Me quedé parada en medio del claro, esperando que algo me motivara a moverme. El cielo nublado, anunciando una lluvia parecía una tentadora razón, pero no corrí hasta que escuche a John y Tom acercarse a toda velocidad en el bosque. Me transformé rápido y corrí hasta mi casa, entré por la ventana, y Chris lo único que hacía era maullarme de modo amenazante.
-Ya basta, gato imbécil-susurré una vez estando en mi forma humana, cerré la puerta y me puse ropa nueva.
No sé en qué rato la noche cayó. Alrededor de las ocho, recibí una llamada a mi celular, no hubiera imaginado que alguien me llamara a mi celular a esas alturas, era Rayley.
-Hola-mi voz sonaba monótona sin querer.
-¿Sammy?-su voz, por otro lado, sonaba muy asustada y confusa.
-Sí
-¿Dónde estás? ¿Por qué ya no vas al colegio? ¿Pasa algo malo?-su voz ahora sonaba más asustada que confusa.
-No, no, estoy bien… no pasa nada-traté de tranquilizarla-es solo que ya no puedo ir al colegio, tengo… tengo que hacer otras cosas-admití.
-¿Jared Applewhite?-preguntó y no respondí, porque pensé que sería mejor que pensaran que era su culpa, a tener que darles una explicación-Sammy, no…-se lamentó-… ¿qué hiciste?-pensó mal.
-¿A qué te referís?-escuché titubear a mi amiga del otro lado del teléfono, pero me distraje cuando vi salir a Jared de su casa dirigiéndose a la mía. En menos de dos segundos, él ya estaba arriba, entrando por mi ventana-Ray, te llamo más tarde, ¿ok?-le susurré casi sin escucharla.
-¡¿EH?! NO SAMANTHA, ¿ESTA ÉL AHÍ?-le colgué antes de seguir escuchando sus quejas y de más.
-Jared…-su nombre salió de mis labios con la misma delicadeza con la que me levanté de mi cama.
-vine a decirte…-susurró, y me sentó junto con él sobre mi cama, de nuevo-Camille y Marion, no están aquí por casualidad-mis cejas se enarcaron sin comprender sus palabras-escucharon de vos, y lo primero que hicieron fue correr aquí. Piensan que vos y tu manada, podrían atacar en cualquier momento y ellas pelearán-mis ojos se humedecieron con pánico.
-Yo…no-mi voz trataba de sacar una buena respuesta, pero mi pánico era más grande que eso.
-No importa…-su mirada parecía triste y desesperanzada-…no sé qué hacer-admitió y se acercó a mí dejando su mano a corta distancia de mi mejilla. Creo que temía tocarme y lastimarme, o yo a él, por eso no lo hacía. Quedamos en un profundo silencio, interrumpido por un pequeño y desesperado maullido por parte de Chris, quien movía su cabeza de lado a lado, mirándole a él y después a mí, una y otra vez a la espera de algo que algo, que no comprendí qué, pasara. Jared dejo salir una risita inocente más abajo que el silencio. Con un suspiro me dejé caer rendida sobre la cama. Él se acercó a la misma velocidad que le cuesta a un jaguar acorralar a su presa.
-Todo lo que necesito en este momento… sos vos-le dije casi sin voz, pero muy segura de que él me escucharía.
-No debería…-susurró con la delicadeza de un antiguo poeta.
-¿Qué significa eso?-mi voz seguía siendo insignificante junto a la suya.
-Por qué ambos sabemos que lo nuestro es por demás imposible, y no lo queremos aceptar por…-sonrió-…por esto-agarró mi mano finalmente, y mi corazón latió descontrolado bajo mi pecho, latía de tal forma que estaba segura de que él lo escuchaba con claridad, y esa era la razón de su sonrisa picara.
-¿Sentís lo mismo?-le pregunté curiosa sabiendo que él sabía lo que sentía.
-Estoy bastante seguro de que si mi corazón latiera, latiría con la misma fuerza que el tuyo… lo cual, debo decir, es adorable-beso mi cuello con delicadeza impropia de un vampiro, después de mirarme con ese hermoso par de ojos profundos, ambos escuchamos como alguien se acercaba a paso lento a mi puerta.
-Deberías…
-Salir…-completó mis palabras.
-Sí-mi mirada se empañó con solo pensar que tal vez sería la última vez que le vería.
-Todo va a estar bien, Sammy-sus palabras salieron con la delicadeza y desapareció para cuando mi madre abrió la puerta.
-Sam, tu abuelo quiere hablar contigo-me dijo en vos delicada y un poco asustada, lo que se había vuelto normal desde que Carl le contó sobre en lo que me había convertido.
-Yo no quiero hablar con él-me quejé escondiendo mi rostro en mi almohada.
-Por favor…-suplicó y accedí a su tono de voz.
Baje con mala gana detrás de mi madre por las escaleras, mi abuelo estaba al final de estas sentado en su silla mirándonos con detalle.
-¿Qué pasó?-le pregunté sin interés, pasando junto a él hacia la cocina.
-Todos sabemos lo que pasa…-dijo en un susurro grave y poderoso.
-No, yo no sé-me encogí de hombros buscando algo de comer.
-John y Tomás están afuera…-me informó, entonces me petrifiqué con el rostro mirando dentro del refrigerador.
-¿Ah sí?-dije tratando de sonar normal-¿Qué quieren?
-Dijeron creer haber visto salir al chico Applewhite de tu habitación.
-Pff…-reí nerviosa-¿No lo hubieran visto ustedes?-les cuestioné tratando de zafarme del tema.
-No si entra y sale por la ventana-se me quedó mirando a la espera de algo.
-No sé de qué hablan-me quejé, caminando hacia la puerta de la casa.
-¿Segura?
-Duh-cerré la puerta detrás de mí. No podía evitar ser mal educada alrededor de Carl, ya me había sacado de quicio y no lo soportaba más-¡John!-le llamé y se volvió hacia mí, sus ojos brillaron por segundos a mi presencia, pero mi ira superaba su mirada y ambos fruncieron el rostro casi al mismo tiempo-Deja de decirle estupideces a mi abuelo, no tiene sentido que lo siguas haciendo.
-No, pero tiene que saber que nos estas traicionando.
-¡¿Qué?!
-Ya no eres parte de esta manada, Sam, ya no más-la voz de Thomas sonaba insignificante junto a la mía.
-¡¿Qué?!-chillé de nuevo-no me pueden botar de esta manada, es MI manada, ustedes me tiene que hacer caso a mí, no yo a ustedes… Eso significa que no me pueden botar de mi propia manada.
-Ya lo hicimos, Sammy-por alguna razón John no podía hablar conmigo, sus ojos solo me miraban con un cólera que no entendía.
-¡NO!-mi gritó fue un poco más fuerte de lo que esperaba que fuera, entonces corrieron hacia el bosque, los dos sin parar ni un segundo. No tenía sentido, así corrí detrás de ellos, casi los perdía de vista cuando comprendí que corriendo a paso humano jamás los iba a alcanzar. Mientras corría entre esos enormes y espesos árboles me saqué todo lo que tenía puesto, lo deje junto a un árbol que me tuve que memorizar en segundos, y corrí ahora a pasos de lobo. Alcanzarlos a este paso fue más fácil de lo que jamás hubiera pensado, llegamos a un claro bastante pequeño, que estaba justo en medio del bosque casi al final de un precipicio al vacio y yo estaba lista para matarlo. Por alguna razón, los sentimientos de ira y frustración se hacían más fuertes cuando se era lobo. Los susurros de la dulce voz de Thomas me pedían no lastimar a John, pero mis impulsos eran más grandes y feroces, además John quería que peleara con él. Ya lo tenía bajo mis fuertes patas, tenía tanta ira acumulada dentro de mí que era difícil controlarme.
-No-la voz de John retumbó en mi cabeza más fuerte de lo que jamás lo había hecho-¿por qué no miras mejor?-su voz era pacifica y tranquila, me asomé unos pasos al precipicio que creía caía al vacio. Estaba un grupo de campistas a unos kilómetros, simplemente armando su campamento, no entendí que era lo que John quería mostrarme, entonces esperé.
-Rastreamos a los asesinos de campistas… y queremos mostrarte lo seguros que estamos de que son tus amigos las sanguijuelas-la débil voz de Thomas me lo explicó todo, traté de ver más allá de los árboles que se sacudían en dirección a los campistas, a la espera del rostro de Camille o Marion, tal y como los pensamientos de Thomas me lo mostraban, pero fue sorpresa para todos encontrarnos con uno de los nuestros, se apareció delante del más anciano de los campistas, quien se quedó paralizado a su enorme tamaño y hermoso pelaje chocolate, hubo silencio completo, nadie decía nada, nadie se movía. Un gruñido se escuchó por debajo de lo bajo por parte del lobo junto a los campistas. Seguido por los ojos de una de las señoras que estaba ahí mirándome en la distancia, le oí susurrar que pensaba que yo también iba a atacar.
Todos los débiles humanos temblaban con pavor, lo que hacía que la boca del lobo debajo de nosotros se aguara con rapidez. Con cada movimiento que el lobo hiciera, yo saltaría a descargar mi ira en él y lo llevaría hasta donde esta John. Nade se movió por mucho tiempo, el lobo abajo nuestro sabía de nuestra presencia y de lo que haríamos, así que tendría que pensar muy bien antes de hacer lo que sea. Aún así casi doce minutos después, se lanzó hacía el viejo que tenía enfrente suyo, casi al mismo tiempo salté yo encima suyo, no temía lastimarle, porque simplemente no pensaba en eso. Le mordí el cuello para paralizarlo unos segundos y poderle separar de los campistas, pero mi mordedura fue más allá y lo lastime casi mortalmente para cuando lo llevé donde estaba John y Thomas. Pudimos ver transformarse en humano al lobo al que pensaba yo había terminado con su vida hace pocos segundos atrás, y vi a un agonizante chico al que le costaba respirar y botaba sangre al toser. Me acerqué aún más y traté de ver de quien se trataba, tuve miedo cuando reconocí sus ojos grises y el cabello chocolate, era Ernest, pero no entendía como podría ser él, justamente él. Me paralicé frente a su presencia, miré confundida a John y Tomas que se acercaron tratando de ayudar a Ernest, pero era muy tarde, su rostro pálido y sus ojos distanciados, se habían ido y ya no temblaba, solo estaba recostado de lado sobre la tierra húmeda dando algunos suspiros pesados. Corrí para el otro lado, hacia donde estaba mi ropa, cuando llegué me senté para poder vestirme. Pero las lágrimas me ganaron, todos eran lobos, todos sabían que yo también lo era… pero yo los estaba traicionando con unas… sanguijuelas.
Podrían revivir a Ernest, si John y Thomas lo llevaban al hospital a tiempo, claro. Pero John estaba equivocado, era uno de nosotros el que estaba matando, un tonto e inexperto lobo… tal y como lo había dicho Jared. Pero ¿Quienes más podrían ser lobos?
Corrí a mi casa si haberme atados los cordones, sin calcetines o cualquier otro tipo de ropa interior, solo mi musculosa, mi short y ese par de zapatillas desgastadas. Alcancé el teléfono con lágrimas aún en los ojos, y llame a emergencias. Les indiqué el lugar donde estaba pero no me sentí lo suficientemente fuerte como para ir con ellos. Esperé a las noticias de Ernest antes de ir al hospital, pero nunca llamaron.
-Ya basta, gato imbécil-susurré una vez estando en mi forma humana, cerré la puerta y me puse ropa nueva.
No sé en qué rato la noche cayó. Alrededor de las ocho, recibí una llamada a mi celular, no hubiera imaginado que alguien me llamara a mi celular a esas alturas, era Rayley.
-Hola-mi voz sonaba monótona sin querer.
-¿Sammy?-su voz, por otro lado, sonaba muy asustada y confusa.
-Sí
-¿Dónde estás? ¿Por qué ya no vas al colegio? ¿Pasa algo malo?-su voz ahora sonaba más asustada que confusa.
-No, no, estoy bien… no pasa nada-traté de tranquilizarla-es solo que ya no puedo ir al colegio, tengo… tengo que hacer otras cosas-admití.
-¿Jared Applewhite?-preguntó y no respondí, porque pensé que sería mejor que pensaran que era su culpa, a tener que darles una explicación-Sammy, no…-se lamentó-… ¿qué hiciste?-pensó mal.
-¿A qué te referís?-escuché titubear a mi amiga del otro lado del teléfono, pero me distraje cuando vi salir a Jared de su casa dirigiéndose a la mía. En menos de dos segundos, él ya estaba arriba, entrando por mi ventana-Ray, te llamo más tarde, ¿ok?-le susurré casi sin escucharla.
-¡¿EH?! NO SAMANTHA, ¿ESTA ÉL AHÍ?-le colgué antes de seguir escuchando sus quejas y de más.
-Jared…-su nombre salió de mis labios con la misma delicadeza con la que me levanté de mi cama.
-vine a decirte…-susurró, y me sentó junto con él sobre mi cama, de nuevo-Camille y Marion, no están aquí por casualidad-mis cejas se enarcaron sin comprender sus palabras-escucharon de vos, y lo primero que hicieron fue correr aquí. Piensan que vos y tu manada, podrían atacar en cualquier momento y ellas pelearán-mis ojos se humedecieron con pánico.
-Yo…no-mi voz trataba de sacar una buena respuesta, pero mi pánico era más grande que eso.
-No importa…-su mirada parecía triste y desesperanzada-…no sé qué hacer-admitió y se acercó a mí dejando su mano a corta distancia de mi mejilla. Creo que temía tocarme y lastimarme, o yo a él, por eso no lo hacía. Quedamos en un profundo silencio, interrumpido por un pequeño y desesperado maullido por parte de Chris, quien movía su cabeza de lado a lado, mirándole a él y después a mí, una y otra vez a la espera de algo que algo, que no comprendí qué, pasara. Jared dejo salir una risita inocente más abajo que el silencio. Con un suspiro me dejé caer rendida sobre la cama. Él se acercó a la misma velocidad que le cuesta a un jaguar acorralar a su presa.
-Todo lo que necesito en este momento… sos vos-le dije casi sin voz, pero muy segura de que él me escucharía.
-No debería…-susurró con la delicadeza de un antiguo poeta.
-¿Qué significa eso?-mi voz seguía siendo insignificante junto a la suya.
-Por qué ambos sabemos que lo nuestro es por demás imposible, y no lo queremos aceptar por…-sonrió-…por esto-agarró mi mano finalmente, y mi corazón latió descontrolado bajo mi pecho, latía de tal forma que estaba segura de que él lo escuchaba con claridad, y esa era la razón de su sonrisa picara.
-¿Sentís lo mismo?-le pregunté curiosa sabiendo que él sabía lo que sentía.
-Estoy bastante seguro de que si mi corazón latiera, latiría con la misma fuerza que el tuyo… lo cual, debo decir, es adorable-beso mi cuello con delicadeza impropia de un vampiro, después de mirarme con ese hermoso par de ojos profundos, ambos escuchamos como alguien se acercaba a paso lento a mi puerta.
-Deberías…
-Salir…-completó mis palabras.
-Sí-mi mirada se empañó con solo pensar que tal vez sería la última vez que le vería.
-Todo va a estar bien, Sammy-sus palabras salieron con la delicadeza y desapareció para cuando mi madre abrió la puerta.
-Sam, tu abuelo quiere hablar contigo-me dijo en vos delicada y un poco asustada, lo que se había vuelto normal desde que Carl le contó sobre en lo que me había convertido.
-Yo no quiero hablar con él-me quejé escondiendo mi rostro en mi almohada.
-Por favor…-suplicó y accedí a su tono de voz.
Baje con mala gana detrás de mi madre por las escaleras, mi abuelo estaba al final de estas sentado en su silla mirándonos con detalle.
-¿Qué pasó?-le pregunté sin interés, pasando junto a él hacia la cocina.
-Todos sabemos lo que pasa…-dijo en un susurro grave y poderoso.
-No, yo no sé-me encogí de hombros buscando algo de comer.
-John y Tomás están afuera…-me informó, entonces me petrifiqué con el rostro mirando dentro del refrigerador.
-¿Ah sí?-dije tratando de sonar normal-¿Qué quieren?
-Dijeron creer haber visto salir al chico Applewhite de tu habitación.
-Pff…-reí nerviosa-¿No lo hubieran visto ustedes?-les cuestioné tratando de zafarme del tema.
-No si entra y sale por la ventana-se me quedó mirando a la espera de algo.
-No sé de qué hablan-me quejé, caminando hacia la puerta de la casa.
-¿Segura?
-Duh-cerré la puerta detrás de mí. No podía evitar ser mal educada alrededor de Carl, ya me había sacado de quicio y no lo soportaba más-¡John!-le llamé y se volvió hacia mí, sus ojos brillaron por segundos a mi presencia, pero mi ira superaba su mirada y ambos fruncieron el rostro casi al mismo tiempo-Deja de decirle estupideces a mi abuelo, no tiene sentido que lo siguas haciendo.
-No, pero tiene que saber que nos estas traicionando.
-¡¿Qué?!
-Ya no eres parte de esta manada, Sam, ya no más-la voz de Thomas sonaba insignificante junto a la mía.
-¡¿Qué?!-chillé de nuevo-no me pueden botar de esta manada, es MI manada, ustedes me tiene que hacer caso a mí, no yo a ustedes… Eso significa que no me pueden botar de mi propia manada.
-Ya lo hicimos, Sammy-por alguna razón John no podía hablar conmigo, sus ojos solo me miraban con un cólera que no entendía.
-¡NO!-mi gritó fue un poco más fuerte de lo que esperaba que fuera, entonces corrieron hacia el bosque, los dos sin parar ni un segundo. No tenía sentido, así corrí detrás de ellos, casi los perdía de vista cuando comprendí que corriendo a paso humano jamás los iba a alcanzar. Mientras corría entre esos enormes y espesos árboles me saqué todo lo que tenía puesto, lo deje junto a un árbol que me tuve que memorizar en segundos, y corrí ahora a pasos de lobo. Alcanzarlos a este paso fue más fácil de lo que jamás hubiera pensado, llegamos a un claro bastante pequeño, que estaba justo en medio del bosque casi al final de un precipicio al vacio y yo estaba lista para matarlo. Por alguna razón, los sentimientos de ira y frustración se hacían más fuertes cuando se era lobo. Los susurros de la dulce voz de Thomas me pedían no lastimar a John, pero mis impulsos eran más grandes y feroces, además John quería que peleara con él. Ya lo tenía bajo mis fuertes patas, tenía tanta ira acumulada dentro de mí que era difícil controlarme.
-No-la voz de John retumbó en mi cabeza más fuerte de lo que jamás lo había hecho-¿por qué no miras mejor?-su voz era pacifica y tranquila, me asomé unos pasos al precipicio que creía caía al vacio. Estaba un grupo de campistas a unos kilómetros, simplemente armando su campamento, no entendí que era lo que John quería mostrarme, entonces esperé.
-Rastreamos a los asesinos de campistas… y queremos mostrarte lo seguros que estamos de que son tus amigos las sanguijuelas-la débil voz de Thomas me lo explicó todo, traté de ver más allá de los árboles que se sacudían en dirección a los campistas, a la espera del rostro de Camille o Marion, tal y como los pensamientos de Thomas me lo mostraban, pero fue sorpresa para todos encontrarnos con uno de los nuestros, se apareció delante del más anciano de los campistas, quien se quedó paralizado a su enorme tamaño y hermoso pelaje chocolate, hubo silencio completo, nadie decía nada, nadie se movía. Un gruñido se escuchó por debajo de lo bajo por parte del lobo junto a los campistas. Seguido por los ojos de una de las señoras que estaba ahí mirándome en la distancia, le oí susurrar que pensaba que yo también iba a atacar.
Todos los débiles humanos temblaban con pavor, lo que hacía que la boca del lobo debajo de nosotros se aguara con rapidez. Con cada movimiento que el lobo hiciera, yo saltaría a descargar mi ira en él y lo llevaría hasta donde esta John. Nade se movió por mucho tiempo, el lobo abajo nuestro sabía de nuestra presencia y de lo que haríamos, así que tendría que pensar muy bien antes de hacer lo que sea. Aún así casi doce minutos después, se lanzó hacía el viejo que tenía enfrente suyo, casi al mismo tiempo salté yo encima suyo, no temía lastimarle, porque simplemente no pensaba en eso. Le mordí el cuello para paralizarlo unos segundos y poderle separar de los campistas, pero mi mordedura fue más allá y lo lastime casi mortalmente para cuando lo llevé donde estaba John y Thomas. Pudimos ver transformarse en humano al lobo al que pensaba yo había terminado con su vida hace pocos segundos atrás, y vi a un agonizante chico al que le costaba respirar y botaba sangre al toser. Me acerqué aún más y traté de ver de quien se trataba, tuve miedo cuando reconocí sus ojos grises y el cabello chocolate, era Ernest, pero no entendía como podría ser él, justamente él. Me paralicé frente a su presencia, miré confundida a John y Tomas que se acercaron tratando de ayudar a Ernest, pero era muy tarde, su rostro pálido y sus ojos distanciados, se habían ido y ya no temblaba, solo estaba recostado de lado sobre la tierra húmeda dando algunos suspiros pesados. Corrí para el otro lado, hacia donde estaba mi ropa, cuando llegué me senté para poder vestirme. Pero las lágrimas me ganaron, todos eran lobos, todos sabían que yo también lo era… pero yo los estaba traicionando con unas… sanguijuelas.
Podrían revivir a Ernest, si John y Thomas lo llevaban al hospital a tiempo, claro. Pero John estaba equivocado, era uno de nosotros el que estaba matando, un tonto e inexperto lobo… tal y como lo había dicho Jared. Pero ¿Quienes más podrían ser lobos?
Corrí a mi casa si haberme atados los cordones, sin calcetines o cualquier otro tipo de ropa interior, solo mi musculosa, mi short y ese par de zapatillas desgastadas. Alcancé el teléfono con lágrimas aún en los ojos, y llame a emergencias. Les indiqué el lugar donde estaba pero no me sentí lo suficientemente fuerte como para ir con ellos. Esperé a las noticias de Ernest antes de ir al hospital, pero nunca llamaron.

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