Mi mañana comenzó como todas, estaba nublado y por primera vez, no quería que lo estuviese. Me daba terror encontrarme con Jared, quien seguro iría al colegio. Pase las primeras horas escuchando todo lo que me había perdido en la playa, de las voces de mis amigos. Todos sonaban bastante emocionados contándome cada detalle de los días en la playa. Me formé en la línea del almuerzo y con cuidado mire sobre mi hombro en busca de Jared. No lo encontré así que mi respiración se calmó y caminé detrás de Bridghet hacia mi asiento en una mesa en el centro de la cafetería.
-Bueno, escúchenme, el viernes hay una fiesta en el gran salón de la calle Peterson. Mis padres la están organizando para darles la bienvenida a los Applewhite. Están todos invitados.
-¿A los Applewhite?-dije con la voz temblorosa.
-sí, ¿Hay algún problema con eso?-preguntó mi amiga sospechando de mi voz insegura.
-No, para nada-le dije dejando ir un poco de aire.
-¿Estuviste con él mientras nosotros nos divertíamos en la playa?-preguntó Rayley sonriendo mientras sacudía su cabellera color caramelo a los lados fingiendo emoción.
-A mí me suena bastante divertido-sonrió Bridghet.
-Así que… Applewhite-Ernest se burló con los ojos brillantes.
-No, no es como parece-traté de sacar cualquier acusación.
-¿No es?-dijo Rayley y todos enarcaron las cejas al mismo tiempo como si lo hubieran ensayado y me dejaron callada.
-¿Saben una cosa…?-todos sonrieron a la espera de que continué mi pregunta, pero fui milagrosamente salvada por la campana-Tengo clase-les sonreí y me paré llevando mi bandeja.
No quería entrar a esa clase, tome mucho aire y apenas entré su olor me distrajo, se encontraba junto a mi asiento ahora vacio, mirándome. Camine dando pasos cortos y temerosos hasta sentarme junto a él. La clase empezó con las palabras de la profesora, la verdad no entendí de que hablaba estaba muy concentrada en saber si me miraba o no, y si lo hacía, todo el tiempo. La profesora nos dejo con la tarea asignada, pero no había escuchado nada, respiré hondo y le miré. Una sonrisa iluminó su rostro perfecto.
-Perdón por lo de ayer-se disculpó-no pretendía asustarte.
-No fue por eso que me fui-le expliqué pero mi voz no sonaba convincente.
-¿Entonces?
-Entendí porque decías que no me podes gustar-susurré tímida pero segura de que me podía escuchar.
-¿En serio?
-No, pero puede que tenga razón…-tome aire con temor.
-Me lo dices después de clases-su voz sonaba casi preocupada y su rostro estaba tenso-Ahora, decime… ¿Por qué te mudaste aquí?-me quedé mirándole, no sabía si responderle, pero sus ojos llenos de intriga me dejaron sin alternativa.
-Mi papá murió hace unos años, y mi abuelo necesitaba compañía.
-Lo siento-sonaba sincero y sus ojos me lo confirmaron.
-¿Por qué viniste vos?-Le pregunte ahora yo.
-Era tiempo de volver-dijo sonriéndome-Pero no sabíamos que nos íbamos a encontrar… menos yo.
-Pauline… es tu…-le pregunté sin formular la pregunta completamente dejando que él lo hiciera.
-Hermana-un alivio me invadió de repente-Siempre ha sido mi hermana, ella no quiere que me acerque a vos-bajo la mirada a sus manos.
-Oh-dije dejando salir mucho aire, lo que hizo que su rostro se frunciera-Lo siento-susurré y él rió por lo bajo.
-No me puedo imaginar lo molesto que debe ser mi olor para ti.
-¿Mi olor es molesto para vos?-le pregunté preocupada.
-Ya no. Al principio no lo podía soportar, agradecí mucho esos días de sol después del primer día de clases-me sentí avergonzada.
-Lo siento mucho-no sabía si esas eran las palabras correctas.
-No es tu culpa, además ya me acostumbre y puedo vivir con ello.
-Tu olor no es feo,-fruncí el seño analizando su empalagoso olor-es algo cansador, pero no está mal-susurré con una pequeña sonrisa.
-Se supone que tiene que ser así…-negó con la cabeza sus palabras-Por eso no debemos ser amigos.
-Pero yo quiero…-le dije insistiendo-No tengo miedo.
-Es estúpido-me acusó-se supone que somos enemigos por naturaleza, no podemos ser amigos.
-¿Querés?-le pregunté con la voz temblorosa terminando de escuchar lo que ya sabía.
-Claro-afirmó con los ojos sinceros con la voz entre cortada, algo que nunca había escuchado en su voz perfecta-Pero está mal-repitió y reí despacito ahora con más confianza.
-Cualquier cosa que sea buena o mala ya no es importante-él me sonrío adorablemente. Que daría yo, por contemplar su sonrisa eternamente. Era simplemente lo más perfecto del universo. No había cosa que se le comparase en ese momento, todo me parecía demasiado gris y aburrido cuando él sonreía. La clase terminó aún más rápido con él sonriéndome y mirándome todo el tiempo. Su voz era grave pero musical, tenía un leve acento inglés que se le escapaba de rato en rato en algunas palabras, pero eso lo hacía aún más irresistible, aún sabiendo que éramos enemigos, y que él de alguna forma era peligroso. No fui a gimnasia, y me fui a mi casa ignorando que dirían. Llegué a mi patio pero pensé que era aún muy temprano así que deje a un lado del porche mis cosas del colegio y caminé hasta la biblioteca esperando encontrar respuestas ahí. Llegué y le pregunte a la bibliotecaria si tenía algún libro de leyendas locales, esa era mi búsqueda principal. Me indicó un par de libros en los que hablaban de cómo algunos jóvenes escogidos, varones, se convertían, al llegar a una edad razonable, en los protectores del bosque. Descritos como bestias peludas y valientes, que podían alcanzar una inexplicable velocidad en tan solo segundos estando en cuatro patas. Solo hablaba de cómo estos seres protegían el bosque, no especificaban de quien, o de qué y tampoco decían nada parecido a las historias de mi abuelo.
-¿Encontraste lo que buscabas?-me preguntó la bibliotecaria.
-No-negué decepcionada.
-Tal vez estas buscando en los libros equivocados, ¿Qué quieres saber?
-Mi abuelo me contaba mucho unas viejas leyendas locales, y quería saber un poco más.
-¿cosas como profecías?-me preguntó caminando a un estante diferente y pasándome un par de libros grandes-Ya está, creo que esto te servirá-me sonrío la anciana y se fue a sentar, mientras yo buscaba hoja en hoja algo que me fuese a aclarar mis dudas. Nada era bastante bueno, hasta que encontré exactamente lo que buscaba, él capitulo titulaba “La elegida”, contaba la historia de que cada cierto tiempo nacía una niña entre la manada. Las palabras de mi abuelo se repetían con más precisión de lo que jamás me esperaría. Decía que la razón de la llegada de esta niña especial, era la llegada del enemigo más grande del bosque y de los humanos, ella vendría a salvar a todos. De pronto una enorme responsabilidad cayó sobre mis hombros, una responsabilidad que me empezó a doler al pensar de lo que tenía que salvar, era de Jared Applewhite. Seguí leyendo cada palabra y descripción de lo que iba a pasar. “…Muerte a los no vivos” decía en una parte y recordé lo fría y dura que era su piel. En ese momento, ya sabía de lo que hablaba Jared, por que no podíamos ser amigos, o algo más. Lo que estaba buscando, eran las palabras correctas para explicarme lo que él era y al final de la última página del libro, en letras pequeñas entre un paréntesis, venía escrito: Vampiro.
-Bueno, escúchenme, el viernes hay una fiesta en el gran salón de la calle Peterson. Mis padres la están organizando para darles la bienvenida a los Applewhite. Están todos invitados.
-¿A los Applewhite?-dije con la voz temblorosa.
-sí, ¿Hay algún problema con eso?-preguntó mi amiga sospechando de mi voz insegura.
-No, para nada-le dije dejando ir un poco de aire.
-¿Estuviste con él mientras nosotros nos divertíamos en la playa?-preguntó Rayley sonriendo mientras sacudía su cabellera color caramelo a los lados fingiendo emoción.
-A mí me suena bastante divertido-sonrió Bridghet.
-Así que… Applewhite-Ernest se burló con los ojos brillantes.
-No, no es como parece-traté de sacar cualquier acusación.
-¿No es?-dijo Rayley y todos enarcaron las cejas al mismo tiempo como si lo hubieran ensayado y me dejaron callada.
-¿Saben una cosa…?-todos sonrieron a la espera de que continué mi pregunta, pero fui milagrosamente salvada por la campana-Tengo clase-les sonreí y me paré llevando mi bandeja.
No quería entrar a esa clase, tome mucho aire y apenas entré su olor me distrajo, se encontraba junto a mi asiento ahora vacio, mirándome. Camine dando pasos cortos y temerosos hasta sentarme junto a él. La clase empezó con las palabras de la profesora, la verdad no entendí de que hablaba estaba muy concentrada en saber si me miraba o no, y si lo hacía, todo el tiempo. La profesora nos dejo con la tarea asignada, pero no había escuchado nada, respiré hondo y le miré. Una sonrisa iluminó su rostro perfecto.
-Perdón por lo de ayer-se disculpó-no pretendía asustarte.
-No fue por eso que me fui-le expliqué pero mi voz no sonaba convincente.
-¿Entonces?
-Entendí porque decías que no me podes gustar-susurré tímida pero segura de que me podía escuchar.
-¿En serio?
-No, pero puede que tenga razón…-tome aire con temor.
-Me lo dices después de clases-su voz sonaba casi preocupada y su rostro estaba tenso-Ahora, decime… ¿Por qué te mudaste aquí?-me quedé mirándole, no sabía si responderle, pero sus ojos llenos de intriga me dejaron sin alternativa.
-Mi papá murió hace unos años, y mi abuelo necesitaba compañía.
-Lo siento-sonaba sincero y sus ojos me lo confirmaron.
-¿Por qué viniste vos?-Le pregunte ahora yo.
-Era tiempo de volver-dijo sonriéndome-Pero no sabíamos que nos íbamos a encontrar… menos yo.
-Pauline… es tu…-le pregunté sin formular la pregunta completamente dejando que él lo hiciera.
-Hermana-un alivio me invadió de repente-Siempre ha sido mi hermana, ella no quiere que me acerque a vos-bajo la mirada a sus manos.
-Oh-dije dejando salir mucho aire, lo que hizo que su rostro se frunciera-Lo siento-susurré y él rió por lo bajo.
-No me puedo imaginar lo molesto que debe ser mi olor para ti.
-¿Mi olor es molesto para vos?-le pregunté preocupada.
-Ya no. Al principio no lo podía soportar, agradecí mucho esos días de sol después del primer día de clases-me sentí avergonzada.
-Lo siento mucho-no sabía si esas eran las palabras correctas.
-No es tu culpa, además ya me acostumbre y puedo vivir con ello.
-Tu olor no es feo,-fruncí el seño analizando su empalagoso olor-es algo cansador, pero no está mal-susurré con una pequeña sonrisa.
-Se supone que tiene que ser así…-negó con la cabeza sus palabras-Por eso no debemos ser amigos.
-Pero yo quiero…-le dije insistiendo-No tengo miedo.
-Es estúpido-me acusó-se supone que somos enemigos por naturaleza, no podemos ser amigos.
-¿Querés?-le pregunté con la voz temblorosa terminando de escuchar lo que ya sabía.
-Claro-afirmó con los ojos sinceros con la voz entre cortada, algo que nunca había escuchado en su voz perfecta-Pero está mal-repitió y reí despacito ahora con más confianza.
-Cualquier cosa que sea buena o mala ya no es importante-él me sonrío adorablemente. Que daría yo, por contemplar su sonrisa eternamente. Era simplemente lo más perfecto del universo. No había cosa que se le comparase en ese momento, todo me parecía demasiado gris y aburrido cuando él sonreía. La clase terminó aún más rápido con él sonriéndome y mirándome todo el tiempo. Su voz era grave pero musical, tenía un leve acento inglés que se le escapaba de rato en rato en algunas palabras, pero eso lo hacía aún más irresistible, aún sabiendo que éramos enemigos, y que él de alguna forma era peligroso. No fui a gimnasia, y me fui a mi casa ignorando que dirían. Llegué a mi patio pero pensé que era aún muy temprano así que deje a un lado del porche mis cosas del colegio y caminé hasta la biblioteca esperando encontrar respuestas ahí. Llegué y le pregunte a la bibliotecaria si tenía algún libro de leyendas locales, esa era mi búsqueda principal. Me indicó un par de libros en los que hablaban de cómo algunos jóvenes escogidos, varones, se convertían, al llegar a una edad razonable, en los protectores del bosque. Descritos como bestias peludas y valientes, que podían alcanzar una inexplicable velocidad en tan solo segundos estando en cuatro patas. Solo hablaba de cómo estos seres protegían el bosque, no especificaban de quien, o de qué y tampoco decían nada parecido a las historias de mi abuelo.
-¿Encontraste lo que buscabas?-me preguntó la bibliotecaria.
-No-negué decepcionada.
-Tal vez estas buscando en los libros equivocados, ¿Qué quieres saber?
-Mi abuelo me contaba mucho unas viejas leyendas locales, y quería saber un poco más.
-¿cosas como profecías?-me preguntó caminando a un estante diferente y pasándome un par de libros grandes-Ya está, creo que esto te servirá-me sonrío la anciana y se fue a sentar, mientras yo buscaba hoja en hoja algo que me fuese a aclarar mis dudas. Nada era bastante bueno, hasta que encontré exactamente lo que buscaba, él capitulo titulaba “La elegida”, contaba la historia de que cada cierto tiempo nacía una niña entre la manada. Las palabras de mi abuelo se repetían con más precisión de lo que jamás me esperaría. Decía que la razón de la llegada de esta niña especial, era la llegada del enemigo más grande del bosque y de los humanos, ella vendría a salvar a todos. De pronto una enorme responsabilidad cayó sobre mis hombros, una responsabilidad que me empezó a doler al pensar de lo que tenía que salvar, era de Jared Applewhite. Seguí leyendo cada palabra y descripción de lo que iba a pasar. “…Muerte a los no vivos” decía en una parte y recordé lo fría y dura que era su piel. En ese momento, ya sabía de lo que hablaba Jared, por que no podíamos ser amigos, o algo más. Lo que estaba buscando, eran las palabras correctas para explicarme lo que él era y al final de la última página del libro, en letras pequeñas entre un paréntesis, venía escrito: Vampiro.

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