martes, 23 de marzo de 2010

X: He isn't coming after all

Ir al colegio ya no era mi prioridad, había cosas más importantes que hacer, y todos en mi casa lo sabían, a pesar de que nadie hablaba del tema. Fue un miércoles, después de casi un mes que decidí que era demasiado tiempo sin ir al colegio. Alisté mi mochila y caminé hasta mi aburrido colegio al final de la calle. Absolutamente nadie me dirigía la palabra, sabía que esto pasaría, pero aún así me arriesgué a caminar por esos viejos pasillos que me traían demasiados recuerdos.
Durante la clase de Literatura, fui completamente ignorada por mi mejor amiga, no esperaba menos, en realidad esperaba algo más, muy propio de Bridghet. En el almuerzo, mis amigos no quisieron sentarse conmigo, y fue ahí cuando me di cuenta de qué Jared no estaba. Caminé con pasos temerosos hasta una mesa vacía arrinconada en el comedor. No tenía hambre estaba demasiado enojada, y a pesar de que ya casi su imagen se había borrado de mi mente, no podía dejar de pensar en él. Me daba rabia estar entre personas que decían ser mis amigos, y ahora siquiera me hablaban, así que me fui del colegio y me dirigí al bosque. Camine a paso humano sin rumbo alguno hasta que llegué a un claro en medio de todo. Lo único que hice fue caminar hasta el centro del claro y recostarme sobre el pasto alto. Trataba de concentrarme en los sonidos, olores, texturas del bosque en general, cuando en un abrir y cerrar de ojos su particular y acido olor me abrazó haciéndome sonreír, no me moví porque sabía que se dirigía donde yo estaba recostada.
-Fui al colegio para verte, y no estabas-susurré y él solo se sentó junto a mí-Hace tanto que no te veo que casi me olvide de tu voz-esta vez era una forma de hacerlo hablar y despertarme de mis sueños, porque él era aún más perfecto de lo que imaginaba y su sonrisa… su sonrisa lo tenía todo.
-Es extraño…-susurró al mismo tono que yo-…porque tus amigas piensan que es por mí que no vas a clases, y te alejaste de ellas.
-Si solo supieran…-suspiré-…Es inútil luchar contra lo que soy, ¿Pero entonces, por qué lo sigo intentando?-mi voz casi se apagaba por completo.
-Porque eres más humana de lo que piensas.
-Soy tan humana como vos…-le repuse con una media sonrisa-¿Cuan humana me haría eso?
-nada-rió-por eso es que no sos como yo-sostuvo mi mano con cuidado-vos tenés calor corporal-sonrió-tu corazón sigue latiendo, el mío paró hace mucho tiempo…-negó con la cabeza-no te podes comparar conmigo, ni por un segundo.
-¿No te cansa…-le pregunté sin dejar silencio entre sus palabras y las mías-Estar… solo?
-No estoy solo…-su afirmación fue confusa.
-Yo sé que estas con tu familia, yo también… pero en el fondo ambos sabemos que nos sentimos solos. Ahora entiendo cuando dicen que uno nace solo y se muere solo.
-Me siento solo, pero no creo que sea por las mismas razones que las tuyas-Me dijo. Yo sonreí y accedí a explicarle.
-No hay nadie más como yo. Eso me hace sentir incomoda, en especial con los de mi manada… es muy difícil seguirles el paso, aún sabiendo que ellos deberían seguir el mío. Siento como si nadie pudiera comprenderme, me siento… sola-me encogí de hombros.
-Tal vez te sientas así porque no perteneces aquí-tenía sentido.
-No hay manera de que mi verdadera manada este en Nunavut-reí dejando salir mucho aire a pesar de que tenía sentido-¿Por qué te sentís solo vos?-le pregunté con una sonrisa en el rostro.
-…Nunca fui capaz de mantener a alguien, fuera de mi familia, por mucho tiempo conmigo-no me miraba-creo que cuando veo a Whinnie y a Claudious juntos me hace pensar que eso es lo que siempre quise, pero nunca fui capaz de tener.
-¿Y Pauline?-le pregunté curiosa.
-Ella sí-sonrió de lado y cambió de tema-Pero yo pensaba que no iba a ser capaz de amar a alguien, o algo parecido… hasta que te conocí-su voz se hizo pequeña y yo reí.
-No podes decir que estas enamorado-negué con la cabeza sentándome a su altura-es una locura, ¡hasta para mí!-reí.
-No sé si estoy enamorado-admitió-pero es solo que, nunca sentí lo que siento ahora… en este momento… aquí… con vos-sonaba nervioso, algo que yo creía los vampiros no tenían.
-Entonces…-callé antes de decir lo que pensaba, hubo silencio antes de que volviese a hablar-Bésame como la primera vez-le pedí.
-¿Me prometes que no me vas a morder?-se mofó y con cuidado se acercó a mí. Todo iba simplemente perfecto, hasta que un olor desgarradoramente agrio y fuera de todo lo que había olido antes, me abofeteó obligándome a mi misma parar y ver de quien se trataba. En la profunda distancia vi acercarse tres esbeltas figuras femeninas, que bien tenía claro que eran vampiros, pues no podían ser humanos ya que los humanos no poseemos tal gracia y belleza deslumbrante como lo tenían ellas. Pude reconocer a Pauline a la izquierda de las otras dos vampiras, pero estaba completamente petrificada. Me volví a Jared y tenía el rostro preocupado, ambos nos paramos a la misma velocidad sobrehumana, y miramos como se nos acercaban con gracia estas tres mujeres.
-¿Qué hacen aquí?-preguntó Jared juntó a mí.
-Vinimos a buscarte, ¿esta eso mal?-la divertida voz de la pequeña trigueña junto a Pauline resonó alrededor del claro.
-Queríamos asegurarnos de que estabas bien…-afirmó la rubia de pelo lizo, que no era Pauline.
-Y ahora sabemos que… no-sonrieron al mismo tiempo estando frente a nosotros. Él caminó un paso adelante, como si tratara de protegerme. Dejó su mano cerca de la mía sin tocarla, pero lo suficiente como para que sintiera su fría piel-¿Quien es tu amiga?-los ojos de la trigueña se posaron sobre los míos, eran rojo sangre, y sabía que la sed corría en el aire.
-No es amiga, ¿Qué no lo ves?-la sonrisa malévola de la rubia con cabello lacio se dibujó perfecta sobre su rostro-Es un perro-todas se miraron.
-Mejor dicho, una perra-las risitas divertidas de las tres resonaron por todo el bosque en una dulce melodía después de que Pauline dejara salir sus palabras.
Justo cuando estaba por responderle, un gruñido molesto salió de los labios de Jared. Ellas callaron.
-No era para que te enojes, Jared-sonrió Pauline sin quitarle la mirada de enzima-Además, ya que aparentemente pasas demasiado tiempo con ella, quería que conozca a un par de amigas de la familia, eso no está mal, ¿o sí?-Jared no dijo nada, pero se hizo a un lado-Genial, Samantha, esta es Camille-apunto a la rubia que mantenía seriedad-y esta es Marion-la trigueña parada junto a Pauline arrugó su nariz haciendo que su gesto de asco pareciera adorable.
-Vamos-ordenó Jared, y arrastró a Pauline, dejándome atrás mientras las otras dos vampiras les seguían a paso acelerado, para después desaparecer en el bosque.

domingo, 21 de marzo de 2010

IX: Come for a rain

Me fui a mi casa antes de lo esperado, pero no antes de pasar casi toda la fiesta intercambiando miradas con Jared. Su compleja perfección era algo que me costaba entender, tal vez tenía que ser perfecto y hermoso para así atraer a pequeñas presas de niñas estúpidas como yo. Mi ventaja era que en cualquier momento, esto cambiaría y yo no sería más la presa, sin no la cazadora, temía tanto ese momento… lo que no sabía era que estaba más cerca de lo que pensaba. Llegué a mi casa con un indescriptible dolor de cabeza y con el estomago todo revuelto, cuando mi madre acudió a ayudarme descubrió que ardía en fiebre lo que la asusto demasiado y me metió dentro de mi cama ¿Era acaso posible estar con tanta fiebre y no delirar? Todo me parecía tan confuso, no recuerdo bien esa noche, solo sé que desde ese día todo fue diferente. Al día siguiente, no pude soportar estar tanto tiempo dentro de mi cuarto así que corrí al bosque con más preguntas, sabía que él me seguiría, o por lo menos tenía el presentimiento de que algo así pasaría. Caminaba a paso apresurado, con la mente en blanco, no tenía idea de lo que había pasado la noche anterior. Caminaba tan rápido que casi corría. Mi respiración era normal y no había rastros de su olor. Todo fue diferente cuando escuche que algo muy grande se acercaba a mí, obviamente no era él. Eran dos, y venían a mucha velocidad, directo a mí. Una vez más, no tuve miedo, me paralicé con los pies bien puestos sobre la tierra visualizando alrededor mío cada rama que se movía, pronto estas dos bestias desconocidas se detuvieron, un profundo y siniestro silencio se produjo en mi parte del bosque. Pronto con las imágenes de dos figuras humanas acercándose llegó un olor completamente familiar y delicioso, entonces estaba segura de que no era él. Después de unos segundos, las dos figuras tomaron forma bajo el sol y una sonrisa se dibujó en mi rostro sin querer.
-Viniste…-sonrió John que ahora me parecía muy familiar.
-¿Viste?-rió el más bajito, Thomas-Te dije que iba a venir, mi sonrisa se desdibujo cuando se acercaron a mí.
-¿Venir?-pregunté mientras sus cuerpos tocaban la luz, solo llevaban un par de jeans desgastados. Ni siquiera zapatos. Los cuerpos de ambos estaban bastante bien trabajados y era bastante hermosos a mis ojos inexpertos.
-Anoche no querías venir, pero aquí estas…-sonrió de nuevo Thomas que probablemente tendría un par de años menos que nosotros.
-¿anoche?-mi voz no sonaba temblorosa, pero di dos pasos hacia atrás-¿De qué se trata esto?-pregunté enarcando las cejas.
-Tenemos que planear como destruirlos…-sonrió John bastante cerca-¿te acordás?-volvió a sonreír.
-¿Destruir… a quien?-estaba bastante confundida, pero al final entendí-¡NO!-chillé enojada-¡No van a lastimar a nadie!-mi voz sonaba autoritaria y enojada.
-También te dije que no estaría de acuerdo…-replicó Thomas cayendo sentado sobre el piso cubierto de hojas secas.
-¡Estas aquí para eso!-me levantó la voz John mientras sus ojos ardían.
-No voy a hacer nada que lastime a gente que no hizo nada-le dije acercándome probablemente demasiado a él y sus ojos encendidos.
-Están matando gente… pronto su sed no será controlable y se almorzarán a todo el pueblo-los ojos de John tenían una chispa que estaba a punto de estallar.
-No-le desafié y este sacudió su cabeza caminando hacia atrás, de un salto y en menos de dos segundos ya no era más humano. Un descomunal lobo estaba parado enfrente de mí gruñéndome, mientras yo me mantenía en completo silencio escuchando únicamente el palpitar descontrolado de mi corazón. Thomas se levantó asustado, pero sabía que esto era tan normal como me parecía. Mi respiración era controlada a pesar de lo aterrada que estaba, aún sabiendo que todo esto era normal.
-Nadie va a lastimar a nadie-repetí con un tono autoritario.
-Ya la escuchaste John, vámonos…-le sugirió Thomas con una media sonrisa, el animal frente a mí lo miró y agachó la cabeza caminando hacia él. Thomas levantó todos los restos de la ropa de John del piso y se alejaron en leve trote. Al tiempo que ellos se alejaban una lluvia pequeña se empezó a desatar en una enorme lluvia muy típica de Port Hadlock, no tenía prisa y no me importaba mojarme, caminé a paso lento hasta la puerta de mi casa, me volví a la casa de los Applewhite, esperando qué él estuviera cerca, pero era imposible ver algo detrás de aquellas persianas perfectamente blancas, abrí la puerta de la casa y Carl estaba junto a la ventana mirando el bosque del que acababa de salir, la televisión estaba prendida, pero él no le prestaba atención. Otro ataque se había registrado a los alrededores de Port Hadlock, no sabían que era, pero estaban seguros de que era algo grande y vendría en cualquier momento. Caminé con los zapatos mojados hasta mi cuarto, y tan pronto abrí la puerta lo encontré sobre mi cama contemplando el techo con mucha paz, era tan hermoso y perfecto que estaba mal. No había notado antes las marcas que tenía sobre su cuello y brazos, pequeñas marcas en forma de medias lunas color plateado. Caminé hasta caer juntó a la cama y me apoyé cerca de su brazo. El solo se quedó mirándome en silencio.
-¿Pasa algo malo?-le pregunté temerosa de que supiera lo que ya me había convertido.
-¿Algo… malo?-frunció el seño, y ladeó la cabeza.
-Ya no me podes lastimar-le sonreí pensando que eso sería algo bueno.
-Pero apuesto que vos me querés matar a mí-rió desanimado sentándose sobre mi cama a una velocidad impresionante. Me le acerqué subiendo a la cama sin quitarle los ojos de encima y sonreí estando lo suficientemente cerca.
-Pero no lo voy a hacer-sonreí repitiendo sus palabras.
-¿Segura?-aquel susurro sobre mis labios fue por demás temeroso, pero se lo aclaré con un pequeño beso egoísta, que no me explicaba porque ahora se le había ocurrido terminarlo ahí.
-No cambié-le prometí-Sigo siendo yo-sonreí en espera de una sonrisa.
-Sabes que tan mal esta esto, lo sabes bien.
-Pero de verdad quiero estar con vos. No dejaría que nada malo te pasara, a vos o a tu familia…-era una promesa tonta que trataría de cumplir-…Hablé con ellos… los lobos, les dije que no hicieran nada-suspiré sobre sus labios y me eché a un lado suyo.
-Eso no va a cambiar nada…-se agarró la cabeza con ambas manos.
-Me tienen que hacer caso-le afirmé-no va a pasar nada malo.
-Eso es porque no me odias todavía-susurró pero fue lo suficientemente alto para escucharlo claramente.
-¿Me odias?-mi seño se frunció en espera de un no.
-No podría… pero así son las cosas-sus ojos obscuros para ese momento se posaron sobre mí en un doloroso perdón.
-¿Entonces eso es un sí?
-Eso es un… no-negó con la cabeza-pero debería, lo haré-inesperadamente se acercó a mí con lenta delicadeza-Hay algo en vos, que es…-rió entre dientes dejando ir su dulce, empalagoso y acido olor hacia mí-irresistible…-susurró nuevamente sobre mi cuello, dejando sobre mí férvida piel, un helado beso. La lluvia golpeaba mi ventana completamente enloquecida-…es como la lluvia-sonrió acostándose junto a mí-No podes evitar que la lluvia caiga, ¿no?-quedamos en silencio mientras él me miraba con ojos intensos, yo trataba de que su olor no fuera tan acido y empalagante. El silencio solo hacía que las gotas que golpeaban mi ventana sonaran aún más fuertes.
-¿Qué te hiciste aquí?-le pregunté pasando mi dedo sobre todas las cicatrices en forma de media luna, que subía desde su muñeca hasta donde su camisa comenzaba.
-¿Recuerdas que te conté que Pauline me convirtió?-Preguntó y reímos por que usó las mismas palabras para explicarme otra historia. Yo asentí con la cabeza y él me sonrió increíblemente adorable-Estaba tan desesperado por morir… que en lo que me escapé de ella… intenté matarme-bajó su cabeza avergonzado de sus palabras-…Pero como sabrás: es muy difícil matar a un vampiro. Solo hay dos cosas que pueden matarnos, y ambas están en este mismo cuarto-me miró seductor con los ojos plantados en mí lo que me hizo comprender.
-Los lobos… y los vampiros-mi voz sonaba confundida, casi como si se lo estuviese preguntando.
-Nosotros, somos monstruos-se quejó-un monstruo puede ser matado solo por otro monstruo-sacudía de lado a lado su cabeza con decepción, pasaron unos segundos y un olor familiar nos abrazó-Hablando de monstruos…-masculló entre dientes y se paró junto a la ventana con una impresionante velocidad, abrió la ventana, y me dio una última mirada.
-¿A dónde vas?-le pregunté casi sonando asustada.
-No puedo estar aquí…-miraba a el piso y hubo movimiento precipitado, indicando que los míos se acercaban.
-¿Te voy a ver de nuevo?-le pregunté realmente considerando que eso no sería posible. El no respondió y más rápido de lo que mis ojos pudieron ver, él desapareció de la habitación. Corrí a la ventana para ver si podría verle una última vez, pero él no estaba. Me volví a mi cama y fue cuando escuche que alguien entró a mi cuarto, me volví con las esperanzas de encontrarme con Jared, pero solo vi la figura semidesnuda de John, quien solo llevaba unos desgastados Jeans.
-Te dije que no eran amigos, vos dijiste que no atacarían… entonces ¿por qué vinieron más sanguijuelas?-su voz sonaba enojada y casi desesperada, pero todo en un leve susurro.
-¿eh?-enarqué las cejas sin comprender.
-Dos sanguijuelas mujeres llegaron esta tarde, ¿No te lo dijo verdad?-sonrió con picardía y rodeó el cuarto.
-No…-susurré pensando por qué no lo habría dicho.
-El solo esa jugando con tu cabeza, se supone que todo en él te tiene que resultar atractivo-su voz me rodeaba con cada paso que hacía alrededor mío.
-No…-negué segura.
-Piénsalo bien, eso le convendría…-sonrió para dirigirse de vuelta a la ventana.
-¡Espera!-le detuve antes de que saltara-¿A dónde vas?-le pregunté, esperando algo más que una respuesta.
-vigilaremos el bosque…-sonrió-¿quieres venir?-asentí tímida con la cabeza y le seguí. El saltó para caer, cual gato sobre la tierra. Estaba a punto de saltar cuando Chris maulló con tono de preocupación.
-Yo puedo hacer esto-me dije a mi misma, sonando como si estuviera hablando con el gato. Tome impulso y salté. Caí cerca de un árbol sobre mis manos y rodillas como una pluma. Me levanté y empezamos a correr, no estoy muy segura de cuándo pero de un segundo a otro en el que nos encontrábamos zigzagueando los árboles, lo empecé a ver todo de una altura diferente. No era yo, y podía escuchar unos pequeños susurros incomprensibles dentro de mi cabeza mientras la lluvia caía de nuevo.

jueves, 18 de marzo de 2010

VIII: Where is your selfish kiss?

En la mañana me desperté con los susurros de mi madre, lo que me hizo saltar de golpe pensando que Jared seguía conmigo.
-Tranquila, tranquila-susurró mi madre con una sonrisa. Miré a todos lados pero no lo encontré, se había ido o estaba muy bien escondido-¿Qué quieres desayunar?-me preguntó mi madre aún en pijamas.
-Mmmh…-suspiré-Haceme lo que quieras-le dije sonriendo y salió del cuarto.
Bajé para tomar desayuno ya lista para salir al colegio sin rastros de Jared en mi cuarto. Mi abuelo se encontraba escuchando las noticias mientras comía su desayuno lentamente. Me sorprendí cuando sacaron de nuevo la noticia de los ataques, que estaban cada vez más cerca. Sabía que no era Jared o ninguno de su familia, sabía que era uno de los nuestros, a pesar de que eso le costara entender a mi abuelo quien todavía no me dirigía la palabra.
-Mamá, esta noche hay una fiesta…-dije un poco tímida-Los padres de Bridghet nos invitaron a todos-miré a mi abuelo dudando.
-¿Fiesta?-preguntó mi madre-¿Para qué?-su voz sonaba escéptica.
-Para los Applewhite-escuche caer la cuchara de Carl junto a mí sobre su plato de cereal. Nos dedicó una larga mirada mientras esperaba que alguien dijera algo. Cuando mi madre empezó a considerarlo él se lanzó a la defensiva.
-¡No Regina!-gritó la voz de Carl pronunciando él nombre de mi madre-Nadie va a asistir a esa fiesta-sonaba tan molesto que mi madre no dudó en contradecirle.
-¡Pero mamá…!-protesté-…Los Shugair se van a ofender, vos conoces al jefe de policía… -le recordé pero eso solo puso más furioso a Carl.
-No, No y no-dijo mirándome con ojos encolerados.
-¡La única vez que pasa algo interesante en este estúpido pueblo, no me dejas disfrutarlo!-nunca le había gritado de esa forma a Carl.
-No será divertido, no vas a ir Samantha, es mi última palabra.
-¡No es tu decisión de todas formas!-seguía hablando en tono fuerte-Mamá…-le miré esperando que dijera algo.
-Mira, Carl…-comenzó ella tratando de sonar razonable-Ella nunca se divierte… dejemos a un lado tus supersticiones y…
-No. Regina, dije que no-se estaba alistando para dar la vuelta a su rechinante silla de ruedas-además si viven bajo mi techo, viven bajo mis reglas-concluyó ya sin mirarnos.
-…eso no tiene sentido, nosotras no elegimos vivir aquí-susurré lo bastante fuerte como para que me escuchara y salí con mi bolso para afuera, donde me encontré con un sol radiante que me recordó que no le vería.
Llegué al colegio, con probablemente cara de muy pocos amigos y me encontré con Rayley.
-¿Qué paso?-me preguntó tratando de hacerme reír.
-No voy a ir esta noche-me pasé los dedos por el cabello tratando de parecer que no me importaba.
-¿No?-se sorprendió algo entristecida-¡¡Pero va a estar buenísimo!!-me alentó a lo que ya sabía.
-Carl no quiere que vaya…-susurré molesta y suspiró pesado junto a mí-ni modo…-me encogí de hombros y pasé clases, me parecieron aún más largas de lo normal. Pero por fin acabarían. Caminé como cualquier día a mi casa, pero antes de entrar, me detuve afuera para mirar su casa, tenía las esperanzas de encontrarme con su mirada detrás de alguna ventana. Probablemente me estaba mirando, pero no le alcancé a ver. Caminé con pasos pesados hacia la entrada, deje caer mi bolso cerca de la puerta y me senté en la cocina mientras mi madre preparaba algo como siempre.
-¿Qué planes Sammy?-me preguntó y le miré enojada, lo que le pareció gracioso-¿Qué tal si vas a la fiesta por nosotros, y yo te cubro por esta noche?-su sonrisa fue una enorme luz para mí, siempre me hacía conseguir cualquier cosa que quería.
-Gracias, mamá-le agradecí con una sonrisa de alivio en el rostro, subí casi corriendo a mi habitación para mandarle un mensaje a Rayley avisándole que si iba a ir. Llegué corriendo con una sonrisa, abrí la puerta y él estaba sentado en la sombra creada entre mi escritorio y la ventana.
-¿Cómo…?
-Te vi llegar, y me adelante-sonrió-además si no vas a ir la fiesta quiero estar con vos…
-Pero… si voy a ir-sonreí mirando la delicada distancia que había entre su piel y el sol.
-¿Curiosidad?-sonrió con la mirada un poco traviesa, yo solo asentí con la cabeza sin sonreír por miedo a ver qué pasaría si su piel tocaba la luz. Lentamente levantó su mano de su regazo y la fue exhibiendo al sol sin dolor alguno. Fueron menos de unos segundos cuando su piel de mármol empezó a tomar brillo, reluciendo como si tuviera millones de cristales dentro de su piel. Era hermoso aún más hermoso.
-¿No te duele?-pregunté temerosa y él solo sonrió.
-No… pero si saliéramos en días así, la gente sospecharía que hay algo raro en nosotros… ¿No?-rió adorable.
-Probablemente…-me senté frente a él olvidando que iba a hacer. Nos quedamos en silencio mientras él me observaba con cuidado, al igual que yo hacía con él. Cada facción de su perfecto y marmoleo rostro era impresionante, tan quieto e inmóvil que podría pasar desapercibido como una estatua. Sus ojos color miel dorada eran brillantes y llenos de historias que me moría por escuchar, adornados con grandes pestañas que hacían que sea aún más hermoso. Bajo sus ojos perfectos se encontraban unas ojeras no muy notorias ni grandes, pero esto no cambiaba absolutamente nada en su perfecto rostro. Y sus labios… esperaba tanto queriendo besarlos, pero perdía mi tiempo porque eso solo sería un problema más.
-¿Puedo probar algo?-me preguntó frunciendo el seño y yo asentí aún aturdida por su belleza. Pasó una mano por mi rostro, haciendo que me pusiera con piel de gallina, una pequeña sonrisa se dibujo cuando sintió mi piel bajo sus helados dedos. Empezó a dibujar con delicadeza mis labios, cerré mis ojos involuntariamente, siendo incapaz de ver que hacía, mi respiración se aceleró cuando sentí que estaba cerca, mi corazón nunca había latido tan rápido y tan lento a la vez. Lo que creo fue la razón de su risita.
Fue todo tan rápido, el desapareció y mi madre entro por la puerta con mi mochila, abrí los ojos y me encontraba totalmente sola en la habitación.
-Te olvidaste de esto-me dijo y lo dejo arriba de la silla donde él estaba-Creo que deberías alistarte-me aconsejó.
-Creo que sí…-miré por la ventana y no había rastros de él.
Corrí a bañarme y alistarme, no me hacía frío a pesar de que sentía que había una pequeña brisita anunciando tal vez una nevada, me puse una remera de cuello ancho y un jean cualquiera, salí por la ventana después de despedirme de mi madre. Caminé hasta el lugar donde la fiesta iba a tomar lugar, todos estaban ahí, entré tratando de pasar desapercibida. Casi lo logro si no hubiera sido que Rayley gritó mi nombre mientras cruzaba a zancadas el salón, sonreí tímida mientras todos se volcaban a verme, ella llegó sonriente y con la respiración entre cortada.
-¡Pensé que no ibas a venir!-me sonrió emocionada.
-No iba, pero aquí estoy…-le sonreí de vuelta.
-Ven, Bridghet nos va a presentar a los Applewhite…-me jaló del brazo llevándome hasta donde Bridghet estaba parada junto a su papá y lo que posiblemente serían las personas más perfectas que jamás había visto en toda mi vida. La joven que estaba parada junto a Jared, era una rubia no mucho más alta que yo, con unos risos dorados que le caían bajo sus hombro y una pequeña sonrisa oculta entre sus labios. Del otro lado del padre de Bridghet se encontraba, un señor de cabello marrón chocolatoso y una sonrisa completamente amigable, sostenía con una mano una copa de cristal que a sus pálidos dedos parecía demasiado frágil, y en la otra estaba la mano de esta hermosa señora, su sonrisa era muy maternal, tenía el cabello rojo caramelo, que caía suave por debajo de sus orejas.
Nos acercamos lentamente, estaba nerviosa porque sabía que me olerían, estando ya a una distancia razonable, en donde yo podía percibir sus empalagosos olores vampíricos, todos arrugaron la nariz al mismo tiempo, fue entonces cuando la mirada de Jared se iluminó buscándome entre la multitud. Sonreí a tal reacción, caminé con pasos seguros hasta donde ellos estaban, siguiendo a mi emocionada amiga.
-Hola-mi voz sonó más tímida de lo que realmente quise que hubiese sonado.
-¡Samantha!-se emocionó la voz del padre de Bridghet-Samantha Green, ellos son, el oficial Claudious Applewhite, Whinifred Applewhite… su esposa, Jared y Pauline, que creo ya conoces…-Cuando él pronuncio el nombre de Pauline, esta frunció el seño en señal de desaprobación, tal vez porque lo pronuncio mal y eso le molestó. Pero sentía que su gesto tenía que ver conmigo. Después de eso, caminamos para diferentes sentidos, pensé que no lo vería en toda la fiesta, pero saliendo del baño un momento de esos, me lo encontré esperándome… me sonrió y caminamos hacia afuera.
-Desapareciste de mi cuarto-le acusé entre risas.
-Sí, suelo hacer eso…-rió conmigo.
-No le gusto a tu hermana, ¿verdad?-suspiré decepcionada.
-No es que no le gustes, si no que… sos… ya sabes…-ladeó su cabeza y luego sonrió, caminamos unos metros en silencio mientras yo trataba de preguntarle cosas, pero la formulación de las preguntas eran demasiado tontas, no podía hacerlo.
-¿Querés preguntarme algo?-se preguntó viendo mi expresión.
-¿Qué ahora sos psíquico?-me reí y él ladeó la cabeza, entonces me quede mirándole sorprendida.
-No psíquico, pero sé que va a pasar…
-Predecís el futuro…-entrecerré los ojos sin creer.
-No exactamente, o sea no con imágenes… son más como… corazonadas que son ciertas.
-Oh…-entré en razón-…por eso sabías que iba a hacer sol…-sonreí y él asintió.
-Bueno… ¿cuál era tu pregunta?
-¿Cómo conociste a tus padres?-le pregunté mirando por uno de los vidrios a las figuras perfectas de Claudious y Whinifred Applewhite.
-¿Recuerdas que te conté que Pauline me convirtió?-asentí mirándole fijamente-Bueno, me enojé tanto con ella por hacerme eso qué decidí escapar… corrí varios días, semanas, meses… hasta que llegué a un pequeño pueblito Florentino… era hermoso y pacifico. Fue ahí donde aprendí a que no solo puedo vivir de sangre humana, Whinnie vivía en una cabaña cerca del bosque con su hija que llevaba años enferma-contaba su historia mientras caminaba y él me rodeaba a mi paso lento y humano-cuando ella murió, Whinnie estaba muy deprimida… no tenía planeado convertirla, porque no quería eso para nadie más-su rostro de piedra se volvió a fruncir pero siguió hablando-no le dolió, así que fue nada-se encogió de hombros-después de eso nos dirigimos en busca de Pauline, Whinnie desde que llegué a su casa fue como una madre para mí, y extrañaba mucho a Pauline, la buscamos mucho hasta que terminamos en el lugar menos esperado, Volterra, en la misma Italia. Había un grupo de supuestos Vampiros rebeldes, y entre ellos Pauline y Claudious. No esperábamos salvar a Claudious, pero terminó viajando con nosotros y al final, se enamoró tan profundamente de Whinnie qué dejo todas sus dietas… humanas para hacerla feliz-sonrió y paramos, le miré confundida.
-¿Por qué te enojaste con Pauline si te salvó la vida?-le pregunté pero pareció molestarle.
-Yo tenía que morir… e ir al cielo. Pero ahora, moriré e iré al infierno…-su rostro estaba tenso.
-No vas a morir-me tensé yo y una pequeña sonrisa picara se dibujó en su rostro perfecto, hubo silencio nuevamente, pero esta vez solo nos quedamos mirándonos en la leve obscuridad que nos iluminaba-¿…en todo este tiempo, nunca te enamoraste?-pregunté tímida y él negó con la cabeza.
-Pero sí eh leído mucho sobre eso-sonrió otra vez pícaro y se acercó hacia mí aún más de lo que ya estaba, su olor podría haber sido insoportable para ese momento, pero con tanta adrenalina dudo que ninguno de nosotros lo hubiésemos sentido. De repente sentí como mis ojos involuntariamente se cerraron a la espera de un beso completamente egoísta y escaso de todo lo que yo quería. Pero me sorprendió sentir sus labios helados y duros sobre mis labios completamente diferentes, colisionar de la forma más natural de la que jamás había pensado que yo podría haberle besado, de un segundo a otro me encontraba acorralada por sus fuertes y fríos brazos sobre la piedra fría de alguna pared, mientras mis manos dudaban en caer sobre sus mejillas o su cuello, me daba la impresión de que si lo hacía todo terminaría tan fácil como empezó. Me equivocaba por que cuando deje caer mis manos sobre su cuello, abrazándolo delicadamente hacía mí, su reacción fue más emoción al susodicho beso. Por él el beso hubiera durado toda la vida, pero lamentablemente tenía que respirar, me dejo ir cuando sintió mi falta de oxigeno, nuestros labios ya no se tocaban, pero mis brazos seguían rodeando su cuello delicadamente.
-No me esperaba eso-susurró él dibujando mis labios con un dedo.

VII: Sorrow will arrange

Todos estaban muy emocionados por la fiesta el viernes, los días eran soleados y eso indicaba que no haría tanto frío, todos hablaban y planeaban emocionados cosas para la fiesta, todos menos yo. Temía tanto enfrentarle, sabiendo que su completo ser era tan irresistible para mí. Cada día hasta el jueves fue soleado, algo muy poco común en Port Hadlock pero muy oportuno a que gracias a eso, no le iba a ver hasta probablemente la fiesta... en la noche. Yo no le veía pero estaba bastante segura que él me miraba desde alguna ventana en su casa a la altura de la ventana de mi cuarto. El jueves llego con una pequeña llovizna, respiré hondo el pesado y húmedo aire matutino. Me aliste lo más lento que pude, la verdad tenía todas las intenciones de llegar tarde y que no me dejaran entrar a clases. Pero no sirvió de nada caminar lento por la calle, decidieron dar tolerancia a todos los que llegaban tarde por la lluvia. Las primeras clases me la pase sin decir nada, a pesar de que mis amigas hablaban y hablaban no me sentía muy bien como para hablar. Además de estar nerviosa, estaba un poco mareada y sentía que iba a vomitar. Todo esto se intensificó cuando llegamos a la puerta de la cafetería.
-¿Sam? ¿Te sentís bien?-me preguntó Ernest que fue el único que tuvo la suficiente delicadeza como para darse cuenta. Yo solo negué con la cabeza, y tragué un poco de saliva, no quería entrar a la cafetería.
-Deberías ir a la enfermería…-me sugirió preocupado.
-O al baño-la voz de Rayley llevaba un poco de repulsión en ella.
-Sí…-dije ladeando la cabeza, dirigiéndome al otro lado. Una vez bastante alejada de la cafetería sentí como mi cara volvía a tener color, no comí nada. Esperé a que el timbre tocara, esperando que antes algo pasara, así no tendríamos que pasar clases, cualquier cosa podría servir, un incendio pequeño, un meteorito en la clase de Literatura, cualquier cosa pero el timbre sonó y nada había cambiado. Camine lento a la clase, y una vez más, no sirvió de nada. Me senté en mi lugar y su mirada ya estaba sobre mí. La profesora no hablaba, solo se quedó sentada en su asiento.
-Hey…-su musical voz sonó bastante cerca a pesar de que no lo estaba.
-Hey…-Mi voz demasiado ronca y asustada que tembló antes de terminar de hablar.
-No almorzaste hoy…-me acusó con un poco de curiosidad.
-No tengo hambre-le dije más cortante de lo que realmente quería.
-No deberías saltarte las comidas-volvió a susurrar pero esta vez no sentía su mirada sobre mí.
-¿Por qué te interesa tanto?-le volví a preguntar cortante.
-No me importa-dijo molesto-Vos no me importas-dijo del mismo modo.
-Vos no me importas tampoco-le dije y era totalmente mentira, su mirada estuvo sobre mí unos segundos más.
-Eso es bastante inteligente de tu parte-Trataba con todas mis fuerzas no mirarle, el miedo era más grande que cualquiera de mis emociones.
-Lo sé-cada que hablaba mi voz se hacía más débil.
-Entonces sabes que soy…
-Te dije que sabía, ¿no te acordás?
-Pero ahora tenés miedo-me descubrió y finalmente le miré.
-No te tengo miedo a vos-mentí descaradamente-Si no a lo que podes llegar a ser-su mirada se fue de mis ojos, y miró sus manos sobre la mesa.
-No te lastimaría, no me dejaría a mí mismo hacerte eso-su voz sonaba débil pero era lo bastante consistente como para que yo le entendiera.
-¿Podrías?-susurre sabiendo que me escuchaba y él asintió con la cabeza.
-Podría, ahora mismo, con todos aquí. Podría. Pero no lo voy a hacer.
-¿Sos un buen vampiro?-reí y él me miró sorprendido, creo que no sabía que yo realmente sabía-No sabía que eso era posible-me reí de nuevo por su expresión.
-Soy…vegetariano-volvió los ojos en blanco y río adorable, hubo un silencio entre nosotros el cual él rompió unos segundos más adelante-¿Seguís con miedo?-me preguntó sonriendo y asentí tímida con la cabeza.
-Pero de todas formas… me gustas-le dije pero escondía mi mirada de la suya.

El timbre tocó mucho antes de lo que esperaba, y la clase resulto no ser tan mala. Fui a gimnasia con pocas ganas, y como la clase anterior me había faltado, me hicieron hacer el doble de cosas que a mis compañeras, pero no había problema porque no me cansaba.
Salimos de clases y volví a mi casa, e inesperadamente Jared se ofreció a acompañarme. No entendía cual era su punto acercándose a mí todo el tiempo, si al final no podíamos ser amigos.
-¿Vas a ir a la fiesta mañana por la noche?-me preguntó esperanzado.
-Tal vez… No sé…
-Sería genial que fueras-me dijo sonriendo al tiempo que casi llegábamos a la acera frente a mi casa. Nos miramos unos segundos eternos, mi mirada tenía tantas preguntas sin respuesta que no sabía que decirle, la suya por otro lado tenía un toque de picardía, casi como si estuviera escuchando mis pensamientos y no quisiera responder ninguna de mis preguntas, pero era tan perfecto en aquella suave obscuridad de aquel día nublado, quería quedarme mirándole por siempre.
-¿Querés entrar?-le ofrecí olvidando por completo a mi abuelo y sus palabras. Jared miró por arriba mío, hacia mi casa y me sonrío.
-No quiero meterte en problemas-Me di vuelta, y mi abuelo estaba sentado en el porche, mirándonos con ojos enojados.
-Claro…-suspiré y luego le sonreí.
-Te voy a visitar en la noche-sonrió.
-En la noche voy a estar dormida-bromeé.
-De todos modos…-sonrió una última vez y caminó hacia su lado de la calle, lo miré hasta que entro a su casa a paso lento y despreocupado. Me di vuelta y Carl se encontraba con expresión enojada.
-Hola-le saludé pasando junto a él.
-te dije que no hables con él-su voz sonaba enojada y sus ojos no me miraban.
-Solo me quiso acompañara para que caminara sola… por lo de los ataques.
-Pero estoy segura de que él sabe más sobre eso que cualquiera…-negó la cabeza con decepción-Tu sabes, y tienes que alejarte de él-su tono era más fuerte de lo que jamás me había hablado.
-somos amigos…-susurré y Carl se exaltó.
-¡¿Amigos?!-ahora gritaba. Y no sabía qué hacer.
-¿Qué pasó?-mi madre salió alarmada al porche.
-Nada-estaba tan enojada, que le di una última mirada a mi abuelo y salí de ahí. Una vez en mi cuarto me puse a hacer tarea hasta que la noche llego junto un poco de brisita, dejé la ventana abierta por qué no se me ocurría otra forma la cual él me visitara. Se estaba haciendo tarde, y mi madre me llamó a comer, no tenía hambre a pesar de que casi no había comido en todo el día. Solo me bañé y cepille los dientes, estando casi lista para dormir. Volví a mi cuarto y él estaba sentado en la silla de mi escritorio, con el cabello dorado opaco todo despeinado y la sonrisa perfecta.
-Pensé que no ibas a venir-le dije sonriendo como él pero menos perfecta.
-Yo también-rió-te puse en un pequeño lío ahora en la tarde-se pasó los dedos por su cabello.
-No te preocupes-me senté al borde de mi cama a la espera de que su voz rompiera el silencio de nuevo, él me inspeccionó de arriba abajo, sonriendo al darse cuenta que llevaba pijamas.
-Me gusta…-dijo sonriendo sin terminar.
-Jah, Jah-le repuse haciendo una mueca disgustada.
-De verdad-sonrió con regocijo.
-¿Por qué mi abuelo te tiene tanta rabia?-le pregunté sin esperar una respuesta.
-Ya habíamos visto a tu abuelo la última vez que vinimos…-miraba como mis dedos jugaban nerviosos.
-¿El sabe…?-no respondió con palabras pero su sonrisa preocupada me lo dijo todo-es el… un ¿lobo?-mi pregunta me sonaba estúpida pero él me la respondió sin muchas vueltas.
-No… por eso vos sí-su respuesta me dejo totalmente tensa, le miré con ojos preocupados y no dije nada en muchos minutos. Dejé salir mucho aire y sentí su helada piel tocando con delicadeza una de mis mejillas, hasta llegar a mi mentón el cual levantó para mirar mis ojos-perdón-se disculpó al ver la reacción que había causado.
-¿Cómo podes estar seguro de eso?-le pregunté con los ojos casi llorosos él se acercó despacio a mi cuello y dejó un beso inesperado, a pesar de lo fríos y duros que eran sus labios, ese insignificante beso me hizo volar.
-No me dan ganas de beber tu sangre… y aún así sos irresistible para mí-sus ojos estaban más cerca de mí de lo que jamás habían estado-tengo una parte de mí que…-su voz se apagó y vaciló un momento-…que quiere matarte, no por tu sangre. Porque somos dos seres que no se supone tienen que vivir juntos, o al menos tan cerca como vos y… yo-volví a tomar aire evitando temblar-Pero ignoro esa parte de mí, y…-sacudió la cabeza alejándose de mí despacio con una sonrisa-…y sos perfecta-sus palabras me hicieron temblar un par de segundos.
-No soy perfecta-reí dejando salir más aire que alegría.
-A mis ojos, sí-sus palabras eran tan confiadas y seguras de sí mismas que no tenía por qué dudar de él. Me recosté sobre mi cama dejando el espacio suficiente para que él se echara si quería, hubo silencio antes de que yo hablara.
-¿Quién te hizo vampiro?-le pregunté-¿Cómo pasó eso?-sonaba menos asustada al hecho de estar preguntando eso de lo que realmente estaba-¿Hace cuanto?-De repente lo sentí sentarse junto a mí, mirándome, desde un lado de la cama a la altura de mi mesa de noche.
-En el año 1616, Londres era…-suspiró-…hermoso, tenía una buena vida. Pero… las epidemias y las muertes eran algo muy normal. Tan normal que mis padres murieron, y unos años antes de que me conviertan, Pauline había muerto también-tragó saliva frustrado-No sabemos quien convirtió a Pauline, pero ella fue la que me convirtió a mí después de que me agarró una enfermedad letal cuyo nombre… no me acuerdo-frunció el seño tratando de recordar, y aún así era hermoso.
-¿Cuántos años tenías?-le pregunté temerosa y sonrió.
-Dieciocho-me sonrió, y comprendí porque estaba en mi clase de Literatura y en ninguna más.
-¿Cuántos años tiene Pauline?-le pregunté encantada por su sonrisa.
-Igual que vos…-sonrió-Dieciséis años por trescientos noventaisiete años-sonreí tímida, y me puse a pensar, mientras él se recostaba junto a mí.
-¿conociste a William Shakespeare?-sonreí haciendo mis cálculos.
-Lo vi un par de veces, sí-río conmigo, hubo un largo silencio en el que me quede viéndole, sus ojos parecían más brillantes, y con la pequeña luz de la luna él era… hermoso-será mejor que te duermas, mañana tenés colegio-me recordó.
-¿vos no?-le pregunté desilusionada.
-Mmmh…-pensó unos segundos mirando a algún lugar en el techo-No…-respondió finalmente-va a ser un día muy soleado-me sonrió mientras yo buscaba la razón de su mirada perdida en el techo.
-¿Cómo sabes?-estaba un poco confundida, pero nuestras voces ya no eran palabras fuertes si no susurros.
-Solo lo sé.
-¿Qué pasa cuando te da el sol?-pregunté curiosa-¿Te quemas o algo por el estilo?-esbozó una sonrisa y dejó salir una grave carajada silenciosa.
-No… ni un poquito-sonrío de nuevo.
-¿Qué pasa?-le pregunté aún más curiosa dejando los susurros de lado.
-Mmmh…-pensó de nuevo con el ceño fruncido-no sé cómo explicarlo.
-¿Me podes mostrar?-le pregunté esperando que dijera que sí.
-Claro-sonrió y pasó una última vez sus fríos dedos por mi piel-Ahora, dormí…-me dijo sonriendo.
-¿Vos no vas a dormir?-le pregunté de nuevo, buscando distracciones para seguir escuchando su voz.
-Yo no duermo-rió un poco.
-¿Nunca?-estaba sorprendida
-Nunca…
-¿No extrañas soñar?-le pregunté impresionada con ojos brillantes.
-A veces-sonaba desilusionado-Ahora dormite, mañana interrógame todo lo que quieras-sonrió.
-¿te vas a quedar conmigo?-tenía muchas esperanzas de que dijera que sí.
-Claro…-me sonrió manteniendo distancia.
-Agg…-me quejé sin sacarle los ojos de encima-Ayer no quería ir al colegio por que ibas a estar… mañana no quiero ir al colegio por qué no vas a estar-sonreí.
-¿Y cuál es la diferencia entre ayer y mañana?-sonrió sin comprender mi razonamiento.
-Hoy.

jueves, 4 de marzo de 2010

VI: Black invitation to this place that cannot change

Mi mañana comenzó como todas, estaba nublado y por primera vez, no quería que lo estuviese. Me daba terror encontrarme con Jared, quien seguro iría al colegio. Pase las primeras horas escuchando todo lo que me había perdido en la playa, de las voces de mis amigos. Todos sonaban bastante emocionados contándome cada detalle de los días en la playa. Me formé en la línea del almuerzo y con cuidado mire sobre mi hombro en busca de Jared. No lo encontré así que mi respiración se calmó y caminé detrás de Bridghet hacia mi asiento en una mesa en el centro de la cafetería.
-Bueno, escúchenme, el viernes hay una fiesta en el gran salón de la calle Peterson. Mis padres la están organizando para darles la bienvenida a los Applewhite. Están todos invitados.
-¿A los Applewhite?-dije con la voz temblorosa.
-sí, ¿Hay algún problema con eso?-preguntó mi amiga sospechando de mi voz insegura.
-No, para nada-le dije dejando ir un poco de aire.
-¿Estuviste con él mientras nosotros nos divertíamos en la playa?-preguntó Rayley sonriendo mientras sacudía su cabellera color caramelo a los lados fingiendo emoción.
-A mí me suena bastante divertido-sonrió Bridghet.
-Así que… Applewhite-Ernest se burló con los ojos brillantes.
-No, no es como parece-traté de sacar cualquier acusación.
-¿No es?-dijo Rayley y todos enarcaron las cejas al mismo tiempo como si lo hubieran ensayado y me dejaron callada.
-¿Saben una cosa…?-todos sonrieron a la espera de que continué mi pregunta, pero fui milagrosamente salvada por la campana-Tengo clase-les sonreí y me paré llevando mi bandeja.
No quería entrar a esa clase, tome mucho aire y apenas entré su olor me distrajo, se encontraba junto a mi asiento ahora vacio, mirándome. Camine dando pasos cortos y temerosos hasta sentarme junto a él. La clase empezó con las palabras de la profesora, la verdad no entendí de que hablaba estaba muy concentrada en saber si me miraba o no, y si lo hacía, todo el tiempo. La profesora nos dejo con la tarea asignada, pero no había escuchado nada, respiré hondo y le miré. Una sonrisa iluminó su rostro perfecto.
-Perdón por lo de ayer-se disculpó-no pretendía asustarte.
-No fue por eso que me fui-le expliqué pero mi voz no sonaba convincente.
-¿Entonces?
-Entendí porque decías que no me podes gustar-susurré tímida pero segura de que me podía escuchar.
-¿En serio?
-No, pero puede que tenga razón…-tome aire con temor.
-Me lo dices después de clases-su voz sonaba casi preocupada y su rostro estaba tenso-Ahora, decime… ¿Por qué te mudaste aquí?-me quedé mirándole, no sabía si responderle, pero sus ojos llenos de intriga me dejaron sin alternativa.
-Mi papá murió hace unos años, y mi abuelo necesitaba compañía.
-Lo siento-sonaba sincero y sus ojos me lo confirmaron.
-¿Por qué viniste vos?-Le pregunte ahora yo.
-Era tiempo de volver-dijo sonriéndome-Pero no sabíamos que nos íbamos a encontrar… menos yo.
-Pauline… es tu…-le pregunté sin formular la pregunta completamente dejando que él lo hiciera.
-Hermana-un alivio me invadió de repente-Siempre ha sido mi hermana, ella no quiere que me acerque a vos-bajo la mirada a sus manos.
-Oh-dije dejando salir mucho aire, lo que hizo que su rostro se frunciera-Lo siento-susurré y él rió por lo bajo.
-No me puedo imaginar lo molesto que debe ser mi olor para ti.
-¿Mi olor es molesto para vos?-le pregunté preocupada.
-Ya no. Al principio no lo podía soportar, agradecí mucho esos días de sol después del primer día de clases-me sentí avergonzada.
-Lo siento mucho-no sabía si esas eran las palabras correctas.
-No es tu culpa, además ya me acostumbre y puedo vivir con ello.
-Tu olor no es feo,-fruncí el seño analizando su empalagoso olor-es algo cansador, pero no está mal-susurré con una pequeña sonrisa.
-Se supone que tiene que ser así…-negó con la cabeza sus palabras-Por eso no debemos ser amigos.
-Pero yo quiero…-le dije insistiendo-No tengo miedo.
-Es estúpido-me acusó-se supone que somos enemigos por naturaleza, no podemos ser amigos.
-¿Querés?-le pregunté con la voz temblorosa terminando de escuchar lo que ya sabía.
-Claro-afirmó con los ojos sinceros con la voz entre cortada, algo que nunca había escuchado en su voz perfecta-Pero está mal-repitió y reí despacito ahora con más confianza.
-Cualquier cosa que sea buena o mala ya no es importante-él me sonrío adorablemente. Que daría yo, por contemplar su sonrisa eternamente. Era simplemente lo más perfecto del universo. No había cosa que se le comparase en ese momento, todo me parecía demasiado gris y aburrido cuando él sonreía. La clase terminó aún más rápido con él sonriéndome y mirándome todo el tiempo. Su voz era grave pero musical, tenía un leve acento inglés que se le escapaba de rato en rato en algunas palabras, pero eso lo hacía aún más irresistible, aún sabiendo que éramos enemigos, y que él de alguna forma era peligroso. No fui a gimnasia, y me fui a mi casa ignorando que dirían. Llegué a mi patio pero pensé que era aún muy temprano así que deje a un lado del porche mis cosas del colegio y caminé hasta la biblioteca esperando encontrar respuestas ahí. Llegué y le pregunte a la bibliotecaria si tenía algún libro de leyendas locales, esa era mi búsqueda principal. Me indicó un par de libros en los que hablaban de cómo algunos jóvenes escogidos, varones, se convertían, al llegar a una edad razonable, en los protectores del bosque. Descritos como bestias peludas y valientes, que podían alcanzar una inexplicable velocidad en tan solo segundos estando en cuatro patas. Solo hablaba de cómo estos seres protegían el bosque, no especificaban de quien, o de qué y tampoco decían nada parecido a las historias de mi abuelo.
-¿Encontraste lo que buscabas?-me preguntó la bibliotecaria.
-No-negué decepcionada.
-Tal vez estas buscando en los libros equivocados, ¿Qué quieres saber?
-Mi abuelo me contaba mucho unas viejas leyendas locales, y quería saber un poco más.
-¿cosas como profecías?-me preguntó caminando a un estante diferente y pasándome un par de libros grandes-Ya está, creo que esto te servirá-me sonrío la anciana y se fue a sentar, mientras yo buscaba hoja en hoja algo que me fuese a aclarar mis dudas. Nada era bastante bueno, hasta que encontré exactamente lo que buscaba, él capitulo titulaba “La elegida”, contaba la historia de que cada cierto tiempo nacía una niña entre la manada. Las palabras de mi abuelo se repetían con más precisión de lo que jamás me esperaría. Decía que la razón de la llegada de esta niña especial, era la llegada del enemigo más grande del bosque y de los humanos, ella vendría a salvar a todos. De pronto una enorme responsabilidad cayó sobre mis hombros, una responsabilidad que me empezó a doler al pensar de lo que tenía que salvar, era de Jared Applewhite. Seguí leyendo cada palabra y descripción de lo que iba a pasar. “…Muerte a los no vivos” decía en una parte y recordé lo fría y dura que era su piel. En ese momento, ya sabía de lo que hablaba Jared, por que no podíamos ser amigos, o algo más. Lo que estaba buscando, eran las palabras correctas para explicarme lo que él era y al final de la última página del libro, en letras pequeñas entre un paréntesis, venía escrito: Vampiro.

V: Let's not forget about the fear

Dormí como nunca me había dejado dormir antes a mí misma, pero soñé con él de nuevo, y su olor. Su olor tan particular. Estábamos en el mismo escenario de mi sueño anterior, solo que ahora ambos nos admirábamos con casi la misma intensidad que aquella misma noche. Pero noté entre nosotros cierto sentimiento tan fantástico que no llegué a describir, de pronto sentí como cambiaba a un asfixiante pánico me llenó cuando dos bestias peludas, casi del tamaño de un oso lo tenían acorralado. De nuevo no me podía mover. Traté de luchar contra mis instintos que me gritaban que saliera de ahí, pero yo quería ayudarle. Fue inútil, mis piernas corrieron entre el bosque a tal velocidad que no supe cuando fue que me encontraba de nuevo cerca del piso aún a gran velocidad entre los árboles. Me detuve a orillas de un pequeño río que pasaba silencioso cerca de ahí, me acerqué pero al dar un paso noté mis manos diferentes, las cerré en puños sobre la tierra y me asomé con temor al agua. No era yo. Era un algo más parecido a un perro que a un ser humano. Algo me aseguraba que era yo, algo en el color del pelaje de aquel animal bestial reflejado en el agua, pelaje de color chocolate oscuro, y caía largo tal y como mi cabello era. No estaba completamente segura hasta que encontré mis ojos grises en el reflejo de la criatura. Todo era silencioso hasta que le escuche gritar con dolor, lo que me estremeció y quedé petrificada conteniendo un grito desesperado. Me desperté casi sin respirar, revisando cada parte de mi cuerpo esperando no encontrar pelo en exceso y patas en vez de manos. Todo estaba en orden, mira a los lados y me encontré con Chris mirándome con cara de estar pensando que era una loca, miré la hora y eran casi las tres de la tarde. Me levanté de un salto y corrí escalera abajo, mi abuelo se encontraba mirando televisión y mi mamá no estaba.
-A vos sí que es difícil de despertarte…-rió por lo bajo y me miró-¿Todo en orden?-me preguntó de nuevo y me senté en la primera grada de las escaleras.
-Sí, creo que sí-admití un poco enojada conmigo-¿Alguien llamó?-pregunté al azar.
-Sí-dijo y no me lo esperaba-Una amiga tuya, ¿Rayley?-dudó-Quería que te diga que les llovió y que iban a volver antes de lo esperado.
-Oh, eso es bueno-sonreí desganada porque seguí con el shock de aquel sueño bizarro.
-¿Quieres comer algo?-preguntó.
-Está bien, ya veré que como-le dije para que no se preocupara. Escuche uno de los titulares en las noticias locales que mi abuelo veía en la televisión.
-Esta mañana fueron encontrados los cuerpos sin vida de cuatro turistas en las cercanías de la localidad de Port Townsend. Las razones de la muerte son desconocidas más los cuerpos llevan de dos a tres días sin vida. Algunos testimonios afirman haber visto bestias en el bosque reviviendo algunas viejas historias locales, por otro lado la policía averiguó dejando en conclusión de que un animal muy grande merodeaba por los bosques del condado de Jefferson, y viendo la cercanía Port Hadlock sería el siguiente lugar con victimas…-Intrigada y ahora con aún más preguntas comí algo sin decir ni una palabra, en eso mi mamá llegó del supermercado, nos comentó que había visto a la vecina en la sección de verduras y que habían hablado. También dijo algo sobre el precio de los vegetales y un par de cosas que ignoré por tratar de imaginarme a la madre de Jared. Cuando terminé de comer, me tomé una ducha y decidí salir a caminar un rato con las esperanzas ocultas de encontrarme de nuevo con él. Pero en vez de seguir la acera decidí caminar por el delgado sendero entre los árboles detrás de mi patio, no tenía miedo a pesar de que algo merodeaba por los bosques de Jefferson. Iba caminado, tranquila y completamente segura de estar sola. En lo que más me entraba al bosque, este se iba obscureciendo con más intensidad. Creo que en realidad lo que buscaba eran respuestas, respuestas a algo que no entendía. La noche caía despacio sobre mí y con este la curiosidad de saber que pasaría. Estaba casi absolutamente obscuro cuando escuche unos leves movimientos entre las plantas, no veía nada, estaba muy obscuro. Decidí volver a casa pero no veía nada, escuché como algo se acercaba, sea lo que fuera, despacio hacia mí. No tenía miedo, era raro, porque de algún modo pensé que habría la oportunidad de que fuera él. Empecé a olfatear mi entorno en busca de su aroma empalagarte, pero fue entonces cuando lo que se acercaba a mí se apuró en atraparme y yo seguía sin ver u oler absolutamente nada. Fueron más de unos pocos segundos antes de sentir su olor despeinando mi cabello en una rápida briza que me trajo a él frente mío, protegiéndome de algo que no alcanzaba a ver u oler. Un rugido amenazante desgarró su garganta, lo que hizo que cualquier cosa que fuese apunto de atacarnos, corriera en sentido contrario. Su mirada oscura para entonces se volvió a mí con un toque de cólera. Me tomó por el brazo sin dejar de caminar, y prácticamente me arrastró fuera del bosque. Su mano al tacto de mi piel era como hacer chocar un iceberg con lava. Dos completos opuestos, pero no se sentía mal.
-No estás lista todavía para entrar sola al bosque-me dijo en voz monótona, no dijo nada más hasta estar totalmente fuera del bosque a la vista de un poco de luz solar casi invisible-No vuelvas a entrar sola-me prohibió-ya no es lo mismo-volvió a repetir pero ahora era un susurro casi tentador.
-Bueno-dije y mi tono de voz sonó casi insolente-¿Qué era lo que estaba ahí?-le pregunté confundida.
-¿No lo oliste?-me preguntó confundido y negué con la cabeza.
-Jared-dije mirando a un lado con timidez-¿Qué eres?-le pregunté-¿Qué soy?
-No es la pregunta correcta-me dijo y miraba a mis ojos con intensidad-la pregunta es qué vas a ser-Era casi imposible evitar su mirada, pero él solo sonrío ante mi estupefacta mirada-Nos vemos en clases-me dijo y volvió caminando a su casa. No entendía nada, ¿Qué acababa de pasar? Sabía que las respuestas a mis preguntas tendrían que ser respondidas, en algún momento, y trataría mañana.
Me di vuelta hacia el bosque de nuevo y no pude ver nada. La noche estaba presente, y como había dormido hasta tan tarde esa mañana, no tenía ni un poco de sueño. Me quedé pensando hasta que por fin quede completamente dormida a unos pocos minutos de que el sol saliera de nuevo.
Al día siguiente mi sueño no duró toda la mañana, baje lo suficientemente temprano como para poder desayunar y después de ver un poco de televisión almorzar. Pensé que mis amigas estarían en la ciudad para entonces, pero decidieron terminar el fin de semana allá. Salí a caminar de nuevo, con las esperanzas de encontrarme con él. Caminaba hacia un muy pequeño parque cerca de la entrada Este del bosque que rodeaba el pueblo, caminaba en silencio mirando mis pies con cuidado cuando me encontré con un centavo de la suerte. Me quedé mirándole, pensando si recogerlo o no y llegué a la conclusión de que sería mejor dejarlo ahí. Estaba por seguir caminando y sentí que alguien me hablaba de atrás mío.
-¿No lo vas a levantar?-su voz musical vino acompañada con su particular olor y una sonrisa.
-Tengo suficiente suerte como para levantarlo-le dije pero trataba de evitar mirarle.
-Entonces…-se agachó y recogió la moneda-Oh, mira-exclamó-un centavo de la suerte, debe ser mí día de suerte-sonrío sin dejar ver sus dientes, que apostaba, eran perfectos. Me hizo una seña para que sigamos caminando hacia adelante-¿A dónde ibas?-me preguntaba con tanta naturalidad que se me olvidaban las tantas preguntas.
-Solo caminaba, no tenía un lugar especifico, pero… ¿y si nos sentamos?-le ofrecí y el sonrió. Hubo un corto silencio en ese momento, pero no era incomodo, sentía sus ojos sobre mí siguiendo cada movimiento que hacía mientras trataba de concentrarme en lo que tenía para decir-Jared…-empecé-¿Qué había en el bosque?-le pregunté aún sin mirarle.
-¿Puedes olerme a mí pero no a uno de los tuyos?-preguntó casi riéndose de mí.
-¿Sí era uno de los míos porque quería atacarme?-volví a preguntar.
-Son salvajes-me dijo-no se puede confiar en ellos, inexpertos-su voz sonaba sombría pero sin importar cuán irónico suene, no sabía de que hablábamos, ¿qué era yo? ¿Qué era él? Esas eran mis eternas preguntas.
-Nunca me respondiste-le susurré al cabo de unos segundos.
-No puedo decirte, vos tampoco a mí-me dijo.
-No lo haría aunque quisiera-revoloteé los ojos.
-No vas querer estar conmigo después de que te pase-me dijo muy seguro, pero no sabía a qué se refería.
-No creo que eso sea posible-susurré tratando de que no me escuchara-me gustas mucho.
-No deberías-me dijo cortante-a mí tampoco me deberías gustar-rió adorable.
-Ni siquiera te conozco-volví a susurrar-ni siquiera me conoces-baje la mirada.
-Te estuve viendo-sonrío y jure sentirlo avergonzado-Sos muy hermosa-reí-sos tan diferente a todas las mujeres que he conocido en mucho tiempo… tan… inteligente… a todas las demás, digo en tu forma de pensar y resolver las cosas.
-Y seguro conociste muchas-me reí muy segura entre palabras.
-No tantas como piensas, al parecer soy un poco intimidante, y prefiero mantener distancia.
-No veo la razón-me encogí de hombros.
-¿No tenés miedo?-me preguntó con una mirada amenazante.
-No-sonreí tímida-¿Debería?
-Muchísimo-Me reí y hubo silencio de nuevo pero este no duro casi nada.
-¿No me podes decir nada?-le pregunté de nuevo-Me siento muy estúpida-le dije entre risas y él me miró pensativo. Después de unos segundos viendo mis ojos me pidió mi mano, sin pensarlo se la di.
-¿Sentís?-me sostenía la mano con delicadeza-Soy frío-solo sonrío. No entendí al principio pero pronto las palabras de mi abuelo corrieron por mi cabeza, entonces le solté guardando mi mano en un puño sobre mi pecho-Me gustas-repitió-Y está mal-afirmó cuando se dio cuenta de lo que pensaba.
-Me tengo que ir-le dije con la respiración entre cortada-No puedo estar con vos… Perdón-me disculpé poniéndome de pie aún sintiendo sus dedos fríos sobre mi mano, sosteniéndola como si se fuera a romper si la apretaba mucho, aunque no lo estuviera haciendo.

IV: In dreams

Pensé haber despertado en aquel enredo de helechos y plantas secas. Ignoraba que llevaba puesto, y el hecho de que estaba completamente sola. Solo podía sentir ese olor que al cabo de segundos empezó a convertirse en dos opuestos diferentes, por un lado era totalmente irresistible y me tentaba seguir tras aquel olor, pero por otro, este llegaba a ser repulsivo y me mantenía en mi lugar, sin saber qué hacer. Dejé salir muchísimo aire, y fue cuando unos cuantos rayos de sol aparecieron al terminar de los arboles. Traté de moverme, pero fue inútil, por que cuando quise mover un pie hacía alguna dirección vi asomarse con ojos curiosos a Jared, era fantástico aún en la sombra, su mirada me tenía intrigada, me miraba confundido, y entendí que el olor provenía de él. Deje salir aire, y como si le hubiera rosado su pálido rostro, se movió molesto hacia un lado alborotando su cabello dorado opaco. Fue entonces que desperté de verdad y me senté de un tirón en el sillón. Mi brusco movimiento hizo que Chris se molestara y se fuera para mi cuarto. No tenía idea de que hora era, mire entre mis manillas mi reloj de plata, pero estaba demasiado obscuro para ver la hora. Supuse que era bastante tarde, me levanté y me fui a mi cuarto. Pero conciliar el sueño fue aún más difícil que antes, porque ahora me intrigaba saber, porque había soñado con Jared Applewhite. La siguiente mañana fue algo muy soleado para mi gusto. Me levanté apurada para ver el reloj cerca de mi escritorio. Era aún temprano, lo suficiente como para bañarme. Me vestí confiando que haría calor, salí de mi casa sin desayunar con la escusa de estar emocionada por ver el sol. Caminé al colegio como siempre, pero esta vez noté que todas las ventanas de la casa de los Applewhite estaban cerradas, y el auto no estaba. En clase, fue un poco menos aburrido cuando hable con Rayley y Bridghet, quienes pudieron explicarme sobre los chicos que me habían hablado el día anterior, y extrañamente resultaban tener razón. Eran dos compañeros que siempre habían estado en el colegio, solo que era demasiado reservado como para que alguien los notara, pero al parecer nosotros solíamos pasar mucho tiempo en los recreos cuando estábamos en la primaria. Este año todos hablaban de ellos, por su extrema transformación de súper nerds a ‘¡Oh dios mío!’ Que era lo que me impedía recordar quienes eran. Cuando llegó el momento de ir a Literatura no podía esperar a verle llegar por la puerta, pero no lo hizo. Todos entraron y la profesora llamo la lista, pero nada paso. Era como sí el no existiera. Me puse a hacer unos dibujos en mi cuaderno cuando una pequeña luz me iluminó desde la ventana, pensé que tal vez el sol tenía algo que ver. Pero después me convencí de que yo estaba loca y que tal vez tenía cosas que hacer.
Llegué a casa y mi abuelo sonreía.
-Hola, ¿Pasó algo nuevo?-le sonreí sin saber a qué se debía su sonrisa.
-No, nada de nada…-sonrió y entró a la casa después de mí. Prendió el televisor y me senté junto a él. Tenía tan claro el sueño de la noche anterior que me intrigaba saber por qué había sido esto, un vago recuerdo de una de las historias que Carl me contaba cuando era pequeña recorrió despacio por mi mente. Lo que me llevó a preguntar.
-Carl…-susurré mirando el televisor como él lo hacía, pero en realidad miraba de rato en rato por el rabillo del ojo.
-Se supone que me tienes que llamar, abuelo-rió entre dientes.
-¿Te acordás esas historias que me contabas cuando era niña?-le pregunté y él quedo paralizado en su silla-Las de la mujer… no lo recuerdo…-le dije mintiendo y negando levemente con la cabeza.
-¿Por qué quieres saber eso ahora?-me preguntó sin quitar los ojos del televisor y yo me encogí en hombros. Suspiró pesadamente y apago el televisor, pero sus ojos aún no me miraban-Cuenta la historia de que cada cierto tiempo, en la manada de los lobos, nacía una niña especial… la única mujer en la manada-de pronto sus ojos turquesas se pararon para encontrar mis desesperados ojos grises.
-¿Por qué dices ‘mujer’ y no… hembra? Es un animal, ¿no?-le miraba confundida y él solo me sonrío para después prender la tele sin decir absolutamente nada. La piel se me erizó por completo, tenía tantas dudas que no podían ser conciliadas en ese momento-¿Los lobos tienen enemigos?-le pregunté temblorosa.
-Los lobos están aquí para protegernos-susurró mirando el televisor probablemente sin prestar atención.
-¿No hay nada más peligroso que ellos en el bosque?-le volví a preguntar.
-No dije eso-sonrió de nuevo.
-¿son sus enemigos?-volví a preguntar sin saber a quién me refería.
-Son los enemigos de todos-mis ojos salieron por la ventana y miraron con expresión asustada la casa de enfrente, no sabía bien a lo que se refería y temía preguntar-Por eso no debes acercárteles-el susurró de Carl quien tenía los ojos en la misma dirección que yo, me hizo recorrer un frío por toda la espalda. Pero seguía sin comprender nada.
-Me siento mal-dije por un repentino mareo que me hizo caer sobre los almohadones del gran sillón de cuero.
-Vas a estar bien-me dijo sin hacer nada. Me quede recostada sobre el sillón de cuero con los ojos cerrados, podía escuchar el juego en proceso y a mi abuelo con su profunda respiración. No estaba dormida, eso era seguro pero llegó el momento en el que no escuché nada, abrí los ojos y estaba en mi habitación con los pijamas puestos. Suspiré y vi como Chris dormía profundamente junto a mí. Los siguientes días fuero soleados y aburridos como los anteriores, y Jared no apareció. El fin de semana parecía que iba a estar tan soleado y despejado como toda la semana, así que todos mis amigos decidieron irse a la playa, pero a mí no me dejaban ir, tampoco tenía muchas ganas ya que últimamente me sentía muy enferma, me cansaba de hacer nada y cuando corría veinte vueltas a la cancha, no me caía ni una gota. Era sábado y a pesar de que el día empezó bastante despejado, para la tarde empezó a ventear y se sentía como el frío llegaba de a poco. En la noche, decidí salir a caminar sin decir a mi mamá mi exacta ubicación. Caminaba sin rumbo alguno, ese pequeño pueblo sin mis amigos, era bastante aburrido. Caminé hasta un restaurante que había a unas cuadras de mi casa. Me senté en una de las mesas del rincón. La mesera se acercó para darme el menú, mi sorpresa fue que una vez ya decidida que iba a comer, baje el menú y un par de mesas mas allá se encontraba él, no me miraba, pero tarde o temprano lo haría, el lugar estaba vacío además de la mesera, el cocinero y la señora en el bar. Escuché cuando mi pedido estaba listo seguí con la mirada a la mesera, caminaba lento y casi coqueteando con él. Cuando ella dejo el plato con una muy bien surtida ensalada de frutas sobre mi lado de la mesa, levanté la mirada tímidamente, tratando de ver si ahora me miraba, y lo hacía. Desvié la mirada rápidamente, lo que hizo que su risa se hiciera grave y casi insonora, me metí el primer bocado de comida a la boca, mirándole sin pensar en nada en absoluto. Había un leve silencio en el lugar, que su voz musical y grave rompió con belleza.
-¿Moscú? ¿Berlín? ¿Alaska? ¿Poznan?-empezó a preguntar con los ojos fijos en mí. Yo miré detrás de mí y me encontré con el empapelado. Volví a él y sonreí.
-¿Huh?-le dije sin entender de que hablaba.
-Dijiste que vivías en un lugar más frío que aquí…-me recordó.
-Oh, sí, vivía en un pueblito algo más grande que Port Hadlock, en Nunavut… eso es al sur de Canadá-le informé y me sonrío, yo le correspondí para después meterme un poco más de ensalada de frutas a la boca-¿Por qué no fuiste al colegio todos estos días?-le pregunté una vez que había tragado.
-Tuve que hacer algunas cosas…-me dijo sin tener las intenciones de contarme.
-Oh… te estás perdiendo mucho de las clases… no creo que sea bueno-le dije un tanto preocupada, pero él solo río, su risa me encantaba era grave y divertida.
-No te preocupes por eso-me sonrío de nuevo, y se paró para sentarse en mi mese al frente mío. Volví a meterme otro bocado de ensalada de frutas y esta vez fue él quien habló-¿Por qué no fuiste a la playa con los demás?-su pregunta precia casi preocupada.
-No… sé, prefiero quedarme con Carl y mi mamá… y Chris-reí despacio y de nuevo ese olor rozó mi rostro, traté de adivinar de donde venía mirando a un lado, pero fue inútil. Volví la mirada a él y vi como intentaba no respirar, su mirada era un tanto de repulsión. Me entró curiosidad así que le pregunté.
-¿Hueles eso?-le pregunté olfateando-¿Qué es?-le volví a preguntar y se encogió de hombros pero sabía que él sabía.
-¿Qué hules?-me preguntó curioso acercándose a mí.
-No es feo, pero es algo molesto-le dije y él sonrío, nos quedamos en silencio, rodeados por ese olor particular, solo nos mirábamos.
-¿Qué sabes?-me preguntó y en ese momento supe de que hablaba.
-No tanto como quisiera saber-admití.
-¿Sabes que soy?-me preguntó y enfatizó en el que.
-Creo que sí.
-Yo sé que sos vos-admitió y le miré raro, ¿qué era yo?
-¿Qué soy?-le pregunté y él sonrío casi burlón.
-No es importante lo que seas, o lo que vayas a ser. Lo que sí… es lo que nosotros somos-no me había dado cuenta de lo bajo que estábamos hablando, y de lo cerca que tenía su perfecto rostro de piedra pálida, entre nosotros había algo extraño, de mi parte había una calidez agobiante y de él venía un frío invernal que me hacía recuerdo a mi casa en Canadá. Pero estos extremos se chocaban entre nosotros, haciendo aquel olor aún más penetrante e irritante.
-¿Qué somos?-volví a preguntar tratando de esconder el temor de mis ojos, cerrándolos. Pero yo sabía la respuesta.
-Trato de no pensar en eso-le sentí sonreír muy cerca de mí.
-Pensá, decime.
-No-rió y se alejó de mi rostro, entonces abrí los ojos-Y lo que hueles, probablemente soy yo-rió de nuevo, se paró para pagar el café que había dejado a dos mesas de la mía y se fue.
Me quedé un momento más pensando en sus palabras y en su intensa mirada de ojos dorados casi como si tratara de igualar el color de su cabello, que era un par de tonos más oscuro. Cuando terminé de comer mi ensalada de frutas me paré para pagar pero la mesera me dejo saber que Jared ya me la había pagado. Me sentí frustrada pero a la vez alagada. Salí de ahí casi corriendo, camine las primeras cuadras hacia mi casa y la lluvia me cayó encima. No me importaba mojarme, estaba tan concentrada en mis pensamientos que fue fácil ignorarla. Entré a mi casa directo a mi cuarto, donde caí completamente dormida en mi cama.

III: Back up my mind

Después de ese extraño momento con Jared, corrí al gimnasio para mi siguiente clase que afortunadamente compartía con Bridghet. La profesora nos hizo correr alrededor de la cancha una y otra vez.
-Entonces… ¿Cómo estuvo Literatura?-preguntó y adiviné que sabía que Jared estaría ahí.
-Normal-le dije un poco agitada por la corrida.
-¿Eso es todo? ¿Normal?-rió y yo sonreí-¿Qué te dijo? ¿Hablaron?-me empezaba a sentir como en un interrogatorio.
-Tranquila sargento, no paso nada, solo hablamos un rato sobre alguna estupidez… y eso fue todo-le aclaré y para que no siguiera con las preguntas me le adelanté. Como nunca, era más fácil para mí correr, casi no me sentía cansada. Mi respiración era algo acelerada pero no estaba cansada. Después de dar aproximadamente unas quince vueltas a la cancha, la profesora nos puso a hacer abdominales, y Bridghet encontró la forma de ponerse junto a mí.
-Odio esta estúpida… clase-repetía una y otra vez mientras se esforzaba haciendo abdominales.
-No esta tan mal-le contradije viendo que no me costaba tanto hacerlas, ella no dijo nada, solo me miro con cara de pocos amigos y siguió en su cuchicheo contra la clase. Pasaron unos minutos y la profesora nos dejo descansar, fue ahí cuando se me ocurrió preguntarle-Bride…-comencé-¿Huelo mal?-le pregunté casi sin mirarle, era una pregunta tonta, pero realmente quería saberlo. Ella se acercó a mí y olfateó con distancia.
-Nope, casi ni sudaste… holés a manzanas-me sonrió y me di cuenta de que tenía razón, no tenía sudor en la frente o en el cuello como mis demás compañeras, era casi como si no hubiera hecho nada en absoluto.
-Mañana voy a estar muy macurcada-me quejé y ella rió conmigo mientras nos dirigíamos a los casilleros. La acompañé hasta su casa y de ahí camine sola hasta la mía. No tenía muchas cosas en mente, más que cual sería la razón de por qué no sude ni una gota. Más adelante, casi llegando a mi casa, dos compañeros de clase, se me acercaron. A pesar de que siempre les veía nunca había hablado con ellos, me parecían algo exenticos, y no me apetecía conocerlos en absoluto. Uno era alto y corpulento, con la piel un poco más morena que la mía, pero aún se acercaba. El otro era más bajito pero igual de corpulento, ambos con redondos y grandes ojos negros, con el cabello desordenado y opaco combinando con sus ojos.
-Hola-les dije confundida tratando de adivinar que era lo que pensaban.
-Hola-me sonrió el que casi igualaba mi estatura… el más bajito.
-¿Se les ofrece algo?-pregunté con duda.
-No te acordás de nosotros, ¿eh?-dijo entre risas el más alto-Teníamos el cabello largo antes…-me ayudó pero fue inútil.
-No, lo siento-les hice a un lado para poder seguir caminando.
-Yo soy Tomas y él es John, ¿no te acordás? Jugábamos mucho antes.
-No, perdón, no me acuerdo-le repetí de nuevo sin siquiera hacer el esfuerzo en recordar.
-Mmhh, pensé que ya era tiempo, pero creo que nos equivocamos-rió el más bajito y les escuché caminar alejándose de a donde me dirigía.
-Oh, Sammy, Applewhite, not good-gritó el más alto y me detuve para mirarle, pero ellos ya estaban muy alejados. Enarqué las cejas y caminé a mi casa tratando de olvidar el pequeño encuentro. Carl estaba sentado en el porche mirando la calle, cuando llegué su sonrisa se ilumino, pero no entendí.
-Hola, hermosa, ¿Cómo estuvo tu día?-me preguntó con una enorme sonrisa.
-Bien… un poco raro, pero bien.
-¿Qué pasó?-me preguntó con intriga pero no sabía que responderle, “el chico Applewhite, sí, el vecino, el que me dijiste que no hablara con él… hablo conmigo y prácticamente me dijo que apestaba”…o tal vez un “Corrí quince vueltas a la cancha del colegio e hice treinta abdominales sin cansarme o sudar”.
-Sólo me cansé, eso es todo-suspiré y entré a la casa, deje caer el bolso en cualquier parte, Chris corrió a mí cuando me vio llegar, el gatito si bien no me hacía caso en muchas cosas, me quería. Me dejé caer en el sillón y prendí la tele.
-Sammy, ¿qué tal tu primer día?-mi madre siempre me mimaba en exceso, se acercó a mí con una bandeja con galletas y leche.
-Aburrido-le dije sin prestarle mucha atención y cambiando una y otra vez hasta que encontré una antigua película de terror. “Nosferatu”, uno de mis clásicos favoritos, y lo más importante, sabía que nada de esa película podría ser real. Eso en especial, era lo que más me gustaba. Chris estaba recostado sobre mi pecho mientras yo le acariciaba muy concentrada en la película, hasta que mis dedos se encontraron con algo entre su piel, lo moví para ver que llevaba un collar, seguí con los dedos el collar hasta encontrar una placa que decía “Chris, en caso de extravíos llamar a Samantha Green, Port Hadlock”.
-Mamá…-la llamé.
-¿Eh?-asomó su cabeza por la puerta de la cocina mientras cocinaba algo.
-¿Cuándo le pusiste este collar a Chris…?
-Hace más de una semana, Sam, ¿En qué mundo vives? -le escuché reír dulce-¡tiene una campanita!-rió más fuerte y me di cuenta de que hablaba.
-Oh…-susurré-Gato, tonto-le sonreí a mi amiguito felino y continué viendo la película. En el momento menos pensado me quede completamente dormida, mi sueño era difícil de describir, corría a toda velocidad entre los árboles que yo conocía. Grandes robles llenos de vegetación, y hojas color verde casi fosforescente a mis ojos, no me podía detener. Pasaron alrededor de diez segundos para que me diera cuenta que no corría a mi estatura normal, estaba más cerca del piso de lo que nunca había corrido antes. Después de otros diez segundos de correr sin parar, conseguí el control de mi propio cuerpo, me detuve lento. Y otra vez aquel olor empalagoso estaba en el aire, y absolutamente, no eran manzanas.

II: Down the hall

El fin de semana antes de entrar a clases de nuevo, fue largo y aburrido, principalmente porque casi todos mis amigos decidieron ir a la playa todo el fin de semana, pero yo no podía dejar a mi madre y a Carl solos. Además sentía tanta intriga de saber cuál era su nombre, a pesar de que con el pasar de los días encontré su actitud un poco arrogante, hasta totalmente descartarlo de mi lista de intereses, obviamente encabezada y protagonizada por él. La mañana del lunes azotó mi ventana y con él un sueño que me dejo aterrada, pero tan pronto abrí mis ojos, no recordaba por qué. Decidí tomármelo con calma, y vestirme para mi primer día de clases. El sol esa mañana nunca decidió salir, lo que era normal en esa zona. En cualquier momento llovería, eso era seguro así que cuando estuve lista, con el cabello amarrado en un rodete, me dirigí directo a la puerta de entrada con la casaca en el brazo.
-¿No vas a tomar desayuno, Sam?-preguntó mi madre al verme salir disparada.
-No, estoy bien mamá- le aseguré.
-Por lo menos una manzana, ¿Sí?-me volví a la cocina, recogí la manzana, sonreí y me despedí de Carl junto con mi madre, ambos me desearon suerte mientras corría por la puerta. El camino hacia el colegio no era más de dos minutos a pie, pero todos preferían ir en auto. Todos excepto yo tenían uno, lo que no me molestaba en absoluto ya que en ese pequeño pueblo no se necesitaba un auto. Iba caminando tranquila pensando que profesores me tocarían este año, cuando un Nissan Murano pasó a mi lado. Un auto demasiado rápido y grande para este pequeño pueblo. Me quede boquiabierta cuando vi que se dirigía al colegio y supuse que el auto le pertenecía a los Applewhite. Llegué al colegio cuando la campana estaba ya tocando. Entre a la oficina para que me dieran mi horario, la dulce señora que atendía siempre era buena conmigo, pero lamentablemente nunca recordaba su nombre ni ella el mío.
-Samantha Green-le dije removiendo el flequillo de mi rostro.
-Aquí tienes, querida.
-Gracias-le sonreí tratando de ser amable y salí directo a mi primera clase, Física, la cual compartía con Bridghet y como de costumbre nos sentamos juntas, sabía que el primer día sería como todos, cada uno se pararía y diría su nombre… a pesar de que todos nos conocíamos mejor que nadie. Estaba en mi mundo cuando me llegó el momento de presentarme.
-Soy Samantha Green…-mi mente estaba tan fuera del aula que mi voz sonó por demás monótona. Pensaba sin querer en los ojos del chico Applewhite, mientras trataba de ponerle nombre, ningún nombre era lo suficiente para lo que él era.
-¿Entonces, ya lo viste?-me preguntó en un susurro Bridghet.
-¿A quién?
-A tu vecino. Es realmente lindo-me dijo sonriendo-Es una pena que tenga novia… o lo que sea que sea ella.
-¿Quién?-le pregunté casi celosa.
-Pauline-el nombre de la supuesta novia salió de los labios mi amiga con lentitud, lo que me hizo repentinamente imaginarme que tan linda debía ser para que este con él.
-¿Pauline?-repetí.
-NO-me corrigió-se dice “P-O-L-I-N” es francés. Y ella es muy linda, ¿en serio no la viste?
-No-sacudí mi cabeza y me sentí decepcionada, por alguna razón que simplemente no comprendí. Pasaron las horas, y en lo único que pensaba era en por qué me deprimía tanto por un chico que ni siquiera conocía, un chico que ni su nombre sabía. Llegó la hora del almuerzo y yo iba de camino al comedor, la voz de uno de mis amigos me distrajo.
-¡Hey, Sam!-me volteé y vi los ojos grises de Ernest acercarse a mí.
-¡Hey!-me emocionaba tanto verle de nuevo, era muy bueno conmigo y realmente le consideraba un buen amigo después de tantos años juntos.
-¿Almorzamos?-me preguntó sonriente-Tengo muchísimas cosas que contarte…-me sonrío, sacándome las palabras de la boca.
-¡Yo igual!-sonreí mientras le veía alejarse. Entré a la cafetería ya menos preocupada, con mi horario en una mano, y mi bandeja de almuerzo vacía en la otra.
-Hola vecina-su voz me dejo paralizada, esta tan cerca que era difícil procesar todo con tanta rapidez.
-Hola-trataba de no sonar tan interesada por hablar con él, como realmente estaba.
-¿Ese es tu horario?-la segunda vez que hablo se paro juntó a mí para seguir la línea del almuerzo, fue entonces cuando percibí un olor bastante extraño, no era feo, pero era extraño, arrugue mi nariz y le miré descubriendo que se encontraba haciendo exactamente lo mismo pero miraba a todos lados tratando de descubrir que era. Llegué a la conclusión de que ambos habíamos olido lo mismo, alguna comida de aquella cocina rancia frente de nosotros.
-Sí…-respondí finalmente-Mi horario, ¿Por qué?
-Parece que tenemos Literatura a la misma hora-me miró sonriente, y tal vez ojos seductores desde mi perspectiva, pensé un segundo lo que estaba pasando, mientras contemplaba totalmente petrificada su mirada.
-No sé ni siquiera cómo te llamas-le dije negando con la cabeza y la voz de Rayley interrumpió el momento.
-Sam… ¿vas a venir…?-sonaba temerosa, y un poco tímida. Dos de las cosas que Rayley no era.
-Sí, voy detrás de vos-le dije sin quitar los ojos del chico Applewhite, quien con una sonrisa me despidió, y camine detrás de mi amiga. Terminamos de comer entre risas y fue bastante divertido, hasta el momento en el que Bridghet resaltó con una risita.
-Hey, Sammy, tu nuevo vecino no te quita la mirada de enzima-rió despacito, y me volteé para ver a qué se refería. Él estaba sentado en una mesa junto a una muy hermosa rubia de rulos perfectos, desde donde estaba sus ojos eran casi o igual de hermosos que los del chico Applewhite. Ella parecía enojada, molesta por algo, pero él no quitaba la mirada de nuestra mesa. El timbre nos aturdió y nos levantamos para dirigirnos a clases. A ninguno de mis amigos les tocaba la misma clase en ese momento porque yo tomaba Literatura avanzada, lo que me dejaba totalmente sola con él.
Llegué al aula arrastrando mi bolso hasta un asiento al fondo de la clase. Todos empezaron a llegar, y pronto el asiento junto a mí quedó vacío. Una parte de mí quería que el momento en el que el chico Applewhite pasara por la puerta, no dudara en sentarse junto a mí, pero cuando descubrí que eso sería totalmente imposible, me hundí en mis brazos cruzados sobre el pupitre. Escuche llegar a la profesora, y con ella a la persona que se sentó en el lugar, estaba tan segura de que no sería él que ni siquiera me molesté en mirar.
-Hola chicos ¿Qué tal las vacaciones?-preguntó la profesora sentándose en su silla-Oh, pero que tenemos aquí, me equivoco o ¿hay un nuevo alumno?-rió coqueta, y adiviné que hablaba de él-¿Cuál es tu nombre?-preguntó con un tono divertido.
-Jared Applewhite-su voz resonó en mi oído derecho, musical y suave, como una canción de cuna.
-Jared… Jared….-repitió la señora Underwood, dio un suspiro pesado y se dirigió a mí-¿Sammy, pasa algo?-me levanté de golpe, y sonreí sacudiendo la cabeza. Le escuché reír entre dientes junto a mí-Bueno, entonces, Jared, cuéntanos sobre ti… ¿De dónde vienes?-preguntó con un poco de coqueteo en su tono de voz.
-Viajo mucho con mi familia, nos gusta estar en constante movimiento. La última vez estuve justo aquí en Seattle-dijo con mucha naturalidad, la cual hizo suspirar a todas, incluyendo a la profesora y a mí.
-Entonces debes conocer mucha gente-afirmó la señora Underwood, poniendo su cara sobre sus manos en la mesa, dejando al descubierto una sonrisa que revelaba todas sus marcas de edad bien pronunciadas en los bordes de su rostro.
-Sí-dijo un poco avergonzado, a pesar de que su tez perfectamente blanca no se hubiera enrojecido, su tono de voz era tembloroso pero aún musical. La profesora suspiró y empezó a rebuscar entre sus papeles, lo que llevo a la clase a ponerse a conversar. Casi nunca pasábamos clases en esa clase, así que me parecía el momento perfecto para hablar con Jared. Me volví hacía él, sosteniendo con una mano mi cabeza, pero su perfección era intimidante, lo que hacía que se me hicieses difícil hablar con él.
-No viviste siempre aquí, ¿no?-me preguntó tan fuerte como si estuviese hablando conmigo, pero no estaba segura, pues su mirada estaba muy concentrada en algún lugar de la pizarra.
-No-le respondí temerosa de que no me estuviese hablando a mí.
-¿Hacía más calor donde vivías antes?-volvió a preguntar pero esta vez me miró.
-No, al contrario hacía mucho más frío-sonreí un poco tímida, y él rió. Estuvimos un momento en silencio. En silencio bajo toda la bulla de la clase. Él solo me miraba, y sentía que algo le molestaba, no fue hasta que una dulce brisita entro por alguna ventana que me di cuenta que era lo que le molestaba, ese extraño olor estaba ahí de nuevo. Es difícil de describir a que era, no era feo en absoluto, pero llegaba a ser molesto, empalagoso. Arrugué la nariz, y descubrí que él hacía lo mismo, me reí despacio, y empecé a buscar de donde podría venir el olor. Cuando volví mi mirada hacia él, Jared se tapaba la boca y la nariz con una mano y su mirada me hizo pensar que era yo la del olor. Con pequeño disimulo moví mi cabeza dejando caer mi flequillo y lo olí. Era totalmente normal, olía a manzanas, como mí shampoo, de igual modo me sentí mal, y no le miré más. La clase paso muy lenta, y yo me la pase escondida debajo de mi flequillo.

I: Shadow on the road.

“El infierno está vacío y todos los demonios están aquí” –William Shakespeare, La tempestad.


Había vivido ya casi la mitad de mi vida en aquel pequeño pueblo que les gustaba llamar Port Hadlock. Con 3,476 personas en todo el pueblo, el sueño se convirtió en pesadilla. Pero nada era tan extraño ahí, todos se conocían y casi ningún turista se acercaba a visitarnos. Todo esto cambio la noche que una extraña familia se mudo a una antigua casa al otro lado de la calle, el ruido me despertó de mis sueños más profundos. Salí a ver por mi ventana que era lo que pasaba, al igual que todos los vecinos, pero a diferencia de ellos, a mi no me parecía nada divertido que haya una nueva familia en el pueblo. Este sería solo una escusa para que todos se volvieran locos. Me volví a mi cama la cual ya estaba ocupada por mi peludo amigo felino, Chris. El gato me lo regaló mi abuelo, Carl, un ex-veterano que quedo en silla de ruedas después de pasar la mitad de su vida en la guerra, el primer día que llegué aquí, era algo así como una especie de broma para él, ya que donde vivía antes, no podía tener gatos, pues mi padre era alérgico. Entonces mi abuelo junto a todas sus exentridades, me trajo el gato con la idea de que este llevaba el alma de mi recién difunto padre, y realmente lo creía. Se sentaba horas a hablar con el tonto gato. Pero para mí solo era eso, un tonto gato que nunca me hacía caso. Volví a dormir hasta el día siguiente, cuando un delicioso aroma a panqueques recién hechos me despertara.

-Buenos días-saludé a mi madre y a mi abuelo que descansaba en su silla de ruedas.

-¿Cuantos panqueques quieres?-preguntó mi madre inocente, mientras yo pensaba en lo que había pasado anoche, no estaba completamente si era verdad o si me lo había soñado-¿Sam?-me despertó de mis pensamientos la dulce voz de mi madre.

-¿Eh?-le dije recobrando el sentido.

-¿Cuántos quieres?-volvió a preguntar.

-Tres, por favor…

-Agg, estos nuevos vecinos…-se quejó mi abuelo mirando por la ventana.

-¿Qué pasa con ellos papá?-preguntó mi madre.

-Son unos desubicados, eso pasa-dije yo mientras me metía un panqueque a la boca.

-Eso es lo de último…-Carl susurró con los ojos en la ventana.

-¿Los conoces papá?-volvió a preguntar mi madre sirviendo otros panqueques en un plato sobre la mesa.

-No, pero te aseguro que son los mismos-afirmó. Carl estaba tan viejo que apenas podía distinguir la cena del almuerzo, y por lo general, todo lo que nos decía era alguna locura que se le ocurría ese momento. No le hacíamos mucho caso por eso. El desayuno termino siendo bastante agradable, porque me encantan los panqueques de mi madre.

A pocos días de que las clases empezaran mis amigas querían ir de compras al único mall que había en el pueblo. Era un poco tonta la idea de comprar ropa nueva para el inicio de clases, con el propósito de ellas, nunca había nadie nuevo ni interesante a quien impresionar. Pero yo solo las iba a acompañar.

-Hey, Sammy, ¿te gusta este?-me preguntó Bridghet mostrándome un pantalón que había encontrado debajo de toda una pila de pantalones horrorosos.

-Mmhh…-negué con la cabeza con un poco de repulsión por el pantalón que me mostraba.

-Sí, ya sé….-se quejó-¿Encontraste algo, Rayley?

-¿Te gusta?-sonrío sosteniendo una camisa a cuadros.

-Eeh…-Bridghet ladeó la cabeza y me miró luego.

-No me encanta…-le dije tratando de que los ojos se mantuvieran abiertos.

-... ¿Qué tal tus nuevos vecinos, ya los conociste?-me preguntó Rayley sentándose junto a mí, con una sonrisa muy particular en ella, casi tan grande como su rostro le permitía.

-Nope-bostecé cansada.

-El señor trabaja en la comisaría-nos informó Bridghet.

-Mmhh, policía-susurró Rayley con una pequeña risita picara.

-Y es muy sexy, tenías que verlo cuando llegó a la comisaría esta mañana, era… Oh…-suspiró pesado-perfecto-cayó sentada en el asiento junto a mí.

-¿No es muy viejo?-rió Rayley

-Sí, ya sé, pero… igual, ¡es muy lindo! No vas a entender si no lo ves.

-¿Tiene esposa?-pregunté yo tratando de recordar cuantas personas había visto entrar a la casa la noche anterior.

-Sí, tiene una esposa y un hijo y una hija. Los cuales no conocí todavía. Y él chico sería la razón de mis compras este día-se paró Bridghet hacia los vestidos.

-Eres muy ridícula-me quejé en broma.

-¡Es algo nuevo! Y lo agradecerás después-dijo Bridghet sacudiendo su corta melena rubia y enrulada que caía sobre sus hombros delicadamente como un poco de seda.

-No creo que eso sea posible-refuté entre risas.

Llegué a mi casa con sorpresivamente dos bolsas, en una guardaba la mitad de un frapuccino casi frio, y en la otra estaba una blusa de manga larga que me había comprado para que Rayley se quedara tranquila de que este año comenzaría las clases usando algo nuevo. Era linda, de un color amarillo que contrastaba de buen modo con mi piel ligeramente aurora. Estaba en mi cuarto viendo con que me podría poner esa linda manga larga, estaba entre unos jeans casi negros o unos azules. Estaba bastante concentrada en aquel típico día color perla en Port Hadlock, mirándome en el espejo como nunca lo hacía, y fue ahí cuando vi salir por la ventana disparado a mi tonto gato, corrí para tratar de detenerlo, pero el gato ya estaba cruzando la calle, desesperado persiguiendo a alguna clase de conejo, o algo así. Suspiré y baje las gradas corriendo.

-¿Todo bien Sammy?-me preguntó mi madre con su dulce voz, pero no tuve tiempo de responderle, solo corrí a la puerta de entrada, seguía muy concentrada con la mirada a mi tonto gato, tan concentrada que apenas me di cuenta que crucé toda la calle. Crucé hasta llegar a los pies de un desconocido, un desconocido que mi gato encontró bastante acogedor. Empecé a enderezarme siguiendo mis ojos desde su par de converse hasta su impresionantemente perfecto rostro. Me quedé sin palabras, en una distancia bastante razonable y con los ojos abiertos como platos.

-¿Quién es este amiguito?-dijo con una voz que me dejo aún más sin nada que decir. Su voz era tan melodiosa y perfecta que me apenaba que escuchara la mía y que todo el sonido de su voz que seguía flotando en el aire se despedazara con mi áspera voz-¿Es tuyo?-preguntó una vez más inclinado acariciando a mi peludo amigo. Yo solo asentí con la cabeza sin poder quitarle los ojos de enzima. Tenía ese par de ojos dorados, los cuales podía ver brillar aún si estar mirándome, la sonrisa que tenía ligeramente dibujada en su extremadamente pálido rostro, era simplemente adorable, dejando visible solo un poco de su blanca dentadura. Agarró mi gato en sus brazos, los cuales atreves de la camisa que llevaba puesta se veían bastante trabajados, él solo acariciaba a Chris con sus largos y pálidos dedos, mientras yo le miraba sin poder decir nada-es muy lindo-dijo de nuevo, pero cada que hablaba se me hacía más difícil hablar a mí. Pero esta vez fue peor, porque sus ojos se quedaron en mí.

-Sí, lo es…-mi voz sonaba temblorosa y más débil de lo que realmente había esperado.

-¿Qué raza es?-preguntó de nuevo con un poco de interés y algo adentro mío se derritió involuntariamente.

-Maine Coon-le dije pero esta vez mi voz sonó mucho más fuerte y menos temblorosa.

-Oh…-suspiró y me devolvió el gato, los nervios repentinos me tomaron por sorpresa, no podía hacer nada más que asentir con la cabeza y sonreír nerviosa-¿vas a este colegio?-me preguntó sin quitar los ojos de mí. Yo solo asentí de Nuevo-Entonces creo que nos veremos ahí-esta vez sonrío sin mostrar sus dientes, pero igual de adorable.

-Oh, pero… sos mayor que yo… ¿no?-tartamudeaba involuntariamente-No vamos a tener las mismas clases…-le expliqué tratando de dejar el tartamudeo y de apartar la mirada de él, pero era muy difícil, el enarco las cejas haciendo su confusión lo más hermoso de ese día.

-Pensé que estabas en tercero… ¿me equivoco?-me sorprendió que supiera a que grado iba.

-Claro… claro…-dije mirando ahora yo confundida-¿Estas vos en tercero?-le pregunté y una risa grave, y divertida salió de sus labios.

-No-dijo mirando al piso con las manos en los bolsillos de su jean al parecer un poco avergonzado, pero me costaba mucho comprender la perfección que venía en cada facción de su rostro blanco y con aspecto mucho mayor, pero no en el sentido de ser viejo, si no que parecía ser… maduro, algo muy difícil de encontrar en Port Hadlock-Pero creo que tenemos unas clases juntos.

-Entonces, creo… que nos vemos en el colegio-tartamudeé un poco y después sonreí despidiéndome de él.

-Fue un placer conocerte… Samantha-pronunció mi nombre con tal delicadeza que cualquiera podría jurar que recitaba algún antiguo verso de Shakespeare.

-En realidad es solo Sam-le corregí tratando de no sonar mal educada e ignorando de cómo sabía mi nombre.

-Bueno, Sam-repitió y después sonrío adorable. Camine despacio alejándome de él, pero podía aún sentir su mirada sobre mí. Quise comprobar viendo arriba de mi hombro, pero mi flequillo no me lo dejó. Lo ignorarlo y seguí mi caminata hacia mi casa cruzando la calle. En el porche se encontraba entrecerrando los ojos y mirándome fijamente, mi abuelo. Le sonreí y deje ir a Chris una vez ya en la puerta.

-Chris se escapó-le comenté.

-¿Qué hacías hablando con él chico Applewhite?

-Nada, solo que Chris corrió hacia ese lado de la calle… ni siquiera se su nombre-le dije con toda la sinceridad del mundo.

-Trata de que se quede así, ¿Ok, Sammy?-me hizo prometerle, lo que respondí con una sonrisa pero no comprendía cual era su locura por qué no conociera al increíblemente hermoso vecino de enfrente.