En la mañana me desperté con los susurros de mi madre, lo que me hizo saltar de golpe pensando que Jared seguía conmigo.
-Tranquila, tranquila-susurró mi madre con una sonrisa. Miré a todos lados pero no lo encontré, se había ido o estaba muy bien escondido-¿Qué quieres desayunar?-me preguntó mi madre aún en pijamas.
-Mmmh…-suspiré-Haceme lo que quieras-le dije sonriendo y salió del cuarto.
Bajé para tomar desayuno ya lista para salir al colegio sin rastros de Jared en mi cuarto. Mi abuelo se encontraba escuchando las noticias mientras comía su desayuno lentamente. Me sorprendí cuando sacaron de nuevo la noticia de los ataques, que estaban cada vez más cerca. Sabía que no era Jared o ninguno de su familia, sabía que era uno de los nuestros, a pesar de que eso le costara entender a mi abuelo quien todavía no me dirigía la palabra.
-Mamá, esta noche hay una fiesta…-dije un poco tímida-Los padres de Bridghet nos invitaron a todos-miré a mi abuelo dudando.
-¿Fiesta?-preguntó mi madre-¿Para qué?-su voz sonaba escéptica.
-Para los Applewhite-escuche caer la cuchara de Carl junto a mí sobre su plato de cereal. Nos dedicó una larga mirada mientras esperaba que alguien dijera algo. Cuando mi madre empezó a considerarlo él se lanzó a la defensiva.
-¡No Regina!-gritó la voz de Carl pronunciando él nombre de mi madre-Nadie va a asistir a esa fiesta-sonaba tan molesto que mi madre no dudó en contradecirle.
-¡Pero mamá…!-protesté-…Los Shugair se van a ofender, vos conoces al jefe de policía… -le recordé pero eso solo puso más furioso a Carl.
-No, No y no-dijo mirándome con ojos encolerados.
-¡La única vez que pasa algo interesante en este estúpido pueblo, no me dejas disfrutarlo!-nunca le había gritado de esa forma a Carl.
-No será divertido, no vas a ir Samantha, es mi última palabra.
-¡No es tu decisión de todas formas!-seguía hablando en tono fuerte-Mamá…-le miré esperando que dijera algo.
-Mira, Carl…-comenzó ella tratando de sonar razonable-Ella nunca se divierte… dejemos a un lado tus supersticiones y…
-No. Regina, dije que no-se estaba alistando para dar la vuelta a su rechinante silla de ruedas-además si viven bajo mi techo, viven bajo mis reglas-concluyó ya sin mirarnos.
-…eso no tiene sentido, nosotras no elegimos vivir aquí-susurré lo bastante fuerte como para que me escuchara y salí con mi bolso para afuera, donde me encontré con un sol radiante que me recordó que no le vería.
Llegué al colegio, con probablemente cara de muy pocos amigos y me encontré con Rayley.
-¿Qué paso?-me preguntó tratando de hacerme reír.
-No voy a ir esta noche-me pasé los dedos por el cabello tratando de parecer que no me importaba.
-¿No?-se sorprendió algo entristecida-¡¡Pero va a estar buenísimo!!-me alentó a lo que ya sabía.
-Carl no quiere que vaya…-susurré molesta y suspiró pesado junto a mí-ni modo…-me encogí de hombros y pasé clases, me parecieron aún más largas de lo normal. Pero por fin acabarían. Caminé como cualquier día a mi casa, pero antes de entrar, me detuve afuera para mirar su casa, tenía las esperanzas de encontrarme con su mirada detrás de alguna ventana. Probablemente me estaba mirando, pero no le alcancé a ver. Caminé con pasos pesados hacia la entrada, deje caer mi bolso cerca de la puerta y me senté en la cocina mientras mi madre preparaba algo como siempre.
-¿Qué planes Sammy?-me preguntó y le miré enojada, lo que le pareció gracioso-¿Qué tal si vas a la fiesta por nosotros, y yo te cubro por esta noche?-su sonrisa fue una enorme luz para mí, siempre me hacía conseguir cualquier cosa que quería.
-Gracias, mamá-le agradecí con una sonrisa de alivio en el rostro, subí casi corriendo a mi habitación para mandarle un mensaje a Rayley avisándole que si iba a ir. Llegué corriendo con una sonrisa, abrí la puerta y él estaba sentado en la sombra creada entre mi escritorio y la ventana.
-¿Cómo…?
-Te vi llegar, y me adelante-sonrió-además si no vas a ir la fiesta quiero estar con vos…
-Pero… si voy a ir-sonreí mirando la delicada distancia que había entre su piel y el sol.
-¿Curiosidad?-sonrió con la mirada un poco traviesa, yo solo asentí con la cabeza sin sonreír por miedo a ver qué pasaría si su piel tocaba la luz. Lentamente levantó su mano de su regazo y la fue exhibiendo al sol sin dolor alguno. Fueron menos de unos segundos cuando su piel de mármol empezó a tomar brillo, reluciendo como si tuviera millones de cristales dentro de su piel. Era hermoso aún más hermoso.
-¿No te duele?-pregunté temerosa y él solo sonrió.
-No… pero si saliéramos en días así, la gente sospecharía que hay algo raro en nosotros… ¿No?-rió adorable.
-Probablemente…-me senté frente a él olvidando que iba a hacer. Nos quedamos en silencio mientras él me observaba con cuidado, al igual que yo hacía con él. Cada facción de su perfecto y marmoleo rostro era impresionante, tan quieto e inmóvil que podría pasar desapercibido como una estatua. Sus ojos color miel dorada eran brillantes y llenos de historias que me moría por escuchar, adornados con grandes pestañas que hacían que sea aún más hermoso. Bajo sus ojos perfectos se encontraban unas ojeras no muy notorias ni grandes, pero esto no cambiaba absolutamente nada en su perfecto rostro. Y sus labios… esperaba tanto queriendo besarlos, pero perdía mi tiempo porque eso solo sería un problema más.
-¿Puedo probar algo?-me preguntó frunciendo el seño y yo asentí aún aturdida por su belleza. Pasó una mano por mi rostro, haciendo que me pusiera con piel de gallina, una pequeña sonrisa se dibujo cuando sintió mi piel bajo sus helados dedos. Empezó a dibujar con delicadeza mis labios, cerré mis ojos involuntariamente, siendo incapaz de ver que hacía, mi respiración se aceleró cuando sentí que estaba cerca, mi corazón nunca había latido tan rápido y tan lento a la vez. Lo que creo fue la razón de su risita.
Fue todo tan rápido, el desapareció y mi madre entro por la puerta con mi mochila, abrí los ojos y me encontraba totalmente sola en la habitación.
-Te olvidaste de esto-me dijo y lo dejo arriba de la silla donde él estaba-Creo que deberías alistarte-me aconsejó.
-Creo que sí…-miré por la ventana y no había rastros de él.
Corrí a bañarme y alistarme, no me hacía frío a pesar de que sentía que había una pequeña brisita anunciando tal vez una nevada, me puse una remera de cuello ancho y un jean cualquiera, salí por la ventana después de despedirme de mi madre. Caminé hasta el lugar donde la fiesta iba a tomar lugar, todos estaban ahí, entré tratando de pasar desapercibida. Casi lo logro si no hubiera sido que Rayley gritó mi nombre mientras cruzaba a zancadas el salón, sonreí tímida mientras todos se volcaban a verme, ella llegó sonriente y con la respiración entre cortada.
-¡Pensé que no ibas a venir!-me sonrió emocionada.
-No iba, pero aquí estoy…-le sonreí de vuelta.
-Ven, Bridghet nos va a presentar a los Applewhite…-me jaló del brazo llevándome hasta donde Bridghet estaba parada junto a su papá y lo que posiblemente serían las personas más perfectas que jamás había visto en toda mi vida. La joven que estaba parada junto a Jared, era una rubia no mucho más alta que yo, con unos risos dorados que le caían bajo sus hombro y una pequeña sonrisa oculta entre sus labios. Del otro lado del padre de Bridghet se encontraba, un señor de cabello marrón chocolatoso y una sonrisa completamente amigable, sostenía con una mano una copa de cristal que a sus pálidos dedos parecía demasiado frágil, y en la otra estaba la mano de esta hermosa señora, su sonrisa era muy maternal, tenía el cabello rojo caramelo, que caía suave por debajo de sus orejas.
Nos acercamos lentamente, estaba nerviosa porque sabía que me olerían, estando ya a una distancia razonable, en donde yo podía percibir sus empalagosos olores vampíricos, todos arrugaron la nariz al mismo tiempo, fue entonces cuando la mirada de Jared se iluminó buscándome entre la multitud. Sonreí a tal reacción, caminé con pasos seguros hasta donde ellos estaban, siguiendo a mi emocionada amiga.
-Hola-mi voz sonó más tímida de lo que realmente quise que hubiese sonado.
-¡Samantha!-se emocionó la voz del padre de Bridghet-Samantha Green, ellos son, el oficial Claudious Applewhite, Whinifred Applewhite… su esposa, Jared y Pauline, que creo ya conoces…-Cuando él pronuncio el nombre de Pauline, esta frunció el seño en señal de desaprobación, tal vez porque lo pronuncio mal y eso le molestó. Pero sentía que su gesto tenía que ver conmigo. Después de eso, caminamos para diferentes sentidos, pensé que no lo vería en toda la fiesta, pero saliendo del baño un momento de esos, me lo encontré esperándome… me sonrió y caminamos hacia afuera.
-Desapareciste de mi cuarto-le acusé entre risas.
-Sí, suelo hacer eso…-rió conmigo.
-No le gusto a tu hermana, ¿verdad?-suspiré decepcionada.
-No es que no le gustes, si no que… sos… ya sabes…-ladeó su cabeza y luego sonrió, caminamos unos metros en silencio mientras yo trataba de preguntarle cosas, pero la formulación de las preguntas eran demasiado tontas, no podía hacerlo.
-¿Querés preguntarme algo?-se preguntó viendo mi expresión.
-¿Qué ahora sos psíquico?-me reí y él ladeó la cabeza, entonces me quede mirándole sorprendida.
-No psíquico, pero sé que va a pasar…
-Predecís el futuro…-entrecerré los ojos sin creer.
-No exactamente, o sea no con imágenes… son más como… corazonadas que son ciertas.
-Oh…-entré en razón-…por eso sabías que iba a hacer sol…-sonreí y él asintió.
-Bueno… ¿cuál era tu pregunta?
-¿Cómo conociste a tus padres?-le pregunté mirando por uno de los vidrios a las figuras perfectas de Claudious y Whinifred Applewhite.
-¿Recuerdas que te conté que Pauline me convirtió?-asentí mirándole fijamente-Bueno, me enojé tanto con ella por hacerme eso qué decidí escapar… corrí varios días, semanas, meses… hasta que llegué a un pequeño pueblito Florentino… era hermoso y pacifico. Fue ahí donde aprendí a que no solo puedo vivir de sangre humana, Whinnie vivía en una cabaña cerca del bosque con su hija que llevaba años enferma-contaba su historia mientras caminaba y él me rodeaba a mi paso lento y humano-cuando ella murió, Whinnie estaba muy deprimida… no tenía planeado convertirla, porque no quería eso para nadie más-su rostro de piedra se volvió a fruncir pero siguió hablando-no le dolió, así que fue nada-se encogió de hombros-después de eso nos dirigimos en busca de Pauline, Whinnie desde que llegué a su casa fue como una madre para mí, y extrañaba mucho a Pauline, la buscamos mucho hasta que terminamos en el lugar menos esperado, Volterra, en la misma Italia. Había un grupo de supuestos Vampiros rebeldes, y entre ellos Pauline y Claudious. No esperábamos salvar a Claudious, pero terminó viajando con nosotros y al final, se enamoró tan profundamente de Whinnie qué dejo todas sus dietas… humanas para hacerla feliz-sonrió y paramos, le miré confundida.
-¿Por qué te enojaste con Pauline si te salvó la vida?-le pregunté pero pareció molestarle.
-Yo tenía que morir… e ir al cielo. Pero ahora, moriré e iré al infierno…-su rostro estaba tenso.
-No vas a morir-me tensé yo y una pequeña sonrisa picara se dibujó en su rostro perfecto, hubo silencio nuevamente, pero esta vez solo nos quedamos mirándonos en la leve obscuridad que nos iluminaba-¿…en todo este tiempo, nunca te enamoraste?-pregunté tímida y él negó con la cabeza.
-Pero sí eh leído mucho sobre eso-sonrió otra vez pícaro y se acercó hacia mí aún más de lo que ya estaba, su olor podría haber sido insoportable para ese momento, pero con tanta adrenalina dudo que ninguno de nosotros lo hubiésemos sentido. De repente sentí como mis ojos involuntariamente se cerraron a la espera de un beso completamente egoísta y escaso de todo lo que yo quería. Pero me sorprendió sentir sus labios helados y duros sobre mis labios completamente diferentes, colisionar de la forma más natural de la que jamás había pensado que yo podría haberle besado, de un segundo a otro me encontraba acorralada por sus fuertes y fríos brazos sobre la piedra fría de alguna pared, mientras mis manos dudaban en caer sobre sus mejillas o su cuello, me daba la impresión de que si lo hacía todo terminaría tan fácil como empezó. Me equivocaba por que cuando deje caer mis manos sobre su cuello, abrazándolo delicadamente hacía mí, su reacción fue más emoción al susodicho beso. Por él el beso hubiera durado toda la vida, pero lamentablemente tenía que respirar, me dejo ir cuando sintió mi falta de oxigeno, nuestros labios ya no se tocaban, pero mis brazos seguían rodeando su cuello delicadamente.
-No me esperaba eso-susurró él dibujando mis labios con un dedo.
-Tranquila, tranquila-susurró mi madre con una sonrisa. Miré a todos lados pero no lo encontré, se había ido o estaba muy bien escondido-¿Qué quieres desayunar?-me preguntó mi madre aún en pijamas.
-Mmmh…-suspiré-Haceme lo que quieras-le dije sonriendo y salió del cuarto.
Bajé para tomar desayuno ya lista para salir al colegio sin rastros de Jared en mi cuarto. Mi abuelo se encontraba escuchando las noticias mientras comía su desayuno lentamente. Me sorprendí cuando sacaron de nuevo la noticia de los ataques, que estaban cada vez más cerca. Sabía que no era Jared o ninguno de su familia, sabía que era uno de los nuestros, a pesar de que eso le costara entender a mi abuelo quien todavía no me dirigía la palabra.
-Mamá, esta noche hay una fiesta…-dije un poco tímida-Los padres de Bridghet nos invitaron a todos-miré a mi abuelo dudando.
-¿Fiesta?-preguntó mi madre-¿Para qué?-su voz sonaba escéptica.
-Para los Applewhite-escuche caer la cuchara de Carl junto a mí sobre su plato de cereal. Nos dedicó una larga mirada mientras esperaba que alguien dijera algo. Cuando mi madre empezó a considerarlo él se lanzó a la defensiva.
-¡No Regina!-gritó la voz de Carl pronunciando él nombre de mi madre-Nadie va a asistir a esa fiesta-sonaba tan molesto que mi madre no dudó en contradecirle.
-¡Pero mamá…!-protesté-…Los Shugair se van a ofender, vos conoces al jefe de policía… -le recordé pero eso solo puso más furioso a Carl.
-No, No y no-dijo mirándome con ojos encolerados.
-¡La única vez que pasa algo interesante en este estúpido pueblo, no me dejas disfrutarlo!-nunca le había gritado de esa forma a Carl.
-No será divertido, no vas a ir Samantha, es mi última palabra.
-¡No es tu decisión de todas formas!-seguía hablando en tono fuerte-Mamá…-le miré esperando que dijera algo.
-Mira, Carl…-comenzó ella tratando de sonar razonable-Ella nunca se divierte… dejemos a un lado tus supersticiones y…
-No. Regina, dije que no-se estaba alistando para dar la vuelta a su rechinante silla de ruedas-además si viven bajo mi techo, viven bajo mis reglas-concluyó ya sin mirarnos.
-…eso no tiene sentido, nosotras no elegimos vivir aquí-susurré lo bastante fuerte como para que me escuchara y salí con mi bolso para afuera, donde me encontré con un sol radiante que me recordó que no le vería.
Llegué al colegio, con probablemente cara de muy pocos amigos y me encontré con Rayley.
-¿Qué paso?-me preguntó tratando de hacerme reír.
-No voy a ir esta noche-me pasé los dedos por el cabello tratando de parecer que no me importaba.
-¿No?-se sorprendió algo entristecida-¡¡Pero va a estar buenísimo!!-me alentó a lo que ya sabía.
-Carl no quiere que vaya…-susurré molesta y suspiró pesado junto a mí-ni modo…-me encogí de hombros y pasé clases, me parecieron aún más largas de lo normal. Pero por fin acabarían. Caminé como cualquier día a mi casa, pero antes de entrar, me detuve afuera para mirar su casa, tenía las esperanzas de encontrarme con su mirada detrás de alguna ventana. Probablemente me estaba mirando, pero no le alcancé a ver. Caminé con pasos pesados hacia la entrada, deje caer mi bolso cerca de la puerta y me senté en la cocina mientras mi madre preparaba algo como siempre.
-¿Qué planes Sammy?-me preguntó y le miré enojada, lo que le pareció gracioso-¿Qué tal si vas a la fiesta por nosotros, y yo te cubro por esta noche?-su sonrisa fue una enorme luz para mí, siempre me hacía conseguir cualquier cosa que quería.
-Gracias, mamá-le agradecí con una sonrisa de alivio en el rostro, subí casi corriendo a mi habitación para mandarle un mensaje a Rayley avisándole que si iba a ir. Llegué corriendo con una sonrisa, abrí la puerta y él estaba sentado en la sombra creada entre mi escritorio y la ventana.
-¿Cómo…?
-Te vi llegar, y me adelante-sonrió-además si no vas a ir la fiesta quiero estar con vos…
-Pero… si voy a ir-sonreí mirando la delicada distancia que había entre su piel y el sol.
-¿Curiosidad?-sonrió con la mirada un poco traviesa, yo solo asentí con la cabeza sin sonreír por miedo a ver qué pasaría si su piel tocaba la luz. Lentamente levantó su mano de su regazo y la fue exhibiendo al sol sin dolor alguno. Fueron menos de unos segundos cuando su piel de mármol empezó a tomar brillo, reluciendo como si tuviera millones de cristales dentro de su piel. Era hermoso aún más hermoso.
-¿No te duele?-pregunté temerosa y él solo sonrió.
-No… pero si saliéramos en días así, la gente sospecharía que hay algo raro en nosotros… ¿No?-rió adorable.
-Probablemente…-me senté frente a él olvidando que iba a hacer. Nos quedamos en silencio mientras él me observaba con cuidado, al igual que yo hacía con él. Cada facción de su perfecto y marmoleo rostro era impresionante, tan quieto e inmóvil que podría pasar desapercibido como una estatua. Sus ojos color miel dorada eran brillantes y llenos de historias que me moría por escuchar, adornados con grandes pestañas que hacían que sea aún más hermoso. Bajo sus ojos perfectos se encontraban unas ojeras no muy notorias ni grandes, pero esto no cambiaba absolutamente nada en su perfecto rostro. Y sus labios… esperaba tanto queriendo besarlos, pero perdía mi tiempo porque eso solo sería un problema más.
-¿Puedo probar algo?-me preguntó frunciendo el seño y yo asentí aún aturdida por su belleza. Pasó una mano por mi rostro, haciendo que me pusiera con piel de gallina, una pequeña sonrisa se dibujo cuando sintió mi piel bajo sus helados dedos. Empezó a dibujar con delicadeza mis labios, cerré mis ojos involuntariamente, siendo incapaz de ver que hacía, mi respiración se aceleró cuando sentí que estaba cerca, mi corazón nunca había latido tan rápido y tan lento a la vez. Lo que creo fue la razón de su risita.
Fue todo tan rápido, el desapareció y mi madre entro por la puerta con mi mochila, abrí los ojos y me encontraba totalmente sola en la habitación.
-Te olvidaste de esto-me dijo y lo dejo arriba de la silla donde él estaba-Creo que deberías alistarte-me aconsejó.
-Creo que sí…-miré por la ventana y no había rastros de él.
Corrí a bañarme y alistarme, no me hacía frío a pesar de que sentía que había una pequeña brisita anunciando tal vez una nevada, me puse una remera de cuello ancho y un jean cualquiera, salí por la ventana después de despedirme de mi madre. Caminé hasta el lugar donde la fiesta iba a tomar lugar, todos estaban ahí, entré tratando de pasar desapercibida. Casi lo logro si no hubiera sido que Rayley gritó mi nombre mientras cruzaba a zancadas el salón, sonreí tímida mientras todos se volcaban a verme, ella llegó sonriente y con la respiración entre cortada.
-¡Pensé que no ibas a venir!-me sonrió emocionada.
-No iba, pero aquí estoy…-le sonreí de vuelta.
-Ven, Bridghet nos va a presentar a los Applewhite…-me jaló del brazo llevándome hasta donde Bridghet estaba parada junto a su papá y lo que posiblemente serían las personas más perfectas que jamás había visto en toda mi vida. La joven que estaba parada junto a Jared, era una rubia no mucho más alta que yo, con unos risos dorados que le caían bajo sus hombro y una pequeña sonrisa oculta entre sus labios. Del otro lado del padre de Bridghet se encontraba, un señor de cabello marrón chocolatoso y una sonrisa completamente amigable, sostenía con una mano una copa de cristal que a sus pálidos dedos parecía demasiado frágil, y en la otra estaba la mano de esta hermosa señora, su sonrisa era muy maternal, tenía el cabello rojo caramelo, que caía suave por debajo de sus orejas.
Nos acercamos lentamente, estaba nerviosa porque sabía que me olerían, estando ya a una distancia razonable, en donde yo podía percibir sus empalagosos olores vampíricos, todos arrugaron la nariz al mismo tiempo, fue entonces cuando la mirada de Jared se iluminó buscándome entre la multitud. Sonreí a tal reacción, caminé con pasos seguros hasta donde ellos estaban, siguiendo a mi emocionada amiga.
-Hola-mi voz sonó más tímida de lo que realmente quise que hubiese sonado.
-¡Samantha!-se emocionó la voz del padre de Bridghet-Samantha Green, ellos son, el oficial Claudious Applewhite, Whinifred Applewhite… su esposa, Jared y Pauline, que creo ya conoces…-Cuando él pronuncio el nombre de Pauline, esta frunció el seño en señal de desaprobación, tal vez porque lo pronuncio mal y eso le molestó. Pero sentía que su gesto tenía que ver conmigo. Después de eso, caminamos para diferentes sentidos, pensé que no lo vería en toda la fiesta, pero saliendo del baño un momento de esos, me lo encontré esperándome… me sonrió y caminamos hacia afuera.
-Desapareciste de mi cuarto-le acusé entre risas.
-Sí, suelo hacer eso…-rió conmigo.
-No le gusto a tu hermana, ¿verdad?-suspiré decepcionada.
-No es que no le gustes, si no que… sos… ya sabes…-ladeó su cabeza y luego sonrió, caminamos unos metros en silencio mientras yo trataba de preguntarle cosas, pero la formulación de las preguntas eran demasiado tontas, no podía hacerlo.
-¿Querés preguntarme algo?-se preguntó viendo mi expresión.
-¿Qué ahora sos psíquico?-me reí y él ladeó la cabeza, entonces me quede mirándole sorprendida.
-No psíquico, pero sé que va a pasar…
-Predecís el futuro…-entrecerré los ojos sin creer.
-No exactamente, o sea no con imágenes… son más como… corazonadas que son ciertas.
-Oh…-entré en razón-…por eso sabías que iba a hacer sol…-sonreí y él asintió.
-Bueno… ¿cuál era tu pregunta?
-¿Cómo conociste a tus padres?-le pregunté mirando por uno de los vidrios a las figuras perfectas de Claudious y Whinifred Applewhite.
-¿Recuerdas que te conté que Pauline me convirtió?-asentí mirándole fijamente-Bueno, me enojé tanto con ella por hacerme eso qué decidí escapar… corrí varios días, semanas, meses… hasta que llegué a un pequeño pueblito Florentino… era hermoso y pacifico. Fue ahí donde aprendí a que no solo puedo vivir de sangre humana, Whinnie vivía en una cabaña cerca del bosque con su hija que llevaba años enferma-contaba su historia mientras caminaba y él me rodeaba a mi paso lento y humano-cuando ella murió, Whinnie estaba muy deprimida… no tenía planeado convertirla, porque no quería eso para nadie más-su rostro de piedra se volvió a fruncir pero siguió hablando-no le dolió, así que fue nada-se encogió de hombros-después de eso nos dirigimos en busca de Pauline, Whinnie desde que llegué a su casa fue como una madre para mí, y extrañaba mucho a Pauline, la buscamos mucho hasta que terminamos en el lugar menos esperado, Volterra, en la misma Italia. Había un grupo de supuestos Vampiros rebeldes, y entre ellos Pauline y Claudious. No esperábamos salvar a Claudious, pero terminó viajando con nosotros y al final, se enamoró tan profundamente de Whinnie qué dejo todas sus dietas… humanas para hacerla feliz-sonrió y paramos, le miré confundida.
-¿Por qué te enojaste con Pauline si te salvó la vida?-le pregunté pero pareció molestarle.
-Yo tenía que morir… e ir al cielo. Pero ahora, moriré e iré al infierno…-su rostro estaba tenso.
-No vas a morir-me tensé yo y una pequeña sonrisa picara se dibujó en su rostro perfecto, hubo silencio nuevamente, pero esta vez solo nos quedamos mirándonos en la leve obscuridad que nos iluminaba-¿…en todo este tiempo, nunca te enamoraste?-pregunté tímida y él negó con la cabeza.
-Pero sí eh leído mucho sobre eso-sonrió otra vez pícaro y se acercó hacia mí aún más de lo que ya estaba, su olor podría haber sido insoportable para ese momento, pero con tanta adrenalina dudo que ninguno de nosotros lo hubiésemos sentido. De repente sentí como mis ojos involuntariamente se cerraron a la espera de un beso completamente egoísta y escaso de todo lo que yo quería. Pero me sorprendió sentir sus labios helados y duros sobre mis labios completamente diferentes, colisionar de la forma más natural de la que jamás había pensado que yo podría haberle besado, de un segundo a otro me encontraba acorralada por sus fuertes y fríos brazos sobre la piedra fría de alguna pared, mientras mis manos dudaban en caer sobre sus mejillas o su cuello, me daba la impresión de que si lo hacía todo terminaría tan fácil como empezó. Me equivocaba por que cuando deje caer mis manos sobre su cuello, abrazándolo delicadamente hacía mí, su reacción fue más emoción al susodicho beso. Por él el beso hubiera durado toda la vida, pero lamentablemente tenía que respirar, me dejo ir cuando sintió mi falta de oxigeno, nuestros labios ya no se tocaban, pero mis brazos seguían rodeando su cuello delicadamente.
-No me esperaba eso-susurró él dibujando mis labios con un dedo.

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