jueves, 4 de marzo de 2010

III: Back up my mind

Después de ese extraño momento con Jared, corrí al gimnasio para mi siguiente clase que afortunadamente compartía con Bridghet. La profesora nos hizo correr alrededor de la cancha una y otra vez.
-Entonces… ¿Cómo estuvo Literatura?-preguntó y adiviné que sabía que Jared estaría ahí.
-Normal-le dije un poco agitada por la corrida.
-¿Eso es todo? ¿Normal?-rió y yo sonreí-¿Qué te dijo? ¿Hablaron?-me empezaba a sentir como en un interrogatorio.
-Tranquila sargento, no paso nada, solo hablamos un rato sobre alguna estupidez… y eso fue todo-le aclaré y para que no siguiera con las preguntas me le adelanté. Como nunca, era más fácil para mí correr, casi no me sentía cansada. Mi respiración era algo acelerada pero no estaba cansada. Después de dar aproximadamente unas quince vueltas a la cancha, la profesora nos puso a hacer abdominales, y Bridghet encontró la forma de ponerse junto a mí.
-Odio esta estúpida… clase-repetía una y otra vez mientras se esforzaba haciendo abdominales.
-No esta tan mal-le contradije viendo que no me costaba tanto hacerlas, ella no dijo nada, solo me miro con cara de pocos amigos y siguió en su cuchicheo contra la clase. Pasaron unos minutos y la profesora nos dejo descansar, fue ahí cuando se me ocurrió preguntarle-Bride…-comencé-¿Huelo mal?-le pregunté casi sin mirarle, era una pregunta tonta, pero realmente quería saberlo. Ella se acercó a mí y olfateó con distancia.
-Nope, casi ni sudaste… holés a manzanas-me sonrió y me di cuenta de que tenía razón, no tenía sudor en la frente o en el cuello como mis demás compañeras, era casi como si no hubiera hecho nada en absoluto.
-Mañana voy a estar muy macurcada-me quejé y ella rió conmigo mientras nos dirigíamos a los casilleros. La acompañé hasta su casa y de ahí camine sola hasta la mía. No tenía muchas cosas en mente, más que cual sería la razón de por qué no sude ni una gota. Más adelante, casi llegando a mi casa, dos compañeros de clase, se me acercaron. A pesar de que siempre les veía nunca había hablado con ellos, me parecían algo exenticos, y no me apetecía conocerlos en absoluto. Uno era alto y corpulento, con la piel un poco más morena que la mía, pero aún se acercaba. El otro era más bajito pero igual de corpulento, ambos con redondos y grandes ojos negros, con el cabello desordenado y opaco combinando con sus ojos.
-Hola-les dije confundida tratando de adivinar que era lo que pensaban.
-Hola-me sonrió el que casi igualaba mi estatura… el más bajito.
-¿Se les ofrece algo?-pregunté con duda.
-No te acordás de nosotros, ¿eh?-dijo entre risas el más alto-Teníamos el cabello largo antes…-me ayudó pero fue inútil.
-No, lo siento-les hice a un lado para poder seguir caminando.
-Yo soy Tomas y él es John, ¿no te acordás? Jugábamos mucho antes.
-No, perdón, no me acuerdo-le repetí de nuevo sin siquiera hacer el esfuerzo en recordar.
-Mmhh, pensé que ya era tiempo, pero creo que nos equivocamos-rió el más bajito y les escuché caminar alejándose de a donde me dirigía.
-Oh, Sammy, Applewhite, not good-gritó el más alto y me detuve para mirarle, pero ellos ya estaban muy alejados. Enarqué las cejas y caminé a mi casa tratando de olvidar el pequeño encuentro. Carl estaba sentado en el porche mirando la calle, cuando llegué su sonrisa se ilumino, pero no entendí.
-Hola, hermosa, ¿Cómo estuvo tu día?-me preguntó con una enorme sonrisa.
-Bien… un poco raro, pero bien.
-¿Qué pasó?-me preguntó con intriga pero no sabía que responderle, “el chico Applewhite, sí, el vecino, el que me dijiste que no hablara con él… hablo conmigo y prácticamente me dijo que apestaba”…o tal vez un “Corrí quince vueltas a la cancha del colegio e hice treinta abdominales sin cansarme o sudar”.
-Sólo me cansé, eso es todo-suspiré y entré a la casa, deje caer el bolso en cualquier parte, Chris corrió a mí cuando me vio llegar, el gatito si bien no me hacía caso en muchas cosas, me quería. Me dejé caer en el sillón y prendí la tele.
-Sammy, ¿qué tal tu primer día?-mi madre siempre me mimaba en exceso, se acercó a mí con una bandeja con galletas y leche.
-Aburrido-le dije sin prestarle mucha atención y cambiando una y otra vez hasta que encontré una antigua película de terror. “Nosferatu”, uno de mis clásicos favoritos, y lo más importante, sabía que nada de esa película podría ser real. Eso en especial, era lo que más me gustaba. Chris estaba recostado sobre mi pecho mientras yo le acariciaba muy concentrada en la película, hasta que mis dedos se encontraron con algo entre su piel, lo moví para ver que llevaba un collar, seguí con los dedos el collar hasta encontrar una placa que decía “Chris, en caso de extravíos llamar a Samantha Green, Port Hadlock”.
-Mamá…-la llamé.
-¿Eh?-asomó su cabeza por la puerta de la cocina mientras cocinaba algo.
-¿Cuándo le pusiste este collar a Chris…?
-Hace más de una semana, Sam, ¿En qué mundo vives? -le escuché reír dulce-¡tiene una campanita!-rió más fuerte y me di cuenta de que hablaba.
-Oh…-susurré-Gato, tonto-le sonreí a mi amiguito felino y continué viendo la película. En el momento menos pensado me quede completamente dormida, mi sueño era difícil de describir, corría a toda velocidad entre los árboles que yo conocía. Grandes robles llenos de vegetación, y hojas color verde casi fosforescente a mis ojos, no me podía detener. Pasaron alrededor de diez segundos para que me diera cuenta que no corría a mi estatura normal, estaba más cerca del piso de lo que nunca había corrido antes. Después de otros diez segundos de correr sin parar, conseguí el control de mi propio cuerpo, me detuve lento. Y otra vez aquel olor empalagoso estaba en el aire, y absolutamente, no eran manzanas.

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