lunes, 24 de mayo de 2010

XIV: Why can we be in love

Podría tomar un poco de coraje de mis palabras y salir de ahí, pero habiendo tantas vidas en juego, me sentiría demasiado mal después. Un pequeño cliqueo se escuchó desde afuera de mi ventana, me acerqué a ver de quien se trataba, pero al ver el rostro preocupado de Thomas abajo junto al árbol cerca de mi ventana, dejé la ventana cerrada, y me senté en mi cama. Pasaron aproximadamente doce segundos hasta que le escuche trepando el árbol y abalanzándose a mi ventana. Me quede mirando mientras esperar a que se cayera, aún sabiendo que eso no pasaría.
-No necesito hablar con nadie, así que te podes ir-le dije una vez que piso mi cuarto.
-Tu… cabello…-me dijo sorprendido y tal vez asustado.
-Me hacía demasiado lenta-le dije un poco molesta a su reacción, aún sabiendo que estaba realmente horrible.
-¿Para qué necesitas correr?-me preguntó sin entender-¿No vas a escapar, o sí?
-Tal vez…-le dije encogiéndome de hombros.
-¡NO! ¡¿Por qué nos vas a dejar si fuiste vos la que ocasionó todo?!
-¡Por qué no es mi batalla!-le grité de nuevo.
-¿No…? ¡¿Qué…?!-balbuceaba sin sentido-¡Sabes muy bien que lo es!
-No es, por que ustedes desde el principio querían despedazarse, yo no quiero ser parte de eso… ustedes solo buscaron una razón por la que hacer eso, y que yo me enamorara de Jared, fue perfecta, decime que miento y me quedo-hubo silencio pero solo porque no quería que me marchara-es obvio-me volví a mi espejo para dejar de mirarle.
-Tienes razón-admitió-No perteneces a esta manada… esta no es tu historia…-vi como una pequeña sonrisa se reflejó en el espejo desde donde él estaba parado-Vos sos la heroína de esta historia, no necesitas ser salvada-saltó por la ventana y yo corrí a verle alejarse.
De algo podía estar segura, esa noche, sangre correría en el bosque, y probablemente, mucho de los lobos de mi manada, no volverían a casa.
Pero a pesar de que me sentía milésimas de gramos culpable, iba a escapar de ahí. Claro que algo me impedía salir y era el constante zumbido de la voz de Jared en mi cabeza, en cada pensamiento escondido dentro de mí, era casi imposible ignorar su voz diciendo mi nombre, o su simple sonrisa riendo con tanta libertad… Me desvié y di unos pasos hacia el patio de Jared antes de entrarme en el Bosque, no quería hablar con él, no quería que se enterara de lo que estaba por hacer, no quería mirarle porque estaba demasiado enojada con él. Pero el susurro de su voz me guió hasta un lugar en el bosque que no conocía. Sus manos heladas por fin tocaban las mías, y entendí por que evitaba tanto ese contacto, se sentía tan insoportable su piel sobre la mía que no creía que lo podría soportar, era un ardor que no quemaba ni congelaba, era más como una electricidad que contaba los segundos para explotar.
-Quiero dejar de estar tan imbécil contigo, por el simple hecho de que nunca va poder pasar nada en serio entre nosotros, aun que lo quisiéramos, sería una pérdida de tiempo-su voz sonaba tan seria y tan serena que fueran las que fueran sus palabras, hubieran sonado convincentes-Tal vez tú piensas lo mismo… que soy estúpido, malo…-la formalidad de sus palabras me encantaba.
-¿Entonces?-bufé-¿Qué hacer?
-Sabemos que esto va a terminar aquí, ¿para qué seguirle dando vueltas?
-Porque si sentís algo… Podes hacer algo al respecto…-esperé una respuesta, pero después de ver mis ojos unos largos segundos, negó con la cabeza.
-Quiero terminar con todo esto… por qué solo me gustas, y… eso-su imagen poderosa y hermosa daba la impresión de que no podía ponerse nervioso, pero después se quedaba sin palabras y no sabía que decir, sus labios se movían de aquí para allá con constante timidez-Tenerme como algo más que… tu… amigo… es inútil, y lo sabemos.
-¿Entonces?-repetí.
-Llegamos al fin de algo que nunca comenzó. A pesar que se que después vas a sentir gran rencor y odio-su rostro se llenó de dolor, yo levanté la mano que no sostenía y la sobre pase por su delicado y pálido rostro.
-Ya te odiaba de por sí-me burlé acercándome a él a una distancia extremadamente peligrosa.
-Eres tan diferente a todas las demás personas…-suspiró dejando salir mucho aire que de seguro no le era necesario en sus pulmones-… a todas las demás chicas…
-Yo soy de otra historia, ¿eh? Puede que esa ventaja no la tengan muchas chicas.
-Ninguna que conozca-para ese entonces sus labios completamente helados tocaron los míos, y nos desatamos en el más largo y perfecto beso, de mi vida.
-Buena suerte-susurró en mis labios mientras yo seguía con los ojos cerrados, y en lo que los abría, él desapareció dejando una nube de su olor.
-Gracias-susurré pensando que me pudo haber escuchado y emprendí viaje de vuelta a casa.

FIN