan una explicación…-me dijo preocupado.

-o de otro podo pensaran que tuviste algo que ver…-admití sintiendo un poco de egoísmo de su parte.

-Ambos sabemos que eso es cierto-sonrió aún negando con la cabeza-pero si vos te quieres ir… tendré que ir contigo-sonreí y demasiados pensamientos bombardearon mi cabeza lo que hizo sacudir esa pequeña sonrisa creciente que tenía en el rostro.

-No…-le dije-…Vos tenés que quedarte con tu familia, y ser vampiro-le dije con las cejas enarcadas mirándole a los ojos.

-Ser vampiro es irrelevante, no necesito eso. Te necesito a vos.

-¿te quedarías conmigo por siempre?-su sonrisa se dibujo picara y sostuvo mi mano.

-Siempre-sus ojos eran sinceros, pero algo me decía que no confiara en ellos.

Unos pequeños rayos de sol cortaron mis pensamientos cuando impactaron en su piel e hicieron que esta brillara, yo reí y el fingió estar avergonzado.

-Me encanta…-le deje saber con una sonrisa, después me le acerqué lo suficiente como para sentir el frío de sus labios, pero no los toqué, me reí y corrí hacia un claro que había cerca. Él me siguió sin pensarlo, solo que no podía alcanzarme. Cuando llegamos al claro me lancé hacia las flores que crecían tímidas sobre el césped, y le vi llegar a él corriendo segundos después con la piel toda brillante y de colores sobre la palidez de su tez, parecía un arcoíris de lejos, tan hermoso y esplendoroso. Se me acercó y me sostuvo firmemente de la cintura, me encantaba tenerle cerca, muy cerca, a pesar de su olor, él era perfecto. Me besó como la primera vez, tal vez con más emoción, porque estábamos completamente seguros de que nadie nos veía, y de que ni yo ni él saldríamos lastimados. Solo estábamos ahí, como si nada más importara, tal vez era así porque nada más importaba, su sonrisa era lo mejor que me había pasado nunca, pero una parte de mí sabía que todo esto era solo por lo que él era, y se suponía que yo tenía que sentirme así por él, lo que me hacía dudar si él sentía algo tan intenso como lo que yo sentía.

-Quisiera saber cómo eras antes de ser vampiro.

-Si lo supieras, no quisieras estar conmigo-rió.

-¿Por qué?-me reí.

-Debe haber una razón por la que no causaba tanta sensación entre las mujeres de aquella época…-se encogió de hombros.

-Mmmh-dejé salir aire-Quisiera saber todo sobre vos-no podía dejar de mirarlo, era tan perfecto que temía no volverle a ver, así que quería recordar cada detalle de su rostro.

-Demasiado por contar y muy poco tiempo-su mirada era suave y sentía como recorría mis pensamientos, con solo mirarme.

-Desde ahora, tenemos todo el tiempo que queramos.

-Entonces, si es así… pregúntame lo que se te ocurra.

-¿Cualquier cosa?-sonreí.

-Sí, pero con una condición

-Mmmh… ¿cuál?

-Déjame preguntarte cosas también.

-Pensé que ya lo sabías todo…

-Puedo predecir algunas cosas… pero no leo tu pasado-me recordó.

-Bueno, yo empiezo-me miró ansioso-¿Con cuantas chicas has estado?-le pregunté curiosa de saber si alguna de sus amigas vampiras habían tomado parte de su vida amorosa.

-Contándote… una-mis ojos se abrieron muchísimo.

-¿En serio?-me sorprendí.

-Tenés que entender que lo que soy ahora… es solo porque soy lo que soy…-yo solo sonreí tratando de imaginármelo fuera de su belleza y su resplandeciente piel de arcoíris-Bien, me toca ¿Cuánto tiempo viven los lobos?-era bastante inteligente la pregunta.

-Según lo que leí… nos estancamos en una misma edad dependiendo en cuantas veces nos transformamos, si yo decido no transformarme más, seguiré mi vida como humana corriente. Pero a tan temprana edad eso es difícil, ¿sabes? Casi no me puedo controlar a veces, por eso es que prefiero estar alejada de gente, no me gustaría estar rodeada de gente cuando me entre un pequeño ataque de rabia… no me gustaría enojarme y lastimarte… por ejemplo-sonreí sabiendo que eso era completamente imposible, por mi propia voluntad.

-No lo harías…-pasó su mano helada por mi hirviente mejilla.

-Probablemente, no-reí-Me toca…-tome aire-Ustedes no duermen nunca, eso significa que te queda muchísimo tiempo para… ¿Qué?

-Si por cuestiones de la vida, te encontrás solo como yo… te sirve para poder estudiar, mucho. Eh leído más libros de los que entran en una biblioteca, eh aprendido a tocar cada instrumento que fue inventado a lo largo de la humanidad, desde los dulces y melódicos sonidos de la lira, hasta los crudos y espesos sonidos de una guitarra eléctrica. Todo.

-¿Lo sabes todo?-sonreí intimidada por la presencia de alguien con tanta sabiduría.

-A veces saberlo todo no es suficiente. A veces sabés todo lo que se necesita saber, pero…hasta ahora, no sabía lo que realmente quería saber…

-¿Y qué es eso?

-Cómo amar-eso era todo lo que tenían que escuchar mis oídos. Probablemente sus palabras no era explicitas pero me acababa de decir que me amaba.

-¿Te gusta?-mi pregunta se acortó por el temblor de mis labios.

-Me encanta-besó mis labios con seguridad y después me abrazó al tiempo que yo me escondía en su firme y brillante pecho bajo el sol.

-Canta…-le pedí-¿podrías?

-Para ti, siempre-tomo aire, y lo que hizo no fue cantar en realidad, apenas murmullaba una pequeña melodía, pequeña y hermosa melodía de cuatro notas intercaladas, su voz grave y musical, era el complemento perfecto para que todo lo que nos rodeaba, era perfecto… sus pequeños murmuros jugueteaban con el viento haciendo que jugara con mi cabello y el suyo, llevando y trayendo una y otra vez su perfecta y hermosa voz, que era hermosa como para poder escucharle cantar por siempre, nunca me cansaría de su impecable voz, solo murmuraba pequeñas vocales de una canción sin letra y a capela, pero aún así, perfecta y hermosa. Tal y como era él.

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