Dormí como nunca me había dejado dormir antes a mí misma, pero soñé con él de nuevo, y su olor. Su olor tan particular. Estábamos en el mismo escenario de mi sueño anterior, solo que ahora ambos nos admirábamos con casi la misma intensidad que aquella misma noche. Pero noté entre nosotros cierto sentimiento tan fantástico que no llegué a describir, de pronto sentí como cambiaba a un asfixiante pánico me llenó cuando dos bestias peludas, casi del tamaño de un oso lo tenían acorralado. De nuevo no me podía mover. Traté de luchar contra mis instintos que me gritaban que saliera de ahí, pero yo quería ayudarle. Fue inútil, mis piernas corrieron entre el bosque a tal velocidad que no supe cuando fue que me encontraba de nuevo cerca del piso aún a gran velocidad entre los árboles. Me detuve a orillas de un pequeño río que pasaba silencioso cerca de ahí, me acerqué pero al dar un paso noté mis manos diferentes, las cerré en puños sobre la tierra y me asomé con temor al agua. No era yo. Era un algo más parecido a un perro que a un ser humano. Algo me aseguraba que era yo, algo en el color del pelaje de aquel animal bestial reflejado en el agua, pelaje de color chocolate oscuro, y caía largo tal y como mi cabello era. No estaba completamente segura hasta que encontré mis ojos grises en el reflejo de la criatura. Todo era silencioso hasta que le escuche gritar con dolor, lo que me estremeció y quedé petrificada conteniendo un grito desesperado. Me desperté casi sin respirar, revisando cada parte de mi cuerpo esperando no encontrar pelo en exceso y patas en vez de manos. Todo estaba en orden, mira a los lados y me encontré con Chris mirándome con cara de estar pensando que era una loca, miré la hora y eran casi las tres de la tarde. Me levanté de un salto y corrí escalera abajo, mi abuelo se encontraba mirando televisión y mi mamá no estaba.
-A vos sí que es difícil de despertarte…-rió por lo bajo y me miró-¿Todo en orden?-me preguntó de nuevo y me senté en la primera grada de las escaleras.
-Sí, creo que sí-admití un poco enojada conmigo-¿Alguien llamó?-pregunté al azar.
-Sí-dijo y no me lo esperaba-Una amiga tuya, ¿Rayley?-dudó-Quería que te diga que les llovió y que iban a volver antes de lo esperado.
-Oh, eso es bueno-sonreí desganada porque seguí con el shock de aquel sueño bizarro.
-¿Quieres comer algo?-preguntó.
-Está bien, ya veré que como-le dije para que no se preocupara. Escuche uno de los titulares en las noticias locales que mi abuelo veía en la televisión.
-Esta mañana fueron encontrados los cuerpos sin vida de cuatro turistas en las cercanías de la localidad de Port Townsend. Las razones de la muerte son desconocidas más los cuerpos llevan de dos a tres días sin vida. Algunos testimonios afirman haber visto bestias en el bosque reviviendo algunas viejas historias locales, por otro lado la policía averiguó dejando en conclusión de que un animal muy grande merodeaba por los bosques del condado de Jefferson, y viendo la cercanía Port Hadlock sería el siguiente lugar con victimas…-Intrigada y ahora con aún más preguntas comí algo sin decir ni una palabra, en eso mi mamá llegó del supermercado, nos comentó que había visto a la vecina en la sección de verduras y que habían hablado. También dijo algo sobre el precio de los vegetales y un par de cosas que ignoré por tratar de imaginarme a la madre de Jared. Cuando terminé de comer, me tomé una ducha y decidí salir a caminar un rato con las esperanzas ocultas de encontrarme de nuevo con él. Pero en vez de seguir la acera decidí caminar por el delgado sendero entre los árboles detrás de mi patio, no tenía miedo a pesar de que algo merodeaba por los bosques de Jefferson. Iba caminado, tranquila y completamente segura de estar sola. En lo que más me entraba al bosque, este se iba obscureciendo con más intensidad. Creo que en realidad lo que buscaba eran respuestas, respuestas a algo que no entendía. La noche caía despacio sobre mí y con este la curiosidad de saber que pasaría. Estaba casi absolutamente obscuro cuando escuche unos leves movimientos entre las plantas, no veía nada, estaba muy obscuro. Decidí volver a casa pero no veía nada, escuché como algo se acercaba, sea lo que fuera, despacio hacia mí. No tenía miedo, era raro, porque de algún modo pensé que habría la oportunidad de que fuera él. Empecé a olfatear mi entorno en busca de su aroma empalagarte, pero fue entonces cuando lo que se acercaba a mí se apuró en atraparme y yo seguía sin ver u oler absolutamente nada. Fueron más de unos pocos segundos antes de sentir su olor despeinando mi cabello en una rápida briza que me trajo a él frente mío, protegiéndome de algo que no alcanzaba a ver u oler. Un rugido amenazante desgarró su garganta, lo que hizo que cualquier cosa que fuese apunto de atacarnos, corriera en sentido contrario. Su mirada oscura para entonces se volvió a mí con un toque de cólera. Me tomó por el brazo sin dejar de caminar, y prácticamente me arrastró fuera del bosque. Su mano al tacto de mi piel era como hacer chocar un iceberg con lava. Dos completos opuestos, pero no se sentía mal.
-No estás lista todavía para entrar sola al bosque-me dijo en voz monótona, no dijo nada más hasta estar totalmente fuera del bosque a la vista de un poco de luz solar casi invisible-No vuelvas a entrar sola-me prohibió-ya no es lo mismo-volvió a repetir pero ahora era un susurro casi tentador.
-Bueno-dije y mi tono de voz sonó casi insolente-¿Qué era lo que estaba ahí?-le pregunté confundida.
-¿No lo oliste?-me preguntó confundido y negué con la cabeza.
-Jared-dije mirando a un lado con timidez-¿Qué eres?-le pregunté-¿Qué soy?
-No es la pregunta correcta-me dijo y miraba a mis ojos con intensidad-la pregunta es qué vas a ser-Era casi imposible evitar su mirada, pero él solo sonrío ante mi estupefacta mirada-Nos vemos en clases-me dijo y volvió caminando a su casa. No entendía nada, ¿Qué acababa de pasar? Sabía que las respuestas a mis preguntas tendrían que ser respondidas, en algún momento, y trataría mañana.
Me di vuelta hacia el bosque de nuevo y no pude ver nada. La noche estaba presente, y como había dormido hasta tan tarde esa mañana, no tenía ni un poco de sueño. Me quedé pensando hasta que por fin quede completamente dormida a unos pocos minutos de que el sol saliera de nuevo.
Al día siguiente mi sueño no duró toda la mañana, baje lo suficientemente temprano como para poder desayunar y después de ver un poco de televisión almorzar. Pensé que mis amigas estarían en la ciudad para entonces, pero decidieron terminar el fin de semana allá. Salí a caminar de nuevo, con las esperanzas de encontrarme con él. Caminaba hacia un muy pequeño parque cerca de la entrada Este del bosque que rodeaba el pueblo, caminaba en silencio mirando mis pies con cuidado cuando me encontré con un centavo de la suerte. Me quedé mirándole, pensando si recogerlo o no y llegué a la conclusión de que sería mejor dejarlo ahí. Estaba por seguir caminando y sentí que alguien me hablaba de atrás mío.
-¿No lo vas a levantar?-su voz musical vino acompañada con su particular olor y una sonrisa.
-Tengo suficiente suerte como para levantarlo-le dije pero trataba de evitar mirarle.
-Entonces…-se agachó y recogió la moneda-Oh, mira-exclamó-un centavo de la suerte, debe ser mí día de suerte-sonrío sin dejar ver sus dientes, que apostaba, eran perfectos. Me hizo una seña para que sigamos caminando hacia adelante-¿A dónde ibas?-me preguntaba con tanta naturalidad que se me olvidaban las tantas preguntas.
-Solo caminaba, no tenía un lugar especifico, pero… ¿y si nos sentamos?-le ofrecí y el sonrió. Hubo un corto silencio en ese momento, pero no era incomodo, sentía sus ojos sobre mí siguiendo cada movimiento que hacía mientras trataba de concentrarme en lo que tenía para decir-Jared…-empecé-¿Qué había en el bosque?-le pregunté aún sin mirarle.
-¿Puedes olerme a mí pero no a uno de los tuyos?-preguntó casi riéndose de mí.
-¿Sí era uno de los míos porque quería atacarme?-volví a preguntar.
-Son salvajes-me dijo-no se puede confiar en ellos, inexpertos-su voz sonaba sombría pero sin importar cuán irónico suene, no sabía de que hablábamos, ¿qué era yo? ¿Qué era él? Esas eran mis eternas preguntas.
-Nunca me respondiste-le susurré al cabo de unos segundos.
-No puedo decirte, vos tampoco a mí-me dijo.
-No lo haría aunque quisiera-revoloteé los ojos.
-No vas querer estar conmigo después de que te pase-me dijo muy seguro, pero no sabía a qué se refería.
-No creo que eso sea posible-susurré tratando de que no me escuchara-me gustas mucho.
-No deberías-me dijo cortante-a mí tampoco me deberías gustar-rió adorable.
-Ni siquiera te conozco-volví a susurrar-ni siquiera me conoces-baje la mirada.
-Te estuve viendo-sonrío y jure sentirlo avergonzado-Sos muy hermosa-reí-sos tan diferente a todas las mujeres que he conocido en mucho tiempo… tan… inteligente… a todas las demás, digo en tu forma de pensar y resolver las cosas.
-Y seguro conociste muchas-me reí muy segura entre palabras.
-No tantas como piensas, al parecer soy un poco intimidante, y prefiero mantener distancia.
-No veo la razón-me encogí de hombros.
-¿No tenés miedo?-me preguntó con una mirada amenazante.
-No-sonreí tímida-¿Debería?
-Muchísimo-Me reí y hubo silencio de nuevo pero este no duro casi nada.
-¿No me podes decir nada?-le pregunté de nuevo-Me siento muy estúpida-le dije entre risas y él me miró pensativo. Después de unos segundos viendo mis ojos me pidió mi mano, sin pensarlo se la di.
-¿Sentís?-me sostenía la mano con delicadeza-Soy frío-solo sonrío. No entendí al principio pero pronto las palabras de mi abuelo corrieron por mi cabeza, entonces le solté guardando mi mano en un puño sobre mi pecho-Me gustas-repitió-Y está mal-afirmó cuando se dio cuenta de lo que pensaba.
-Me tengo que ir-le dije con la respiración entre cortada-No puedo estar con vos… Perdón-me disculpé poniéndome de pie aún sintiendo sus dedos fríos sobre mi mano, sosteniéndola como si se fuera a romper si la apretaba mucho, aunque no lo estuviera haciendo.
-A vos sí que es difícil de despertarte…-rió por lo bajo y me miró-¿Todo en orden?-me preguntó de nuevo y me senté en la primera grada de las escaleras.
-Sí, creo que sí-admití un poco enojada conmigo-¿Alguien llamó?-pregunté al azar.
-Sí-dijo y no me lo esperaba-Una amiga tuya, ¿Rayley?-dudó-Quería que te diga que les llovió y que iban a volver antes de lo esperado.
-Oh, eso es bueno-sonreí desganada porque seguí con el shock de aquel sueño bizarro.
-¿Quieres comer algo?-preguntó.
-Está bien, ya veré que como-le dije para que no se preocupara. Escuche uno de los titulares en las noticias locales que mi abuelo veía en la televisión.
-Esta mañana fueron encontrados los cuerpos sin vida de cuatro turistas en las cercanías de la localidad de Port Townsend. Las razones de la muerte son desconocidas más los cuerpos llevan de dos a tres días sin vida. Algunos testimonios afirman haber visto bestias en el bosque reviviendo algunas viejas historias locales, por otro lado la policía averiguó dejando en conclusión de que un animal muy grande merodeaba por los bosques del condado de Jefferson, y viendo la cercanía Port Hadlock sería el siguiente lugar con victimas…-Intrigada y ahora con aún más preguntas comí algo sin decir ni una palabra, en eso mi mamá llegó del supermercado, nos comentó que había visto a la vecina en la sección de verduras y que habían hablado. También dijo algo sobre el precio de los vegetales y un par de cosas que ignoré por tratar de imaginarme a la madre de Jared. Cuando terminé de comer, me tomé una ducha y decidí salir a caminar un rato con las esperanzas ocultas de encontrarme de nuevo con él. Pero en vez de seguir la acera decidí caminar por el delgado sendero entre los árboles detrás de mi patio, no tenía miedo a pesar de que algo merodeaba por los bosques de Jefferson. Iba caminado, tranquila y completamente segura de estar sola. En lo que más me entraba al bosque, este se iba obscureciendo con más intensidad. Creo que en realidad lo que buscaba eran respuestas, respuestas a algo que no entendía. La noche caía despacio sobre mí y con este la curiosidad de saber que pasaría. Estaba casi absolutamente obscuro cuando escuche unos leves movimientos entre las plantas, no veía nada, estaba muy obscuro. Decidí volver a casa pero no veía nada, escuché como algo se acercaba, sea lo que fuera, despacio hacia mí. No tenía miedo, era raro, porque de algún modo pensé que habría la oportunidad de que fuera él. Empecé a olfatear mi entorno en busca de su aroma empalagarte, pero fue entonces cuando lo que se acercaba a mí se apuró en atraparme y yo seguía sin ver u oler absolutamente nada. Fueron más de unos pocos segundos antes de sentir su olor despeinando mi cabello en una rápida briza que me trajo a él frente mío, protegiéndome de algo que no alcanzaba a ver u oler. Un rugido amenazante desgarró su garganta, lo que hizo que cualquier cosa que fuese apunto de atacarnos, corriera en sentido contrario. Su mirada oscura para entonces se volvió a mí con un toque de cólera. Me tomó por el brazo sin dejar de caminar, y prácticamente me arrastró fuera del bosque. Su mano al tacto de mi piel era como hacer chocar un iceberg con lava. Dos completos opuestos, pero no se sentía mal.
-No estás lista todavía para entrar sola al bosque-me dijo en voz monótona, no dijo nada más hasta estar totalmente fuera del bosque a la vista de un poco de luz solar casi invisible-No vuelvas a entrar sola-me prohibió-ya no es lo mismo-volvió a repetir pero ahora era un susurro casi tentador.
-Bueno-dije y mi tono de voz sonó casi insolente-¿Qué era lo que estaba ahí?-le pregunté confundida.
-¿No lo oliste?-me preguntó confundido y negué con la cabeza.
-Jared-dije mirando a un lado con timidez-¿Qué eres?-le pregunté-¿Qué soy?
-No es la pregunta correcta-me dijo y miraba a mis ojos con intensidad-la pregunta es qué vas a ser-Era casi imposible evitar su mirada, pero él solo sonrío ante mi estupefacta mirada-Nos vemos en clases-me dijo y volvió caminando a su casa. No entendía nada, ¿Qué acababa de pasar? Sabía que las respuestas a mis preguntas tendrían que ser respondidas, en algún momento, y trataría mañana.
Me di vuelta hacia el bosque de nuevo y no pude ver nada. La noche estaba presente, y como había dormido hasta tan tarde esa mañana, no tenía ni un poco de sueño. Me quedé pensando hasta que por fin quede completamente dormida a unos pocos minutos de que el sol saliera de nuevo.
Al día siguiente mi sueño no duró toda la mañana, baje lo suficientemente temprano como para poder desayunar y después de ver un poco de televisión almorzar. Pensé que mis amigas estarían en la ciudad para entonces, pero decidieron terminar el fin de semana allá. Salí a caminar de nuevo, con las esperanzas de encontrarme con él. Caminaba hacia un muy pequeño parque cerca de la entrada Este del bosque que rodeaba el pueblo, caminaba en silencio mirando mis pies con cuidado cuando me encontré con un centavo de la suerte. Me quedé mirándole, pensando si recogerlo o no y llegué a la conclusión de que sería mejor dejarlo ahí. Estaba por seguir caminando y sentí que alguien me hablaba de atrás mío.
-¿No lo vas a levantar?-su voz musical vino acompañada con su particular olor y una sonrisa.
-Tengo suficiente suerte como para levantarlo-le dije pero trataba de evitar mirarle.
-Entonces…-se agachó y recogió la moneda-Oh, mira-exclamó-un centavo de la suerte, debe ser mí día de suerte-sonrío sin dejar ver sus dientes, que apostaba, eran perfectos. Me hizo una seña para que sigamos caminando hacia adelante-¿A dónde ibas?-me preguntaba con tanta naturalidad que se me olvidaban las tantas preguntas.
-Solo caminaba, no tenía un lugar especifico, pero… ¿y si nos sentamos?-le ofrecí y el sonrió. Hubo un corto silencio en ese momento, pero no era incomodo, sentía sus ojos sobre mí siguiendo cada movimiento que hacía mientras trataba de concentrarme en lo que tenía para decir-Jared…-empecé-¿Qué había en el bosque?-le pregunté aún sin mirarle.
-¿Puedes olerme a mí pero no a uno de los tuyos?-preguntó casi riéndose de mí.
-¿Sí era uno de los míos porque quería atacarme?-volví a preguntar.
-Son salvajes-me dijo-no se puede confiar en ellos, inexpertos-su voz sonaba sombría pero sin importar cuán irónico suene, no sabía de que hablábamos, ¿qué era yo? ¿Qué era él? Esas eran mis eternas preguntas.
-Nunca me respondiste-le susurré al cabo de unos segundos.
-No puedo decirte, vos tampoco a mí-me dijo.
-No lo haría aunque quisiera-revoloteé los ojos.
-No vas querer estar conmigo después de que te pase-me dijo muy seguro, pero no sabía a qué se refería.
-No creo que eso sea posible-susurré tratando de que no me escuchara-me gustas mucho.
-No deberías-me dijo cortante-a mí tampoco me deberías gustar-rió adorable.
-Ni siquiera te conozco-volví a susurrar-ni siquiera me conoces-baje la mirada.
-Te estuve viendo-sonrío y jure sentirlo avergonzado-Sos muy hermosa-reí-sos tan diferente a todas las mujeres que he conocido en mucho tiempo… tan… inteligente… a todas las demás, digo en tu forma de pensar y resolver las cosas.
-Y seguro conociste muchas-me reí muy segura entre palabras.
-No tantas como piensas, al parecer soy un poco intimidante, y prefiero mantener distancia.
-No veo la razón-me encogí de hombros.
-¿No tenés miedo?-me preguntó con una mirada amenazante.
-No-sonreí tímida-¿Debería?
-Muchísimo-Me reí y hubo silencio de nuevo pero este no duro casi nada.
-¿No me podes decir nada?-le pregunté de nuevo-Me siento muy estúpida-le dije entre risas y él me miró pensativo. Después de unos segundos viendo mis ojos me pidió mi mano, sin pensarlo se la di.
-¿Sentís?-me sostenía la mano con delicadeza-Soy frío-solo sonrío. No entendí al principio pero pronto las palabras de mi abuelo corrieron por mi cabeza, entonces le solté guardando mi mano en un puño sobre mi pecho-Me gustas-repitió-Y está mal-afirmó cuando se dio cuenta de lo que pensaba.
-Me tengo que ir-le dije con la respiración entre cortada-No puedo estar con vos… Perdón-me disculpé poniéndome de pie aún sintiendo sus dedos fríos sobre mi mano, sosteniéndola como si se fuera a romper si la apretaba mucho, aunque no lo estuviera haciendo.

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